MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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martes, 20 de noviembre de 2018

COMENTARIOS DEL EVANGELIO DEL 20-11-2.018: EL AMOR DE DIOS ES COMPLETAMENTE DESINTERESADO, EL AMOR DEL HOMBRE ESTÁ SIEMPRE MEZCLADO CON ALGO DE EGOÍSMO.


Zaqueo estaba harto de la Maldad de los Fariseos, vio en Jesús
la verdadera Bondad, y lo halló. 



"Todos los hombres somos más o menos egoístas e incluso una madre que va a dar a Luz en un parto difícil, y dice prefiero morir para que mi hijo viva, puede ser egoísmo, si lo hace para que sea admirada por la gente", lo que es verdad. "y Dios es el primer egoísta de la Creación, porque el Catecismo dice que Dios ha hecho el hombre para adorarlo y servirlo", lo que es una interpretación errónea y hereje, indigna de unos sacerdotes católicos (R.I.P) de la Parroquia de los españoles en la Rue du Pharaon de Toulouse, que mis padres habían invitado a nuestra casa hacia en el año 1.958.

¿Cómo se puede concebir que estos nuevos escribas no supieran que el Amor es verdadero, cuando es servicio y entrega desinteresados hacia los demás? Es la diferencia que existe entre el Amor de Dios que lavó los pies a sus discípulos, y además entregó su Vida y sufrió su terrible Pasión por misericordia hacia la humanidad perdida, y Satanás que dijo: “No serviré”, lo que quiere decir: No amaré, ni me sacrificaré por nadie.

Extraordinario comentario de Jesús, sacado del tomo 6 del libro del Evangelio como me ha sido revelado de María Valtorta, escrito por la vidente el 18 de Julio de 1.944, y que contiene una maravillosa doctrina, que solo puede ser dictada por Jesús. El comentario sobre la conversión de Zaqueo, es impactante, explica de una manera magistral por qué y como se convirtió, visto por el ojo de Dios.

Explica Jesús en este comentario, que el Amor que es el Espíritu Santo, es el motor que mueve el Universo entero:
"Puesto que lo amaba. este es el secreto del éxito y del fracaso. Se tiene éxito cuando se ama. Se tiene poco éxito cuando se ama raquíticamente. No se tiene ningún éxito cuando no se ama".


Del Evangelio como me ha sido revelado de 
María Valtorta

Dice Jesús:
“Hay levadura y levadura. Está la levadura del Bien y está la del Mal. La levadura del Mal, veneno satánico, fermenta con mayor facilidad que la del Bien, porque encuentra la materia más adecuada para su fermentación en el corazón del hombre, en el pensamiento del hombre, en la carne del hombre, seducidos los tres por una voluntad egoísta, contraria por lo tanto a la voluntad universal, que es la de Dios.

La voluntad de Dios es universal porque no se limita nunca a un pensamiento personal, sino que tiene presente el bien de todo el universo. A Dios nada puede aumentarle ninguna perfección, habiendo poseído desde siempre, todo de forma perfecta. Por lo tanto, no puede haber en Él un pensamiento de propia ganancia en la base de ninguna acción suya.

Cuando se dice: “Se hace esto para mayor Gloria de Dios, en el interés de Dios”, no es porque la gloria divina sea susceptible en sí mismo de aumento, sino porque toda cosa que en la creación lleva una impronta de bien y toda persona que haga el bien – y por tanto merezca poseerle - se adorna con el signo de la Gloria divina y da así gloria a la Gloria misma, que ha creado gloriosamente todas las cosas. Es un testimonio, en definitiva dado a Dios por las personas y las cosas: testificando con hechos acerca del origen perfecto del que proceden.

Por eso Dios, cuando os manda, os aconseja u os inspira una acción, no lo hace por interés egoísta, sino por un interés altruista, caritativo de bienestar vuestro. Por eso la voluntad de Dios no es nunca egoísta; antes bien, es una voluntad enteramente abierta al altruismo, a la universalidad; la única y verdadera fuerza en el mundo que tenga pensamiento de bien universal.

