MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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domingo, 3 de enero de 2016

RECUERDOS DE UNA MONJA, QUE VIVIÓ CON HUMILDAD Y AMANDO A SU PRÓJIMO, Y QUE MURIÓ SIN AGONÍA.


HISTORIA DE UNA SANTA ANÓNIMA



En el dorso de la fotografía, están escritas estas palabras:
En souvenir de celle qui nous aima tellement.
(En recuerdo de la que tanto nos amó)



Esta monja de las Religiosas de la Compañía de María, fundada por Sta. Juana de Lestonnac fue mi compañía en mis ratos de recreo, durante muchos años cuando de niño, vivía con mis padres y mis cuatro hermanos en Toulouse (Francia).

Era Sacristana y portera de la Institución Notre Dame, de una comunidad de hermanas, que impartía educación a alumnas de esa ciudad, donde mi madre daba clases de solfeo y piano, de dibujo y de español.

En aquella época (hablo de los años 1.945), cuando acababa de terminar la segunda guerra mundial, vivía en un inmenso convento esa monja que, según me contó, había sido ocupado por los alemanes como cárcel. Tenía todos los altísimos muros del inmenso jardín coronados por una alambrada electrificada. En el año 1.945, los inmensos sótanos estaban repletos de cascos de soldados, de máscaras anti-gas, y de bayonetas de fusiles.

La portería tenía una ventana que daba a la entrada del convento-cárcel, con un enrejado, cuya parte superior había sido forzada, por un soldado que se escapó por ahí, según me contó la monja. 

En aquella época, las monjas de importancia se llamaban Madame (Señora), las de menos importancia, Mademoiselle (Señorita), y las hermanas legas Soeurs (Hermanas), ella se llamaba Mademoiselle Berthe.

Yo compañaba a Mlle. Berthe a la Sacristía, para preparar lo necesario para que el Sacerdote pueda decir misa diaria, en la cual servía algunas veces como monaguillo, iba con ella cuando llevaba su gran regadera para regar todas las plantas del patio interior, estaba con ella cuando estaba sentada en la portería, pelando las habichuelas, o los guisantes de la grandísima huerta del convento, como niño, a veces, sin querer le tiraba las fuentes de los guisantes, los recogía sin protestar ni reñir, nunca la vi enfadarse o decir palabras malsonantes. 

Tenía una estatuilla de la Stma Virgen, ante la cual reponía flores del jardín, me decía que había que ponerlas sin olerlas, ya que así la ofrenda era de más valor para Ella. Debajo de una vela de la estatua, siempre escondía su postre que me ofrecía diciendo. "Mira debajo de la vela", allí hay algo para ti.

Contaba muchas cosas de la guerra, decía que los soldados alemanes la trataban con cortesía, mi padre que tenía una hermana monja de la misma compañía en España, era el hombre de confianza de las monjas, lo llamaban Monsieur Jesus (Jesús era su nombre).

Decía que se había hecho religiosa, porque tenía un hermano muy malo que hacía sufrir mucho a su madre, y que prometió que si se volvía bueno, entraría en el convento, y lo que cumplió cuando su hermano se convirtió.

También me contaba que era muy feliz en el convento, decía que al lo mejor se hubiera casado con un marido que podía haber sido borracho o maltratador.


Después de muchos años, un día fue a confesarse con un Sacerdote que estimaba mucho y que vivía en un pueblo cercano, era el Padre Gabaldón, se arregló para la ocasión, y la llevaron en coche, a la vuelta, al llegar el coche  a su convento, la encontraron muerta en el coche: Una santa muerte, ya que se presentó ante Dios limpia de alma y de cuerpo, después de una vida de Santa paciencia, y habiendo cumplido con sus promesas ante Dios.

Cuando fui al cementerio donde estaba enterrada con las monjas de su Comunidad, leí un epitafio en la tumba de un Sacerdote que decía unas palabras, que luego supe que eran nada menos que de San Pablo en la segunda carta a Timoteo:

4:6 Yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima:

4:7 he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe.

4:8 Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.







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