LA SAGRADA FAMILIA ES EL EJEMPLO MÁS GRANDE DE SANTIDAD, ERAN POBRES, HUMILDES Y SERVIDORES DE LA HUMANIDAD |
Extraordinarias palabras de Jesús que describe donde se encuentra la verdadera santidad, que es contraria a la de este mundo en donde se concibe con la inteligencia, los conocimientos escolásticos, la belleza física, el don de palabra y de cortesía muchas veces hipócrita, y siempre interesada y egoísta porque no viene de Dios.
Es lo que personalmente siempre pensé, que habrá una multitud innombrable de Santos, no canonizados por la Iglesia ni proclamados bienaventurados, personas de nuestra religión y de otras, que habrán sido hijos, padres, trabajadores humildes y cumplidores de su deber, proclamado por las Leyes de Dios, si viven en un País cristiano, o que siguen la voz de su conciencia, puesta por Él. Gente humilde, muchas veces despreciadas y explotadas por los poderosos, que no envidian ni odian a nadie y no engañan ni perjudican a su prójimo. Son gente a menudo materialmente pobres, que son mucho más caritativos que los ricos y viven a pesar de su pobreza mucho más felices que muchos multimillonarios.
DE LOS CUADERNOS DE MARÍA VALTORTA
(5 de agosto de 1943 en plena guerra mundial)
Dice Jesús:
“Esta
ira de las naciones es el signo precursor de mi ira, porque así debe suceder. Hora
penosa, pobres hijos míos que la padecéis, pero es inevitable que exista porque
todo debe estar cumplido, de Bien y Mal, sobre la Tierra antes de que llegue mi
hora. Entonces diré: “Basta” y vendré como Juez y Rey para asumir también el
reino de la Tierra y juzgar los pecados y los méritos de los hombres.
Cuando
leéis en el libro de Juan las palabras: “la
hora de juzgar a los muertos” pensáis que se refiere a los que, incluso desde
hace siglos, han cruzado a otras esferas del misterio que será conocido solo
cuando uno será introducido. Sí. Muerte quiere decir transmigración del alma a
otras zonas distintas de la Tierra. Pero hay un sentido más amplio en la
palabra de Juan: los muertos de que habla pueden estar incluso vivos, según la
carne, pero en verdad, ser a los ojos de quien ve, Muertos.
Igualmente,
con sentido más amplio del que deben suscitar las simples palabras, los profetas,
los siervos, los santos de que habla Juan, simbolizan bajo esas tres denominaciones,
a todas las criaturas que han sabido vivir en el espíritu.
Cuántas
humildes viejecitas, cuántos pobres niños, cuántos sencillos e incultos hombres,
cuántas mujeres analfabetas, desconocidas por la muchedumbre, están escondidas
y comprendidas en las palabras: profetas, siervos, santos. De señalarlas al
mundo, este reiría. Pero en verdad, en verdad os digo que es más profeta, siervo
y santo mío, uno de estos pobres, según la carne, que un docto soberbio, un
gran presuntuoso, un mismo ministro mío, en los que falte aquello que os hace
santos a mis ojos: saber vivir según mi Palabra y saber hacer mi Voluntad con
fe, con caridad, con esperanza constantes.
Mi
sonrisa a mis bienaventurados en la hora de mi venida como Rey y Juez encenderá
un sol siete veces mayor que el sol común y resplandecerán mis cielos de él,
mientras los coros angélicos cantarán mis alabanzas y las de mis siervos que
tendrán en aquella hora proclamada por Mí, contra el mundo mudo y ciego, sus
virtudes que los hacen hijos míos.
Pero
para los que no son tales, y especialmente para los que con sus actuaciones han
llevado su perdición a la Tierra y a los débiles de la Tierra, mi mirada será
fulgor que precipita en el abismo, ya que es inevitable que exista el Mal, pero
malditos para siempre los que se hacen siervos y administradores del Mal”.
(Este
es el comentario a los versículos 17-18 del capítulo 11º del Apocalipsis, como
me lo comenta Jesús.)
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