MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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viernes, 28 de junio de 2013

LA VICTORIA DE PAVÍA SE OBTUVO GRACIAS A LA INTERCESIÓN DE SAN JOSÉ



EL DESASTRE FRANCÉS DE PAVÍA
CARLOS V CONTRA FRANÇOIS PREMIER

             François Premier Roi de France et de Navarre 



        Me alegró la noticia de que el Papa haya introducido en las oraciones la memoria de San José, no me explico como no se hizo antes, la Iglesia perdió así muchas gracias que podría haber obtenido por su intercesión.

       El mundo actual admira a los elementos de una gran elocuencia y de un gran poder mediático, porque el mundo material necesita ver, oír y tocar para creer y se deja seducir por las apariencias. Pero el mundo espiritual actúa de una manera bien distinta, ya que lo que sostiene a la Iglesia es el mundo contemplativo, dedicado a la oración y a la alabanza a Dios.

           San José representa a ese mundo espiritual, por su manera de ser, mereció ser el protector de la Sagrada familia, y de todas las familias del mundo, solo se necesita implorar su ayuda y protección para experimentar su poder que se extiende a toda la Santa Iglesia que es la familia de Dios.




El Invicto Emperado  Carlos V, vencedor de los Ejércitos Protestantes
alemanes en la batalla de Mulberg


          En el link, publicado al final del Comentario, que he descubierto hace poco, se revela un hecho histórico: El Emperador Carlos V, imploró y obtuvo la protección de San José en la Gran victoria sobre Francisco I, que mantuvo prisionero en Madrid durante un año. El Rey de Francia, era aliado de los turcos, enemigos acérrimos de la Cristiandad, y cosechó una aplastante derrota.

             San José es el Santo que, para el alma que tiene la suerte de serle devoto, es agraciada por él en todo lo que le pide, lo recomendó Santa Teresa de Jesús, diciendo que el que no la creyera, que haga la prueba, y entonces se dará cuenta de la verdad de su afirmación.

           Siendo San Juan de la Cruz Prior en el convento de los Mártires de Granada, se acercó una persona de aspecto venerable en la Plaza Nueva, a unos hermanos que venían a confesar a las Carmelitas, y les preguntó que por qué no eran más devotos a San José, que él les alcanzaría todas las gracias necesarias, avisado San Juan de la Cruz, les dijo. "Teníais que haberos arrodillado, era San José, este aviso es para mí, que no le soy lo suficiente devoto, pero de ahora en adelante lo seré".






La Batalla de Pavía relatada por el celebre
Escritor francés André Castelot en su libro
Drames et Tragédies de l´Histoire de France

