MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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martes, 28 de mayo de 2013

LA VIRGEN MARÍA LA CORREDENTORA Y MEDIANERA DE TODAS LAS GRACIAS DE DIOS

MARÍA OFRECE EL ANTÍDOTO CONTRA EL VENENO INOCULADO POR SATANÁS




El contrario de EVA: AVE María




De la misma manera que Eva fue la que introdujo el veneno de la corrupción del pecado, inoculado por el fruto ofrecido por Satanás, transmitiéndolo primero a Adán, y luego, con él a toda la humanidad, veneno que causa la muerte del alma y conduce a la segunda muerte que es la condenación eterna y nos hace hijos de Satanás.

A la Inversa, la Santísima Virgen María, es el árbol que produce el fruto que es el antídoto que ofrece a toda la humanidad, remedio al veneno de Satanás, obtenido gracias al lavacro de  la divina Sangre de Jesús, que borró el pecado original, y con las aguas saludables profetizadas por Ezequiel, que manaron de su costado, transmitiendo la Virtud a toda la humanidad, necesaria para renacer, aniquilando el hombre viejo y así poder alcanzar la Vida Eterna, haciéndonos hijos de Dios.

Todo eso porque la Humanidad corrompida, era esclava de Satanás, el rescate por culpa de la gravedad del pecado, que era la desobediencia a Dios, era de una magnitud tal, que requería un pago proporcional a la culpa, solo Dios Hijo, la viva imagen de Dios podía pagarlo, cargando sobre Él la culpa de toda la Humanidad.

Como lo dijo San Juan de la Cruz, le debemos a Dios agradecimiento por habernos creado, y amor eterno por habernos redimido, ya que Amor, con amor se paga.



Del Evangelio como me ha sido revelado 
de María Valtorta (8 de Marzo de 1.944)


Dice María:

"Gozoso - pues, efectivamente, cuando comprendí  la misión a que Dios me llamaba, mi corazón se llenó de Gracia -, como una azucena en capullo y vertió la sangre que habría de ser terreno para la semilla del Señor.

Alegría de ser madre.
Me había consagrado a Dios desde mi más tierna edad, porque la Luz del Altísimo me había iluminado acerca de la causa del mal del mundo; yo deseé, por lo que de mí dependía, borrar de mí la huella de Satanás.
No sabía que no tenía mancha. No podía pensarlo. El solo hecho de pensarlo habría sido presunción y soberbia porque, habiendo nacido de padre y madre humanos, no me era lícito pensar que justamente era yo la Elegida para ser la Sin Mancha.

El Espíritu de Dios me había instruido acerca del dolor del Padre ante la corrupción de Eva, que había aceptado degradarse - siendo una criatura de gracia - a un nivel de criatura inferior. Yo tenía la intención de suavizar ese dolor, poniendo de nuevo mi carne en la situación de pureza angélica, conservándome intacta de pensamientos, deseos y contactos humanos. Solo para Él sería mi latido de amor; sólo para Él, mi Ser. No había en Mí sed carnal, pero sí sentía el sacrificio de no ser Madre.

La maternidad, exenta de lo que ahora la humilla, le había sido concedida por el Padre Creador también a Eva. ¡Dulce y pura maternidad sin el peso del sentido! ¡Yo la experimenté! ¡Cuán grande la pérdida de Eva, renunciando a esa riqueza! Mayor que la perdida de la inmortalidad. No, no creáis que es una exageración. Mi Jesús, y con Él yo, su Madre, conocimos el languor de la muerte. Yo, el dulce languidecer de quien, cansado, se duerme; Él, ese languidecer de quien muere por haber sido condenado. A nosotros, pues, también nos vino la muerte. Sin embargo la maternidad exenta de cualquier tipo de violación me vino solamente a Mí, la nueva Eva, para que Yo pudiera manifestarle al mundo cuan dulce era el destino de la mujer, llamada a ser madre sin el dolor de la carne. El deseo de esta pura maternidad, siendo como es, la gloria de la mujer, podía estar y estaba, en la Virgen toda de Dios. Añadid a vuestra consideración el honor en que era la mujer madre en el pueblo de Israel, y comprenderéis mejor la naturaleza del sacrificio cumplido al consagrarme a esta privación.