Pero la levadura del Bien, germen espiritual que viene de Dios, crece con mucha adversidad y esfuerzo, con mucha dificultad, teniendo como tiene en contra, los estímulos propicios para la otra levadura: la carne, el corazón y el pensamiento del hombre, impregnado de un egoísmo que es la antítesis del Bien, que por su origen no puede ser sino solo Amor. Falta en la mayoría de los hombres la voluntad del Bien, y por tanto el Bien pierde la fecundidad y muere, o vive tan precariamente, que no fermenta: se queda ahí. No hay culpa grave, pero tampoco hay un esfuerzo para hacer el máximo bien. Por eso el espíritu yace inerte; no muerto pero sí infructífero.

Considerad que no hacer el mal sirve solamente para evitar el Infierno. Para gozar enseguida del hermoso Paraíso, es absolutamente necesario hacer el Bien.

 En la medida de que se logre hacer. Luchando contra uno mismo y contra los demás. Porque yo he dicho que había venido a traer guerra y no paz entre padre e hijos, entre hermanos y hermanas, cuando esta guerra viniera del hecho de defender la Voluntad de Dios y su Ley, contra las supercherías de las voluntades humanas, orientadas a las direcciones contrarias a lo que Dios quiere.

En Zaqueo, el pequeño puñado de levadura el bien había fermentado para una masa grande. En su corazón había caído solo una partícula originaria: le habían referido mi discurso de la montaña. Incluso deficientemente, sin duda amputado en muchas de sus partes, como sucede con los discursos referidos.

Publicano pecador, Zaqueo. Pero no por mala voluntad. Era como uno que con un velo de catarata en las pupilas viera mal las cosas. Pero sabe que ese ojo, liberado de ese velo, vuelve a tener la capacidad de ver bien. Y ese enfermo desea que le quiten ese velo. Lo mismo Zaqueo. Ni estaba convencido, ni era feliz: no estaba convencido de las practicas fariseaicas, que habían llegado a sustituir la verdadera Ley; no se sentía feliz en su manera de vivir.

Buscaba instintivamente la luz, la verdadera Luz. Vio un resplandor de Luz en ese fragmento del discurso, y lo guardó en su corazón como un tesoro. Y, puesto que lo amaba - date cuenta María de esto - , dado que lo amaba, el resplandor se fue haciendo cada vez más vivo, amplio e impetuoso, y lo llevó a ver nitidamente el Bien y el Mal y a elegir rectamente, cortando con generosidad todos los tentáculos que antes, de las cosas del corazón y del corazón a las cosas, le habían envuelto en una red de esclavitud maligna.

"Puesto que lo amaba". este es el secreto del éxito y del fracaso. Se tiene éxito cuando se ama. Se tiene poco éxito cuando se ama raquíticamente. No se tiene ningún éxito cuando no se ama.

En cualquier cosa. Con mayor razón en las cosas de Dios, donde, por ser Dios invisible para los sentidos corporales, hace falta tener un Amor, que me atrevería a decir perfecto, respeto a la perfección que puede tocar la criatura, para tener éxito en una empresa, en este caso en la santidad.

Zaqueo - sintiendo aversión del mundo y de la carne, asqueado también por las mezquindades de las prácticas fariseaicas, tan capciosas, intransigentes para los demás y demasiado condescendientes para ellos - amó este pequeño tesoro de mi palabra, llegado a él por puro azar, humanamente hablando; lo amó como la cosa más hermosa que su vida de cuarenta años hubiera poseído. Y desde ese momento concentró su corazón y su pensamiento hacia ese punto.

Donde está el tesoro, está el corazón del hombre, no solo en el mal, también en el Bien. ¿Acaso los santos no han tenido en la vida su corazón donde estaba su tesoro: Dios? Si, y por ese motivo, mirando solo a Dios, supieron pasar por la Tierra sin corromper su alma con el fango de la tierra.










lunes, 19 de noviembre de 2018

SIMILITUD ENTRE UNA FLOR EXÓTICA Y UN ALMA TOCADA POR LA GRACIA DE DIOS



Visión espiritual de un alma santificada por la Gracia de Dios



            Esta hermosa flor, verdadera imagen del alma mística,  ha necesitado para desarrollarse el sol y la lluvia, y también un ambiente con un clima adecuado, es por eso semejante al alma humana, que para crecer y ser apta para alcanzar la morada eterna, ha necesitado ser mística, que como lo dice San Juan de la Cruz, quiere decir estar enamorada de Dios, para ser semejante a Él que es la infinita belleza. 