1ª/ Preparativos



        Asomada fuera de su carruaje, Madame de Saboya-Louise, Duquesa de Angoulême, madre del rey Francisco 1º - el corazón palpitando, con un nudo en  la garganta, no cesa de atizar a los conductores:
               - ¡Más deprisa!
              Pero las mulas del carruaje no pueden trotar más deprisa…
                 En ese comienzo del mes de Octubre de 1.524, Madame de Saboya desciende por el valle del Ródano “a grandes jornadas, todo lo que se puede”, su hijo está en Aix- en-Provence y se apresta a cometer la locura de cruzar otra vez las montañas, para alcanzar su Ducado de Milán que Bonnivet perdió en combate, al comienzo de este mismo año, a pesar del heroísmo de caballero Bayard. ¡Los Imperiales han sido los más fuertes! Pero el vencedor de Marignan, teniendo vergüenza de mandar a otro en su lugar, quiere hoy colocarse a la cabeza de su ejército. Al ver a los franceses atravesar los Alpes, ¡Que sorpresa se van a llevar las tropas del Emperador Carlos, que se han atrevido a instalarse  en su hermoso Ducado de Milán, el cual es tan querido del corazón del rey François. ¿No está acaso en su casa? Su tío, Orleáns no había heredado el Milanés a la muerte de su madre Valentine Visconti? Y el rey de Francia - mi hijo François que es todo francés”, decía Louise - ¡está obsesionado por esa herencia!
                  ¿Pero no es obrar como un novato, el abandonar hoy el Reino de Francia que está en tan grave peligro? Después de la traición del siniestro condestable de Bourbon, el último feudal, es media Europa que se apresta para “llevar la guerra en las entrañas de Francia”, el Rey hallándose fuera de su Reino con todas sus fuerzas, “sin culpa alguna”, está claro que Francia será “despedazada” ¡antes de poder socorrerle!
                  ¡Qué locura! ¿Llegará Louise a tiempo para evitar que su hijo lo pierda todo por su culpa?
                     ¡Le “romperé” su viaje!
                  El año pasado los Imperiales se habían adentrado en Champaña y los ingleses habían amenazado Paris. ¡Se había visto abrir trincheras del lado de la Porte Saint-Honoré! ¿Acaso, el año 1.525 verá el desmembramiento de Francia, planificado por el felón de Bourbón? Picardia, Ile-de-France, y París entregados al inglés, ¡Borgoña para Carlos V! ¡Poitou, Champagne y Provenza entregados a Bourbón! ¡El reino descuartizado! Y ya se había podido ver al condestable poner sitio a Marsella, después de haber tomado todos los pueblos desde Vence hasta Brignoles, incluyendo Frejús y Draguiñan! Pero habiendo resistido Marsella, Bourbon se vio obligado a levantar el sitio -  el 29 de Septiembre - y a replegarse con toda prisa hacia Italia.
                 La buena noticia había sido entregada a Madame Louise, cuando repostaba en Vienne. Los Imperiales con “sus pobres pies todos agotados y arañados” volvían a cruzar toda la Provenza, dirigiéndose a toda prisa hacia el puerto de Tende, mientras que Madame Louise, sin temor a los saltos y sacudidas, desciende al trote rápido de sus mulas hacia Avignon.
                  - ¡De prisa, de prisa!
                Pero Bourbon ha vuelto a Italia, y va a unir sus fuerzas a las de los imperiales y Madame d´Angoulême se da aún más prisa. En Pont-Saint-Esprit en donde François tenía que presentarse delante de su madre, no apareció. ¿Lo encontrará en Avignon? ¡Madame Louise lo desea con todas sus fuerzas!
                 ¡Pero desconfía de su “César”! ¡Hace ya muchos años que ha temido por su trono! Y esto, desde el día en que una extraña noticia había sobresaltado su pequeña corte de Cognac: El joven rey Charles había tropezado con la cabeza al pasar por una puerta muy baja del castillo de Amboise y había muerto. ¡Bendita puerta baja!, gracias a ello, su primo el duque de Orleáns se proclamaba rey y François, el heredero de la corona, ¡el Delfín de Francia! ¡Ah, que maravillosa mañana de Abril! ¡Nunca la primavera de Angoulême había sido tan radiante! Pero su alegría duró poco: El Invierno siguiente, Louis repudiaba a Jeanne la estéril para casarse con Anne la fecunda. ¿Y entonces?.. ¿Que había sido de su vida?    

       ¿Cuantos sufrimientos la bretona le había causado con sus perpetuos embarazos, proclamados a bombo y platillo por todo el reino? Para que Dios otorgara un varón a la reina, en todas las Iglesias de Francia, se elevaban oraciones al cielo, como en Saintonge, el humo de las hogueras en el mes de Septiembre. Ocho veces creyó que el trono se le iba a escapar a su hijo. Pero ocho veces también la alegría la había colmado. Hembras - hembras o cadáveres - he aquí todo lo que la reina Anne había podido ofrecer a Francia, llena de ansiedad. Cuando la noticia que le aliviaba su alma le era anunciada en Cognac, Louise podía otra vez fijar su mirada en su “Cesar”, el corazón lleno de esperanza.
                Por fin hace pronto diez años, François había podido subir al trono. ¡1.515! ¡El año de la victoria de Marignan! ¡Una fecha que resuena alta y clara! Pero en el día de hoy, que el Reino está en tan grave aprieto, ¿Su hijo lo perderá todo?
                El 5 de Octubre, Louise alcanza por fin Avignon. Una noticia sobrecogedora la espera. Una noticia que la deja sin aliento. La misma víspera, empujado por Bonnivet, el vencido del año pasado, el rey François después de haber  arengado a sus tropas, dejó Aix y se dirigió a marchas forzadas hacia Briançon…¡Porque no hay que perder tiempo! ¡Es menester llegar antes que Bourbon y los imperiales. Llegar a Milán antes que ellos! ¡Esas son sus órdenes! Charles Terrase lo ha demostrado: El Rey se ha dejado llevar por su mal genio, y su marcha se parece a una retirada. ¡El Rey de Francia huye de su madre como un escolar, para no recibir el azote que se merece!
              La artillería de Galiot de Grenouillac franqueó las montañas “de nieve revestidas”, y el puerto del Monte Genevre, contempló el paso de los pesados cañones de bronce marcados con la salamandra. Todo el ejército se dirige a Torino, Se compone de catorce mil suizos, seis mil mercenarios alemanes llamados lansquenets, diez mil hombres de a pié y mil quinientos infantes - y François, lleno de orgullo, que se cree rejuvenecido de diez años. El rey contempla el extraño espectáculo: Ese torrente de hombres y de caballos revestidos de hierro, ¡Toda ese río que desemboca de los altos valles, y se dirige hacia la vega!
            Carlos de Lannoy ese belga-español, ese virrey de Nápoles, que está al mando del ejército de Carlos V, se encuentra en Milán, pero los milaneses, que en un cuarto de siglo, han cambiado doce veces de amo, se niegan a entrar en combate; les parece más sencillo mandar al rey de Francia las llaves de su ciudad, se intercambia algunos arcabuzazos para salvar el honor, en la puerta de Verceil y solo le queda a Lannoy abandonar la plaza. Se dirige hacia Lodi, pero François “muy mal advertido” se niega a perseguirlo. ¿Por qué no trata de destruir a los Españoles de Lannoy que solo piensan en volver a reencontrar el dulce cielo de Nápoles. Entonces, al rey le bastaría con atacar a las tropas de Bourbón, las cuales en ese momento “están tirando sus armas en las cunetas por no poder ya sobrellevarlas”? En esa misma tierra milanesa, cerca de tres siglos más tarde, un general republicano - Bonaparte - sabrá batir una tras otra a las tropas enemigas e impedir su unión…

