MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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jueves, 9 de octubre de 2014

NO SE NACE HIJO DE DIOS: EL MUNDO SE HA CREADO PARA PODER LOGRARLO



...Y DESPUÉS DE ESTE DESTIERRO, MUÉSTRANOS A 
JESÚS, FRUTO BENDITO DE TU VIENTRE, OH
 CLEMENTÍSIMA, OH PIADOSA, OH DULCE
 SIEMPRE VIRGEN MARÍA




                 Esta imagen de la Santísima Virgen María, tiene dos interpretaciones: La primera se refiere a cuando la Madre de Dios vivía en la Tierra, y ofrece a toda la Humanidad a su Divino Hijo, como ofrenda de salud del alma y como fruto del árbol de la Vida, necesario para obtener la posible y provisional acreditación de Hijos de Dios.

                    La segunda interpretación, se refiere a la Madre de Dios, también Madre nuestra, gracias a la inmolación de Jesús en la Cruz, y simboliza la  ofrenda a Jesús de sus hijos de la Tierra, para que estén sometidos a su Juicio, son los  que han superado el examen de unas muy difíciles pruebas y sufrimientos, para obtener la calificación definitiva, inmutable y eterna, ser Hijos de Dios.
    
                He abierto el libro de los Cuadernos de María Valtorta y he caído sobre el mensaje del 10 de Octubre de 1.943, y cual no fue mi sorpresa de descubrir una frase, que he utilizado muy a menudo en mis escritos: El alma en este mundo está en estado de gestación, es decir de transformación.

       Esto es un trabajo largo, por eso Dios da una vida entera para lograrlo, y penoso, ya que el alma, heredera del pecado original, necesita como el hierro, estar calentado al rojo vivo, y batirlo, para poder darle forma, y lo que llamamos comúnmente muerte, es en realidad un alumbramiento a la Eternidad, que será para unos, el renacer en el Reino de la Luz, para los hijos de Dios, y para otros, el renacer en el Reino de las tinieblas, para los hijos de Satanás.

        Y no se me puede borrar de la mente, y creo que me acordaré hasta en la hora de mi muerte, las aberraciones de una Jerarquía, que me afirmó que el Infierno está vacío, porque todos somos hijos de Dios, y un Padre no puede mandar ahí a sus hijos. 

        Tampoco se me pueden olvidar las palabras que oí del celebrante de una misa de Navidad, hace muchos años, pero que tengo presentes como si fuera ayer: "¡Os tenemos que pedir perdón, porque el Infierno lo hemos inventado nosotros, los curas!"(Sic)


              Dice Jesús:

         “Una de las imprudencias más perniciosas y quizás la más común entre los hombres, es el prometer sin reflexionar. ¡En un primer momento, cuántas promesas juradas hacen los hombres con irreflexión, y después con ligereza no las mantienen! ¡Y cuánto mal viene al mundo por ello!


          Votos sagrados que no son observados por negación de la criatura a la vocación que siguió, porque le vino en mente, confundiendo un sentimentalismo del corazón con la llamada de Dios. Uniones matrimoniales transformadas en sacrílegas desuniones, porque ante la realidad de la comunidad el más débil e irreflexivo de los dos se hace perjuro. Desilusiones causadas al amigo, que creía en vuestra promesa.

            Y, lo que es más grave, agitaciones mundiales producidas por imprudencias de gobernantes irreflexivos los cuáles, árbitros de sus pueblos, prometen en su nombre alianzas que son después un impuesto de sangre para el propio pueblo y para los demás, sea porque obligan a los súbditos a combatir para el aliado o sea porque, con perjura audacia, quebrantan la alianza ya estipulada, imposible de sostenerse, y se hacen enemigos.

          ¿Cómo puede el hombre, dotado de una inteligencia superior, don directo de Dios, actuar con tan brutal irreflexión? Porque en él se ha herido o apagado del todo la fuerza del espíritu con el pecado que quita la Gracia.

          Mira, María. Veamos juntos el episodio en el que Herodes hace degollar a mi primo y precursor. Y veámoslo a través de mi modo de ver, tan distinto del de los hombres. Desde los púlpitos de mis Iglesias se habla mucho de este episodio. Pero los predicadores, irreflexivos como el mismo Herodes, se paran en lo “No lícito” y no extraen del episodio otra enseñanza, tan útil para las almas.

          Dice San Marcos (Cap 6, v.21-27) que Herodes fue el hazmerreír de la propia inconsciencia. Movido por la complacencia sensual, había jurado a la jovencita darle cuanto ella le pidiese. Y dice el Evangelista que, cuando supo lo que le pedía, se entristeció, porque en el fondo, Herodes respetaba a mi primo, en quien había reconocido su santidad heroica y su inteligencia sobrenatural, a la que recurría para ser iluminado. Pero la promesa dada debe de ser mantenida, especialmente si es promesa de Rey, dada ante toda la corte. Y la cabeza del más Santo de entre los hombres – porque fue santificado antes de su nacimiento por el abrazo de la Portadora de Dios: mi Madre Santísima, llena del Espíritu Santo – cayó por necio juramento de rey.