            El alma ha necesitado la lluvia, que simboliza las pruebas y el sufrimiento; y el sol que simboliza la alegría proporcionada por Dios, también ha tenido como esa flor exótica que desarrollarse en un lugar adecuado, con un clima y un ambiente que es la Gracia de Dios, y los Sacramentos por Él instituidos

          El corazón de esta flor que está llena de granitos de maravillosos colores, simbolizan todas las virtudes que ha adquirido el alma, conseguidos por la Gracia de Dios, que es precisamente lo que hemos relatado: el sol, la lluvia, el clima y la tierra, esta Gracia que se comunica de una manera infusa al alma solo se puede realizar por la acción del Espíritu Santo, ya que como lo dice también San Juan de la Cruz, el Amor iguala el amante con el Amado, y al buscar esa igualdad, que es el fin de todo Amor verdadero, hay una transmisión de las gracias y la belleza de Dios a sus criaturas.

           Por eso dice San Juan Evangelista que seremos semejantes a Dios, porque lo veremos tal cual es, y para eso hemos nacido y ha sido creado el Universo.

          Esa flor tiene también todas las características de las almas Santas, tiene unas corolas tubulares que parecen unos conductos acabados en un embudo, y otros para recoger el fragor  en el corazón de la flor, y transmitir a su alrededor el perfume de la Santidad y de la Gracia, que es lo propio de Jesús y de la Virgen María, y en mucho menor medida, de todos los Santos.

          Y eso mismo es lo que hace el cuerpo místico de la Santa Iglesia, de Dios  y de todos los Santos: infundir místicamente esos atributos de Dios, porque el Amor para que sea verdadero tiene que transmitirse a los demás, si no lo hace, es  porqué no es Amor verdadero, sino egoísmo. Pero de la misma manera que el olor no se ve, pero se siente y se trasmite, lo mismo hace la Santidad.

        Por eso, puede haber un alma oculta en una Ermita, o en un Monasterio de Contemplativos, que derrama sus gracias de una manera oculta, y que dan vida a la Iglesia, sin ellas, cuando esas almas no existan, se acabará el mundo.

          Por esa razón, dice San Juan de la Cruz en sus dichos de Luz y Amor: "Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de conciencia que todas esas obras que quieres hacer".







domingo, 18 de noviembre de 2018

EL DEMONIO YA NO SE DISFRAZA CON PIEL DE CORDERO, AHORA LO HACE DISFRAZÁNDOSE DE PASTOR


Su excelencia Robert Zollitsch
¿Cómo es posible que un Arzobispo católico pueda afirmar
 que Jesús no ha muerto para redimirnos?





INTERPRETACIÓN MÍSTICA SOBRE LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS SOBRE LA ABOMINABLE DESOLACIÓN INSTALADA DONDE NO DEBE


En el Evangelio está escrito: "Cuando viereis la abominable desolación instalada donde no debe - el que lee entienda - , entonces los que estén en Judea huyan a los montes. El que esté en el terrado no baje ni entre para tomar cosa alguna de su casa, y el que esté en el campo no vuelva atrás para recoger su manto ¡Ay de aquellas que estén encintas y de las que críen en aquellos días! Orad para que no suceda esto en invierno" (Marc 13, 14-18).

Interpretación: Cuando viereis la desolación instalada en la Iglesia de Dios, los que están en estado de gracia, suban a la perfección, el que está en lo alto, cerca de Dios no descienda para satisfacer el egoísmo en su parte baja, el que se halla fuera de sus apetitos, que es el campo, no vuelva para satisfacer lo que le  pide su naturaleza que es su casa, que es la llamada los tres enemigos del alma. 

Las mujeres encintas y las que críen en esos días, simbolizan según San Juan de la Cruz, a las almas que tengan dentro de ellas un pecado, y las que críen en esos días, son las almas que estén sumidas en el vicio.

En el invierno sucede que la naturaleza está como congelada, espiritualmente hablando, quiere  decir que no corre la savia de la Gracia de Dios en su alma, es lo que les pasa a los relativistas y a los quietistas, que han anestesiado su alma, congelando la gracia de Dios, ya que se han instalado en el hedonismo.

Igualmente en el Apocalipsis, se anuncia el principio del fin con el barrido de la tercera parte de las estrellas del Cielo con la cola del gran dragón, que según revelaciones de Jesús a María Valtorta, significa la caída de la tercera parte de los Sacerdotes, para así, tener el campo libre para así derribar más fácilmente a los fieles: desaparecidos los pastores, las ovejas son presa fácil para el lobo.

Que nuestro Señor Jesucristo ha muerto por nosotros para rescate de la Humanidad, es un hecho que nunca se ha discutido, no solo en la Iglesia Católica, pero incluso tampoco en la inmensa mayoría de las Iglesias Cristianas. Están de acuerdo con ello, las más importantes Iglesias como los Ortodoxos, Luteranos, Evangélicos, etc..,etc. Además esta Doctrina está apoyada por la tradición de todos los Santos Padres, los Apóstoles, los Papas y los Catecismos de todas las épocas.

Negar una cosa tan evidente es colocarse fuera de la Iglesia y situarse en una posición absolutamente herética, y bajo mi punto de vista queda automatícamente excluido de la Iglesia de Cristo. El asunto es extremamente grave, porque este razonamiento equivale a negar que, por culpa del Pecado Original, estaba el Género Humano definitivamente apartado de la Salvación, y por esa razón era necesario el Rescate. Rescate que solo podía realizar un Ser con la suficiente capacidad, para aportar una ofrenda de un valor infinito, que es la Víctima sin mancha que está presentada a la sublimidad de Dios, proporcional a la culpa que se había hecho al mismo Dios, que es infinito en todas sus cualidades y virtudes conocidas, y las que nos quedan por conocer. 

Para rescatar de las garras de Satanás, nada menos que a toda la Humanidad, ese Ser tenía que cargar encima de sí con todos sus pecados pasados, presentes y futuros, el precio del rescate es de un valor tal que solo podía asumir Jesucristo, el Hijo de Dios. 

Y aquí llega Satanás, a través de nada menos que el Arzobispo de Friburgo, ex Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana D. Robert Zollitsch, que ha dimitido por razones de edad a los 75 años, negando esta evidencia, cito el artículo aparecido en la Revista Alba del 16 al 22 de Septiembre de 2011: 

"Pero fue el 22 de abril de 2.009 cuando Zollitsch concedió una entrevista a Lifesite News en la que afirmaba que: "Cristo no murió por nuestros pecados, su muerte no fue un acto de Redención para romper las ataduras del pecado y abrirnos las puertas del Cielo, a modo de chivo expiatorio".... Dos años y medio han transcurrido desde aquella entrevista y Zollitsch no se ha retractado. 

El sentido del sacrificio de Cristo está recogido con toda claridad en el artículo 613 del Catecismo de la Iglesia Católica, algo que el prelado no puede ignorar, como tampoco aquellas autoridades de quienes depende. Así que no se entiende como es que sigue siendo Obispo y Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana" (Fin de citación). 

Recuerdo que antes de ser nombrado Papa, Benedicto XVI había dicho que era necesaria una limpieza tal que, había que llevar a cabo, aunque la Iglesia se reduciera considerablemente. Un cáncer si no se extirpa, se extiende cada vez más, y si no se opera a tiempo, tiene las consecuencias que todos sabemos: la metástasis y la muerte del cuerpo, en la Santa Iglesia católica, las puertas del Infierno nunca prevalecerán, por las palabras de Cristo, pero la Iglesia puede contaminarse y lo está haciendo en muchos de sus miembros y Pastores.

Recuerdo igualmente que se excomulgó a los Lefebvristas, que nunca predicaron ninguna herejía, solo querían seguir la Doctrina tradicional de la Iglesia, pero aquí pasa como en la Política, ciertos pájaros están blindados, son los que en la política, pasan de la ley, porque creen que son superiores a ella. Y aquí también, vemos en la Iglesia, "pajarracos" que también parecen blindados, y a pesar de transgredir la Ley de Dios, no se les excomulga, aunque digan abiertamente una herejía tan gorda.