Ahora a la Sierva, el Eterno Bueno le ofrecía ese don, sin privarme del candor de que Yo me había vestido para ser flor en su trono. Por eso exultaba, con el doble gozo de ser madre de un hombre y de ser Madre de Dios.

Alegría porque a través de Mí, se restablecía la paz entre el Cielo y la Tierra.
[...]
Alegría de haber hecho feliz a Dios: alegría del creyente que ve feliz a su Dios.
¡Oh..., haber quitado del corazón de Dios la amargura de la desobediencia de Eva, de la soberbia de Eva, de su incredulidad!
Mi Jesús me ha explicado con que culpa se manchó la Pareja primera. Yo he anulado esa culpa recorriendo en sentido inverso, para ascender, las etapas de su descenso.

El principio de la culpa estuvo en la desobediencia. "No comáis y no toquéis de ese árbol", había dicho Dios. Pero el hombre y la mujer, los reyes de la creación, que podían tocar y comer todo, excepto aquello - Porque Dios quería hacerlos solo inferiores a los ángeles - no tomaron en consideración ese veto.

El árbol: el medio para probar la obediencia de los hijos.
¿Qué es la obediencia al mandato divino? Es un bien porque Dios no ordena sino el Bien ¿Qué es la desobediencia? es un mal porque pone el corazón en las disposiciones de rebelión sobre las cuales Satanás puede obrar.
Eva va al árbol, a ese árbol del que vendría alejándose su bien, acercándose su mal. La arrastra a él la curiosidad ingenua de ver qué podría tener en si de especial; la arrastra a la imprudencia, que hace que le parezca inútil el mandato divino, dado que ella es fuerte y pura, reina del edén, donde todo le presta obediencia, donde nada podrá causarle mal alguno. Su presunción la pierde. La presunción es ya levadura de soberbia.

En el árbol encuentra el seductor, el cual, a su inexperiencia, a su tan hermosa y virgen inexperiencia, que no supo tutelar, le canta la canción de la mentira: "¿Tú crees que aquí hay mal? No. Dios te lo ha dicho porque quiere teneros bajo la esclavitud de su poder. ¿Creéis que sois reyes? No tenéis ni siquiera la libertad de las fieras. Ellas tienen conseguido amarse con amor verdadero, vosotros no. 

A las fieras se les ha conseguido el poder ser creadoras como Dios. Ellas engendrarán hijos y verán a su gusto crecer los hijos, vosotros no. A vosotros os ha sido negado este contento. ¿En razón de qué, que seáis hombre o mujer tenéis que vivir de este modo? Sed dioses. 

¡No sabéis qué alegría supone el ser dos en una sola carne creadora de una tercera, de muchas otras terceras! No creáis en las promesas de Dios acerca del gozo de una descendencia viendo a vuestros hijos crearse nuevas familias, dejando por ellas padre y madre. Os ha dado un simulacro de vida. La verdadera vida está en conocer las leyes de la vida. Entonces seréis como dioses y podréis decirle a Dios: "Somos tus iguales".

Y la seducción continuó, porque no hubo voluntad de interrumpirla, sino más bien de continuarla y de conocer aquello que no le pertenecía al hombre. He aquí pues que el árbol prohibido vino a ser, para la raza realmente mortal, porque de sus ramas pendía el fruto del amargo saber que venía de Satanás; y la mujer vino a ser hembra y, con la levadura del conocimiento satánico en el corazón, fue a Adán a corromperlo. Humillada así la carne, corrompida la parte moral, degradado el espíritu, conocieron el dolor y la muerte: del espíritu privado de la Gracia; de la carne privada de la inmortalidad. Y la herida de Eva engendró el sufrimiento, que no se calmará hasta la extinción de la última pareja de la Tierra.