MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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viernes, 12 de octubre de 2012

LA DEMOSTRACIÓN DE LA SANTIDAD DEL PATRÓN DE LOS SACERDOTES DEL MUNDO ENTERO

LA FIGURA DE UN GRAN SANTO




El cuerpo incorrupto del Santo Cura de Ars


Aquí esta la figura del Cura de Ars, con su cuerpo incorrupto, uno de los más grandes Santos de la Iglesia Católica Romana, y en este Santo están resumidas todas las características que son comunes a todos los Santos.

En el Libro de Monseñor Trochú, donde está tan bien relatada sus obras y su vida, se destacan de una manera ejemplar todos los atributos de este gran Santo:

Su gran humildad

Esta Virtud que es el fruto de uno de los dones del Espíritu Santo, llamado Temor de Dios, está siempre presente en todos los Santos, y a ese efecto aún recuerdo cuando estudiaba hace 60 años en los H.H. Maristas en Francia: Un profesor indicó a los alumnos una anécdota, que relata  de una manera precisa una de las condiciones necesarias para la Santidad, es una simple pregunta a un presunto Santo, y de su respuesta, se deduce inmediatamente si esa santidad es auténtica, o una superchería, artimaña de Satanás para confundir a la gente.

En un Monasterio, había una monja que hablaba maravillas, y que dejaba a las hermanas maravilladas por sus conocimientos.
Fue llamado al monasterio, cierto erudito eclesiástico, para examinar esa supuesta Santa que hablaba maravillas.
El Sacerdote mandó reunir a toda la comunidad a todas, y hizo una simple pregunta: ¿Cual de vosotras es la Santa que tengo que examinar?. Se adelantó una monja que dijo: ¡Soy yo, Padre!.

El examinador se despidió enseguida sin dar explicación alguna, ya  qué la razón era más que evidente: El Santo, debido a la presencia de Dios, que alumbra todas las imperfecciones del alma cuando más cerca se encuentra de Dios, más se ve miserable e imperfecta, lo que le causa siempre una profunda humildad, directamente proporcional a la intensidad de esa presencia y produce en el alma un desasosiego, que le durará toda la vida, hasta que esté completamente purificada por la noche oscura del alma, como así lo explica el gran S. Juan de la Cruz. 

Ese sufrimiento es precisamente el que tiene el alma en el Purgatorio, en donde la presencia de Dios y su gloria contemplada en el Juicio particular, le hacen añorar su presencia, que ve aún lejana por su imperfección, al compararla con la de Jesús.

Cuando el Santo Cura de Ars empezó a tener fama en toda Francia, debido a todos los peregrinos que acudían constantemente, llegando a crearse un servicio de diligencias desde París, para ir a confesarse con él, la Iglesia primero le quiso nombrar canónigo, lo que el Santo recibió la distinción como un condenado que recibe la notificación de su condena, al poco tiempo, vendió el sobrepelliz que le había regalado el Obispo y entregó el dinero a sus pobres.

Después el gobierno francés, en tiempo de Napoleón III, le quiso otorgar la Legión de honor, lo que rechazó inmediatamente, al enterarse de que ese premio no traía ningún beneficio pecunario para sus pobres, y alegando: "No la quiero, si la acepto, en el día del Juicio, Dios me dirá: "¡Ya tienes tu recompensa, vete de mi presencia!".

Pero el ejemplo de más grande humildad, fue cuando, debido a su dificultad para aprender el latín en el seminario, y a la envidia que causaba a los párrocos de los pueblos vecinos el desfile cada vez mayor de peregrinos, estos redactaron y firmaron una carta dirigida al obispo, aconsejándole de despedirlo de su Parroquia, porque debido a su ignorancia, apartaba a los fieles de la verdadera fe.
El Santo Cura aprovechó la carta, para estampar él también su firma, pidiendo el traslado, ya que quería ir a llorar sus pecados al monasterio de los Trapenses.

Otro ejemplo, no menos significativo, fue cuando recibió una carta anónima de un Párroco vecino, pidiéndole que abandonara su ministerio debido a su incultura. El Santo le contestó, porque reconoció su letra, y le dijo que ´solo él lo entendía, y que le ayudara a convencer al Obispo de mandarlo con los Trapenses.
Naturalmente, el Párroco se dio entonces cuenta de su Santidad, y vino a arrodillarse ante él para pedirle perdón.











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