Si Jesús no ha venido para redimirnos, sino solo para aprendernos a morír, todo lo que se ha predicado hasta hora ha sido una Doctrina falsa, en la cual han caído todos los grandes Santos y fundadores de la Santa Iglesia Católica, se han equivocado también todos los grandes teólogos, como San Pablo, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, San Juan de la Cruz y todos los demás Doctores de la Iglesia. 

Todo lo que la Gracia de Dios ha sido incapaz de enseñar a todos los grandes Santos en el transcurso de los siglos, ha sido ahora revelado al escogido e iluminado Arzobispo emérito Zollitsch, que ha venido como Lutero a reformar la Santa Iglesia católica, que no había sabido interpretar las escrituras. La Soberbia, pecado de Lucifer, le ha hecho creer que está por encima de la ley humana que exige el sometimiento a la doctrina tradicional de la Iglesia, y de la Ley de Dios que es infalible. 






viernes, 16 de noviembre de 2018

ES ABSURDO PENSAR EN LA FELICIDAD TERRENA Y OLVIDARSE POR COMPLETO DE LA FELICIDAD ETERNA






De los cuadernos de María Valtorta
(10-10-1.943)

¡Oh, hombres que os afanáis por conquistar y conservar las riquezas que perecen! ¿Cómo no os afanáis por conservar en vosotros esta inmensa riqueza sobrenatural de la Gracia? De la Gracia que os mantiene en contacto con Dios y os nutre con sus luces como a recién nacidos en el seno de una madre, a través de las fibras que unen a ellas. 

En efecto, vosotros sois los recién nacidos a la Gracia del Cielo. No es esta la Vida, esta que vivís en la Tierra en la jornada mortal. Esta es solamente formación de vuestro ser futuro de viviente eterno. La existencia humana la gestación que os forma para daros a la Luz. A la Luz verdadera, y no a la pobre luz sombría de esta tierra.

No os llevo en Mí como Madre que forma a su criatura. Yo mismo os rodeo y reparo, os nutro con mi alimento para haceros nacer inmortales en la hora que vosotras llamáis “muerte”, y que no es sino “pasaje”. Pasaje de una fase incompleta a una completa, de la segregación en espacio limitado a la libertad sin límites, de las tinieblas a la Luz, de las cohibidas caricias, al abrazo absoluto del alma con su Padre.

Esto es lo que vosotros llamáis “morir”. Vosotros, que con vuestro orgulloso saber, aún no sabéis dar el justo nombre a las cosas, y como niños de pocos años llamáis a las cosas con nombres equivocados. Yo quiero enseñaros lo que es la “muerte” y quienes son los “muertos”.

Muerte es separarse de Dios como el que está por nacer y antes de tiempo se separa del órgano materno y se pudre en el álveo que lo expulsa con dolor. Muertos están, quienes, habiendo sido expulsados así, no se diferencian del despojo de un animal que se descompone al sol y bajo la lluvia en una carretera de la tierra, motivo de repugnancia para el que lo ve. Esto es lo que es “muerte”. Esto es lo que significa estar “muertos”. El pecado es la causa que os separa de Dios y hace de vosotros una putrefacta carne corrompida, alimento de Satanás que os ha envenenado para devoraros, presa de su hambre de devorador de almas y de enemigo de Dios, Creador de las almas.

[…] ¡Oh! ¡día santo y feliz de vuestro nacer al Cielo! ¡Oh! ¡día que Dios Uno y Trino anhela que llegue para vosotros! ¡Oh! ¡beatitud que he preparado para los hombres!

¡Alzáos, dilectos míos! La vida de la Tierra es el tiempo que os dono para crecer a la Vida verdadera y, por cuanto pueda ser largo y penoso, es un instante fugaz respeto a mi eternidad, eternidad que os prometo y que os tengo reservada. Alegría que os he conquistado con mi dolor.

Vivid en Mí y de Mí, hijos que amo. La alegría que os espera es desmesurada como la Gloria de Dios.







jueves, 15 de noviembre de 2018

PARