MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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sábado, 29 de diciembre de 2012

CASI TODOS LOS SUFRIMIENTOS Y LAS PREOCUPACIONES DE NUESTRA VIDA SON DEBIDOS A LA FALTA DE HUMILDAD Y LA FALTA DE UNIÓN CON CRISTO JESÚS


El verdadero sufrimiento: Jesús cargado con
todos los pecados de la Humanidad




NO PREOCUPARSE  POR “LO QUE DIRÁN”, ES HACER  PRUEBA DE GRAN HUMILDAD, Y ALEJA DE NOSOTROS EL TERRIBLE  PECADO DE SATANÁS: LA SOBERBIA




Todas las preocupaciones humanas, vienen casi siempre por falta de humildad y de confianza en Dios, como lo dijo S. Juan de la Cruz en sus dichos de Luz y Amor:

“No es de voluntad de Dios que el alma se turbe de nada y que padezca trabajos; que, si los padece en los adversos casos del mundo, es por la flaqueza de su virtud, porque el alma del perfecto se goza en lo que se pena la imperfecta”.

Y de esto tenemos sobrados ejemplos en la vida y obras de los grandes Santos: al Santo Cura de Ars le llegó un día un escrito de los Párrocos de los pueblos vecinos -  envidiosos por la gran afluencia de público que acudía a su Parroquia -, y dirigida al Obispo del Lugar, en el cual solicitaban que se le relevara de su puesto por su gran ignorancia religiosa que podía ser un peligro para la fe. El Santo ni se inmutó, estampó su firma en el escrito dando su aprobación a esta misiva dirigida contra su persona.

En otra ocasión, le llegó una carta anónima de un Párroco vecino, que el reconoció al observar su letra, pidiéndole que dimita por su ignorancia, ya que lo habían echado en cierta ocasión del seminario por su dificultad en aprender el latín. El Santo se dirigió a él diciéndole que era el único que le comprendía que le ayudara para que el Obispo le quite su Parroquia para ir a llorar sus pecados en el Monasterio de los Trapenses. Naturalmente, el autor de la carta al reconocer su santidad vino personalmente a pedirle perdón.

El mismo San Juan de la Cruz, al escuchar toda la lluvia de  improperios que le propinaba cierto fraile de su Orden, que él había reformado con Santa Teresa, comentó: “Este hermano si que me conoce muy bien”.

Por esta razón, uno de los consejos que  daba en sus escritos para combatir la soberbia, era procurar con su actitud, que la gente hablara mal de uno mismo.





De los cuadernos de Mª Valtorta  11-6-1.943.

Dice Jesús:

[…] Tienes tanta pena, ¡pobre alma! Pero Yo quiero aliviar tu pena, no “quitar” tu pena. Sino aliviarla. Aliviarla consolándote y aliviarla ayudándote a levantarla bien en alto para que sea totalmente meritoria. Si me escuchas verás que la herida duele menos.

María no seas una que no sabe hacer fructificar las monedas que Yo le doy. Cada acontecimiento de vuestra jornada de hombres es una moneda que Dios os confía para que la hagáis fructificar para la Vida Eterna. Sírvete de la nueva moneda que Yo te doy de manera que obtengas el cien por cien. ¿De qué modo?

Con la resignación en primer lugar, aceptando beber este cáliz sin volver para otro lado la cabeza evitando acercar los labios al amarguísimo borde.

Con gratitud siempre, hacia Mí que te doy con el conocimiento justo como Yo solo lo puedo tener, de hacerte el bien, o sea de hacer por ti un nuevo acto de amor.

Con confianza. Yo te ayudaré a llevar la nueva cruz y las otras que de esta brotarán. ¿No estás contenta de tenerme por Cirineo, Yo, tu Jesús que te ama?

Con visión superior sobre todo. Sí, no envilezcas el oro de esta cruz ensuciándolo con maquinaciones humanas. Y, ¿qué te importa que el mundo no te comprenda, ni siquiera en tus sentimientos más selectos? ¿Y qué? ¿Te preocupas porque te juzgan fría, egoísta, sin amor hacia tu madre? ¿Y qué? ¿Te afliges por un pobre juicio humano? No, María. Lo malo sería que Yo te juzgara culpable contra los mandamientos de la Ley Divina y humana por tu actuar hacia tu madre. Pero de los demás, no te preocupes.

Y mírame a Mí una vez más. ¿Acaso no fui Yo escarnecido por el insulto de que era blasfemador, un rebelde al Dios de Abraham, un poseído, un hijo sin corazón? Ningún discípulo es más que el Maestro, María, y cada discípulo debe por eso igualarme en las ofensas que recibe y en las obras que cumple.

De las ofensas se ocupan los demás, los cuales “no saben lo que hacen y lo que dicen”. Por eso, perdónales. De las obras ocúpate tú, continuando tu camino y levantando muy en alto tu espíritu hasta donde las piedras de la difamación, de la corta vista humana, no puedan llegar. Soy Yo quien ve y juzga  y quien te premia y bendice. Los demás son polvo que cae.

Ve en paz, María. Ves que te toco para quitar de tu cabeza la corona espinosa. Hoy la llevaré Yo por ti, y no busques más otros corazones aparte del mío para consolar tu sufrir. Aunque recorrieses toda la Tierra no encontrarías a nadie que te entendiera con verdad y justicia como lo puede hacer Jesús, tu Maestro y Amigo.

Ve en paz. Te doy mi Paz.”

[…] Todo el bien que vosotros hacéis, aunque sea muy vasto, es una pequeñez insignificante si se compara con el infinito Bien que es Dios, e incluso vuestras obras más perfectas, de una perfección humana, están llenas de errores a los ojos de Dios. Pero si las ofrecéis unidas a mis méritos, entonces toman las características que agradan a Dios, ganando en perfección, en extensión, y llegan a ser capaces de redención.

Es necesario saber hacerlo todo en Mí e imitándome a Mí y en mi Nombre. Entonces mi Padre ve en vuestras obras mi signo y la semejanza conmigo y las bendice y hace fructificar. Por una humildad equivocada no debes nunca decir: “Yo no puedo hacer esto”. Yo lo he dicho: “Haréis las mismas obras que hago Yo”. Así es porque permaneciendo en Mí con vuestra buena voluntad, os hacéis pequeños Cristos capaces de seguirme a Mí, Cristo verdadero, en todas las vicisitudes de la vida”.