       2ª/ Parte Los preparativos de la batalla

                   El destino conduce al Rey François hacia una ciudad de más de 1.000 torres, torretas y campanarios, se trata de la vieja Capital Lombarda, la antigua Ciudad de Teodosio el Grande  y de Federico Barbarroja, que le perteneció hace diez años: Pavía asentada en la ladera izquierda del Tesino y fuertemente defendida por los Españoles.
                  El 6 de Noviembre, los grandes cañones de Galiot abren fuego contra la Ciudad, en donde está atrincherado el enérgico y valiente capitán Antonio de Leyva al mando de cinco mil Lansquenets, cuatrocientos españoles y doscientos lanceros. El día 9, los franceses inician el asalto, pero los defensores repelen el ataque y solo queda poner el sitio ante Pavía, "la bien amurallada". Es precisamente ante esas murallas que el rey, el Bastardo de Saboya, el desgraciado de Bonnivet y el grueso del ejército instalan el campamento formando un grán semi-circulo que va desde la Abadía de San Pedro al Norte, hasta la de San Lanfranc al Oeste.
               Mujeres públicas, vendedores, avitualladoras acuden enseguida. Se forma una Ciudad improvisada que se levanta en la vega frente a Pavía. François va a alojarse en la abadía de San Pablo. Hacia el Sur, el Rio Tesino baña las altas murallas de la Ciudad, mientras que una imponente fortaleza- el castillo- proteje a la Ciudad por el Norte. Montmorency y sus lansquenets se instalan aguas arriba, en la Barriada de San Antonio, situada en una grán isla del Tessino. Las colinas en el meandro de la Vernacola - un riachuelo de pronunciadas laderas - están ocupadas por Jacques II de Chavannes, el valiente marqués de la Palice. El Duque de Alençon, cuñado del Rey, acampa en el Castilllo de Mirabello cuyo parque está rodeado de murallas; es una antigua casa de campo en donde los Sforza "les gustaba venir para ver el pasatiempo de las bestias".
                Se toman los cuarteles de Invierno y las semanas trancurren apaciblemente...Se rompe la monotonía por la llegada de 8.000 suizos del Cantón de los Grisones que vienen a ponerse a las órdenes del Rey. Se observa también una mañana de Enero, el desembarco en el Campamento, de una embajada Turca, con vestidos relucientes. Un espectáculo semejante no se observa todos los días, pero lo que rompe la monotonía, es ver atravesar entre las tiendas carros cargados con balas de cañón, de pólvora y también de sacos repletos de escudos de oro, préstamo del Duque de Ferrara. también se asiste a la partida de 10.000 hombres que François envía hacia el Reino de Nápoles. Se trata de una astucia de guerra, para que los imperiales se lancen en su pesecución. Lannoy está deseoso de hacerlo, y por poco cae en la trampa, pero el Marqués de Pescaire, el más astuto de los Generales de Carlos V se opone.
                        ¡Ud. renuncia a una corona, para ganar un sombrero de Duque, es un cambio de poco provecho!
                     Pescaire tiene razón, ¡Las tropas acantonados en Lodí, tienen otras cosas en que pensar! Muy pronto - el 3 de Febrero - llegarán para reforzar a Pavía seis mil italianos, trece mil alemanes, tres mil españoles, ochocientas lanzas, mil jinetes de caballería ligera, que van a acampar a menos de una milla de la cabeza del ejército francés. Están tan cercanos, que se oyen las cornetas y los tambores de un campamento a otro. Atrapado entre la Ciudad y los soldados de Bourbon, de Pescaire y de Lannoy, François de sitiador se convierte en sitiado.
                      Pero ¿Que harán los Imperiales?
                 "Según la opinión  que siempre tuve de ellos, escribe François a su madre, creo que la última cosa que nuestros enemigos harán, será entrar en combate, ya que en verdad, nuestras fuerzas son muy superiores a las suyas..."
                  El orgulloso François se equivoca, la pequeña diferencia que existe entre los dos ejércitos está a favor de los Imperiales desde la retirada de los 6.000 Grisones, desorganizados a raíz de la grave herida sufrida por su jefe, Juan de Medecis - un arcabuzazo le destrozó la mitad de la rodilla.
              Cada día las escaramuzas se suceden y el Rey "apenas tiene tiempo de oír misa antes de subir a caballo".
               La situación es insostenible, François reúne a sus consejeros. ¿Que hay que hacer? ¿Atacar? ¿Poner fin a ese interminable sitio? Bonnivet opina que sí, pero La Tremoille se rebela:
               -Sire, ¡ el verdadero honor de la guerra es el triunfo. Nunca un fracaso se justifica por un combate!
              François menea la cabeza. Una derrota parece imposible: ¡Los soldados del felón de Bourbón y los imperiales de Lannoy "no se atreverán a iniciar el combate!" 
              En ese mismo momento - era el 23 de Febrero - los Generales enemigos están ellos también reunidos en consejo y muy pronto llegan a un acuerdo: "Darán batalla" la mañana siguiente, 24 Febrero, fiesta de San Matías y aniversario de Carlos V. ¡Que hermoso regalo para los 25 años del jóven Emperador: Liberar a Pavía y aniquilar el Ejército francés! Pero absolutamente nadie llega a imaginar lo imposible: ¡hacer prisionero al rey François!
                  Y el día siguiente verá el desastre de Pavía y el primer día de la cautividad de un Rey de Francia.
                  Dos horas antes del amanecer,  los españoles, "vistiendo cada uno una camisa blanca sobre sus armaduras", para así poder reconocerse entre ellos, se dirigen hacia el parque de Mirabello y empiezan a socavar las murallas para poder practicar en ellas grandes brechas. Muy pronto, tres mil Arcabuceros y cuatro mil Lansquenets "apoyados por dos fornidas tropas de infantería en las alas", se apoderan del parque que está muy mal defendido por las tropas del Duque de Alençon. Desde allí, los atacantes pueden cortar la retirada de las tropas de François hacia Milán, y prestar ayuda a Antonio de Leyva, cuyas tropas hambrientas esperan su liberación en el castillo de Pavía.
                   En el campo francés, se toca la alarma. Cornetas y tambores llaman a la tropa. los soldados "tienen que presentarse de inmediato a sus estandartes y a los emplazamientos que se les indica por la presencia de Bourbón", en el campo de Mirabello.
                   El sol se levanta. Los ejércitos están enfrentados. Los Lansquenets y los 2.000 suizos que permanecieron fieles inician la "batalla" del Rey, ocupa el centro de la línea la Palice está a la izquierda del ejército Real en órden de combate. Alençon, que no pudo defender Mirabello, se encuentra a la derecha "Teníais que haberlos visto luchar con valentía"
                      Pero antes del choque se da la palabra a la artillería. Los cañones españoles están mal emplazados, y las grandes balas de cañón pasan rugiendo por encima de las líneas francesas. Mientras que los cañones de Galiot de Grenouillac hacen "tan gran abundancia de tiros que se veían volar por los aires los arneses de los enemigos, cabezas y brazos de gente de a caballo y de a pié, pareciendo que había pasado un rayo". Pronto se oye gritar: "¡Victoria!, ¡Victoria! la alegría hace palpitar a los corazones de los franceses. El Rey asiste a la escena a caballo, revestido de su pesada armadura, con una pluma blanca en el casco, "Armado en órden triunfante", la enseña de las armas de su casa Real ondeando al viento, teniendo a su lado el heraldo Real con su corneta. Ya están los Lansquenets enfrentados.....

                             3ª Parte el desenlace

                          ¿Qué ocurre entonces?
                     ¿Porqué François, llevedo por una furiosa ganas de combatir, decide abandonar su "ventaja" y atacar a su enemigo atrincherado? Al imaginarse que sus enemigos se retiraban en desbandada, quizá se imaginó que la victoria estaba a su alcance y que era conveniente lanzar a su caballería, liderándola él mismo, pero los cañones de Galiot, si no quieren disparar sus balas sobre el Rey y su "batalla", tienen que enmudecer. Un nudo en la garganta, sobrecogidos por el pánico, ven a los caballos pertrechados desfilar entre ellos y los españoles. Trás la caballería, los infantes de a pié, corren a todo tren, sin lograr alcanzar a los poderosos corceles, cuyo pesado galope levanta una densa polvoreda. El gran comandante de la artillería real y sus subordinados se han vuelto meros espectadores de un intrincado cuerpo a cuerpo.
             A Pescaire, se le ocurrió la idea de colocar arquebuceros entre la caballería. Bien protegidos, dan siempre en el blanco.
              Los primeros, los Suizos, hostigados por los lansquenets de Bourbón, empiezan a ceder, se refugian entonces trás las empalizadas protegidas por la artillería de Galiot. Bourbón se vuelve entonces contra la Palice que está encontrando serias dificultades para contener a Antonio de Leyva y a la guarnición de Pavía. Con su caballo muerto a sus piés, el mariscal sigue combatiendo a pié con furia, a pesar del peso de su armadura. Finalmente, el viejo soldado, se era viejo entonces con cincuenta y cinco años - tiene que rendirsa al Capitán Castaldo. De pronto apareció el "bruto español" Butarzo que lo mata cruelmente de un arcabuzazo disparado a quemarropa sobre la coraza. La Palice entregó el alma.           
                ¡Unos minutos antes, atacaba a brazo partido con la espada!

                    

El Señor de la Palice ha muerto
Muerto ante Pavía
Un cuarto de hora antes de ser muerto
Aún estaba con vida

                          Entiéndase: "lleno de valentía"....
                 El Rey, en el centro de su cuartel venido a menos, combate encarnizadamente, sin tregua arremete y con la lanza, atraviesa a los enemigos que lo rodean por doquier.
                 ¡Victoria! ¡Victoria! claman los Imperiales y los buitres empiezan a sobrevolar el campo de batalla, esos malditos devoradores de cadáveres poseen un sentido agudo de la estratégia...¡Mucho antes que los combatientes, saben que el combate llega  a su fin!
                ¡El pánico se apodera de los vencidos!
                El Duque de Alençon y su caballería abandonan la vega, atraviesan el Tesino y hacen saltar el puente detrás de ellos. Los suizos corren por el camino que lleva a Milán, a pesar de los insultos de su Jefe - el valiente Diesbach - al que solo le queda volver al campo de batalla para morir.
               Pero un heraldo tocando el cuerno, allá, parece pedir socorro. ¡Es la llamada de auxilio del Rey! Los caballeros tratan de acudir para acercarse a su penacho de plumas blancas para socorrer a su amo, pero François está rodeado de enemigos. "No hay memoria de mas gran valentía de Príncipe, ni de mayor resistencia". Bonnivet desesperado, que había tratado de unirse a los Suizos que se escapaban, busca él también la muerte, se le oye murmurar:
                  "¡No podría sobrevivir a este gran desastre y distracción, hay que ir a morir en la contienda!"
                   ¡Y se  deshace de su yelmo para morir más pronto!
                  El heraldo con el cuerno, llama sin descanso. ese sonido particular es conocido por todos. Es un largo y agudo lamento, que atraviesa de una punta a otra todo el campo de batalla. Pero ¿Como ir a socorrer el Rey? por todas partes, la hermosa sangre de Francia se derrama. Yá yacen en el suelo el Bastardo de Saboya, La Tremoille, que tiene setenta y cinco años, Gallias de Saint-Sévèrin, François de Lorraine, los hermanos de Amboise y muchos más. En cuanto al Mariscal de Foix, se hizo llevar moribundo a casa de su bella amante, la Marquesa de Scarfafione.
                    Y el heraldo real sigue llamando...
                    François combate ahora a pié, su caballo murió. Con el pesado mandoble en la mano, se defiende con la energía de la desesperación. Muy pronto no queda ni un solo francés a su lado. El sonido del cuerno se apaga. François, "agotado y sin aliento" se encuentra solo ante la muerte.
                   Infantes de a pié y arcabuceros españoles lo rodéan. Estos prefieren matar al Rey antes de que sus vecinos se apoderen de él. François está herido en el rostro. Bajo su yelmo corre la sangre, mezclada con el sudor. Se tambaléa, una segunda herida le alcanza la pierna. Son los lansquenets de Bourbón que atacan ahora. ¿Rendirse a su desleal  perjurador? ¡Mejor la muerte! De repente, entre las rajas de su yelmo, a través de la sangre que lo ciega, François nota la presencia del Virrey, entonces levanta la visera de su yelmo, y como señal de sumisión, entrega su guante a Lannoy.

          Pero alrededor del Virrey, es el alalí. Napolitanos y arcabuceros españoles entran en lidia. Todos quieren ser los primeros en apoderarse del Rey de Francia. François tiene que esconderse en un silo de remolachas para escapar a la turba, saldrá de ahí cuando Lannoy haya podido restablecer el órden. El Rey se desviste de los restos de su armadura. Tiene las tres cuartas partes de su cuerpo desnudo y ensangrentado.
                  -Sire, pregunta Lannoy, ¿Está Ud. herido?
                  -¡No...no es nada! 
                El Virrey le coloca a su prisionero un gorro de terciopelo, y hace traer una jaca - un caballito - para el Rey y en ese atuendo, el desgraciado tiene que atravesar todo el campo de batalla en donde yacen los cadáveres ensangrentados de sus compañeros de armas, esos hombres que han preferido la muerte a la retirada. François - reprimiendo las lágrimas - reconoce los cuerpos de Bonnivet, de Bussy d ´Amboise, de François de Lorraine, de La Tremoille, del Conde de Toulouse-Lautrec, de Laval de Bretagne, de Claude de Longueville y de tantos otros...el Duque de Bourbón, al ver al Rey, se apresura a bajar de su caballo y se inclina ante él. Dentro de un momento, en la Abadía de San Pablo, cuando el Rey tome su primera comida, lo servirá con honor.

                     François, antes de comenzar en Madrid una cautividad que durará más de un año, queda encerrado en el castillo de Pizzighettone, en donde hace penitencia, ayuna y reza.
                      El Martes 25 de Febrero, "alrededor de media noche", dos correos a caballo llegan a Lyon y llaman a la puerta del puente del Ródano.
                       -¡Abran al correo de Italia!
                  Se apresuran para ir a despertar a los consejeros que custodian las llaves de la puerta. Unos segundos más tarde, el puente levadizo se baja lentamente, los dos mensajeros - Montpezat y Adríen - espolean a sus agotados corceles, atravesando el puente de madera, galopan a toda prisa hacia el claustro de Saint-Just en donde Madame Louise, regente de Francia espera, angustiada.
                 "Madame, para avisaros como se encuentra el resorte de mi infortuna, le diré que de todas las cosas solo me queda el honor y la vida y para que todas esas noticias os sirvan de alivio, he rogado para que me dejen escribiros."
                  "No hay que preguntar en que estado de pena, lloros y lamentaciones se hayó la dicha buena mujer, madre del rey, después de conocer la triste noticia de que su muy querido, solo y único hijo, estaba puesto bajo las órdenes de su vasallo y de su gran enemigo.  Los Consejeros de la Regente tratan de razonarla "para hacerle ver que esos llantos y lamentaciones no le servirían de nada", pero por toda respuesta, les enseña "los lagrimones que caen de sus ojos en abundancia" y les suplica de tomar en sus manos el gobierno del Reino.
                  - ¡Ya que de mí, estoy tan abatida por las noticias tan desgraciadas, que a duras penas sé donde me encuentro!
                 "La carta cayó en las rodillas de Louise, escribe Madame Paule Henry-Bordeaux en su hermoso libro, por las ventanas en donde el alba se deslizaba, ella adivina el cielo sombrío, el claustro gris, la sombra de los altos muros, las recias torre de vigía que la tranquilizan. Mas allá, la Ciudad descansa apaciblemente. Los lyoneses desconocen aún el nombre de Pavía."
               Se la adivina interrogando a los mensajeros para enterarse de la magnitud de la catástrofe. ¡En su última carta, el Rey parecía tan seguro de su victoria!
                    Tengo buena seguridad, Madame, le había escrito, de ocupar muy pronto Pavía. He tomado todas las medidas, estoy aprivisionando  y he pagado a mis hombres de guerra, no quiero nada que no sea el Estado de Milan y el Reino de Nápoles...

                      Y hoy está vencido, hecho prisionero, habiendo perdido todo salvo el honor............

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