          ¿Por qué Herodes pudo hacer esto? Porque la Gracia ya no estaba en él. Satanás lo tenía a merced del pecado. Y cuando Satanás tiene a un hombre, este hombre está ciego y sordo a las luces y a las voces del espíritu de Dios, quien es inspirador de las acciones de los hombres y no aconseja sino acciones de justicia y santidad.

            ¿Veis la necesidad, digo “necesidad”, del vivir en Gracia?

          ¡Oh hombres, que os afanáis por conquistar y conservar las riquezas que perecen! ¿Cómo no os afanáis en vosotros para conseguir esta inmensa riqueza sobrenatural de la Gracia? De la Gracia que os mantiene en contacto con Dios y os nutre con sus luces como a recién nacidos en el seno de una madre, a través de las fibras que le unen a ella.

          En efecto, vosotros sois los recién nacidos a la Vida del Cielo. No es esta la Vida, esta que vivís sobre la Tierra en la jornada mortal. Esta es solamente formación de vuestro ser futuro de viviente eterno. La existencia humana es la gestación que os forma para daros a la Luz. A la Luz verdadera, y no a la pobre luz sombría de esta Tierra.


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                  Hojeando el libro del Ángel de la guardia Azarías (palabra que en hebreo significa: Dios socorre), he obtenido la confirmación de lo que había escrito acerca del "Renacer del alma", basándome en las palabras de Jesús-Dios a Nicodemo.






              Dice Azarías: 


           [...] "¿Cuál es la morada Santa de Dios? A esta pregunta responderán algunos: "El Cielo"; otros "la Iglesia", y otros: "El corazón del hombre". Y aún, no alcanzando la perfección en la respuesta, ninguno habrá errado, ya que Dios habita en el Cielo, en su Iglesia y en el corazón de los hombres que están en su gracia. Más, para ser exactos, Dios está en Sí mismo. El tiene la morada en su caridad infinita, única morada, que por su perfección e infinitud, puede contener al Perfecto y al Infinito. En la caridad, todo se opera, procede, se genera, se satisface, reposa y aplaca. La Caridad, esto es, el mismo, es la morada Santa de Dios."


             Y aquí son de recordar las poesías del gran San Juan de la Cruz, el cual describiendo el diálogo del alma con su Divino Esposo, En el Cántico Espiritual, dice: 

         (Cant 1,5): (...) Esto mismo quiso decir la esposa en los Cantares divinos, cuando deseando unirse con la divinidad del Verbo Esposo suyo, le pidió al Padre diciendo: "Muéstrame donde te apacientas y donde te recuestas al mediodía" (1,6); porque al pedir le mostrase donde se apacentaba, era pedir le mostrase la esencia del verbo Divino, su Hijo, porqué el Padre no se apacienta en otra cosa que en su divino Hijo, pues es la Gloria del Padre, y el pedir le mostrase el lugar donde se recostaba era pedirle lo mismo, porque el Hijo sólo es el deleite del Padre, el cual no se recuesta en otro lugar, ni cabe en otra cosa que en su amado Hijo, en el cual todo él se recuesta, comunicándole toda su esencia al mediodía, que es la eternidad, donde siempre le engendra y le tiene engendrado". 

         
            Y también son para recordar las palabras que pronuncia el Sacerdote en la Santa Misa: 


     "Per ipsum, et cum ipso, et in ipso, est tibi Deo Patri omnipotenti, in unitate Spiritus Sancti, omnis honor et gloria per omnia sæcula sæculorum".


          Y es que la ofrenda más perfecta que se puede hacer a Dios Padre, es la de su Divino Hijo Jesús, Cordero inmaculado y Perfecto, porque es semejante a Él en todas las cosas.


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     [...] Por eso, como lo dice Azarías, La verdadera morada de Dios Padre, se encuentra solo en la unión mística con Jesús, en el amor del Espíritu Santo, que es la Caridad indicada por el Ángel.

           [...] La mujer es solo una criatura imperfecta, como imperfecta es igualmente su matriz. Más Dios no es imperfecto. Ponderad, por tanto, que grado de carácter y de semejanza imprimará en aquellos que salen de su seno. Todas las almas son creadas por Dios y toman del Padre una primera imagen y semejanza. Ahora bien, toda alma, por espontánea voluntad, puede, diré así, tornar al Padre y volver a nacer de Él. Es esta, la “recreación” del alma de la que han hablado los doctores de la Iglesia. 
       Después de estas mis palabras, aprecias todas las profundas verdades de las de San Juan: el que ama, nació de Dios y lo conoce. El que ama, puesto que si no amase a Dios, no haría por entrar en él ni en “renacer” en plena y propia voluntad de Dios. 
        Vuestro primer nacimiento fue querido por quien os engendró y Dios lo sanciona y ennoblece al conceder a la materia el alma; más este nacimiento no depende de vuestra voluntad. La Iglesia, desposada con Dios, coopera a vuestro nacimiento fortificando a la criatura con la Gracia Bautismal y consiguientemente con los otros Sacramentos. 
          Pero únicamente cuando la criatura llega a la edad de comprender y de querer, es cuando puede querer nacer de Dios, en un segundo y mas perfecto nacimiento que se realiza mediante el amor a Dios y al prójimo según los dispone la Ley. 

        [...] Uno tendrá su puesto en el Cielo por haber sido maestro de almas en la Tierra, otro por haber sido discípulo, otro por la predicación, y otro más por su vida escondida; quien habiendo permanecido en el mundo como simple ciudadano, buen hijo, marido y padre, y quien, por el contrario, habiendo renunciado a todo por vocación claustral o monacal. 
        Más todos cuantos moran en la casa de Dios: niños y ancianos, ricos y pobres, doctos y analfabetos, deben poseer un único carácter: el de la caridad que es "paciente, benéfica, más no envidiosa, insolente, rebelde ni egoísta"; la caridad que ama en el prójimo al propio hermano y no hace a los demás lo que no quiere para sí; la caridad que frena las concupiscencias, que alimenta la fe y sostiene la esperanza; que, como un árbol potente, brotan de su tronco ramas y más ramas que son: la fortaleza, la justicia, la prudencia, la templanza, la humildad, la obediencia y la sinceridad, por las que quien las posee, puede entrar en la Jerusalén celestial de la que están excluidos los cobardes, incrédulos, maldecidos, homicidas, fornicadores, venenosos, idólatras y embusteros, no penetrando nada que sea impuro. 

          Y aquí vienen toda la retahíla de “Maestros espirituales” que sin ningún temor a predicar en contra de la tradición de los Santos Padres, de la Iglesia, y de la doctrina de los Evangelios, se atreven a emitir juicios contrarios a la Santa Doctrina de la Iglesia Católica, por razones de "bonismo", de relativismo y de progresismo. Los mueve la soberbia y la ceguera espiritual debida a la ausencia de la Luz de Cristo, procurada por la Divina Gracia, que no han querido recibir, para que no sean manifiestas sus obras, como así lo dice San Juan, y por su falta de temor de Dios, no pudiendo dar a sus fieles algo de lo que carecen. 

         Con su razonamiento, que dice que todos somos hijos de Dios, llegan a la conclusión herética de que el Infierno está vacío, porque un Padre no puede mandar allí a un hijo suyo, haciendo pues innecesaria la cruenta pasión y muerte de Cristo, el martirio de todos los Santos y la Predicación de tantos misioneros, muchos de los cuales han dado su vida por la Fe. 

        Y lo que es peor, petrifican las almas de los fieles, condenándoles al inmovilismo, yendo en contra de las recomendaciones de Jesús que dijo: “El que no está conmigo está contra Mí, y el que no amasa dispersa” .
         [...] La Caridad, en fin, alma mía, es la que por si sola pone en fuga al demonio porque la Caridad es luz y el demonio ama a las tinieblas; porque la Caridad es Sabiduría y las palabras engañosas de Satanás son desmentidas por la Sabiduría; porque la Caridad es Verdad y el mal la odia; porque la Caridad es Dios y Satanás no soporta la vista de Dios. 
         Las turbaciones que el adversario pueda suscitar con el recuerdo de faltas pasadas y con sugestiones de tentaciones presentes, quedan anuladas mediante la Caridad que es misericordia y sobrepasa los méritos y deseos de las criaturas que le aman, otorgando, además de la liberación del Maligno y de sus artes turbadoras, lo que, incluso la criatura humilde y amorosa no se atreve ni a imaginar siquiera que pueda obtener con su oración. 

            [...] El árbol de la Vida se cubre sin cesar de flores y de hojas y madura sus frutos para aquellos que aman, sirven y responden con buena voluntad a los deseos de la Gracia de Dios. 
        La Gracia de Dios que está contigo, te protege y sostiene contra todos aquellos que desearían alegrarse con una caída tuya, para sí acallar la voz de su conciencia que les reprocha de muchas cosas, siendo las primeras de ellas sus falta de Caridad y después su modo de hacer fructificar el don de Dios. 

           Más tú, ruega por ellos, por todos, para que tengan la caridad que es la fuente de toda virtud y salvación. 
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.
         Pero únicamente cuando la criatura llega a la edad de comprender y de querer, es cuando puede querer nacer de Dios, en un segundo y mas perfecto nacimiento que se realiza mediante el amor a Dios y al prójimo según los dispone la Ley.




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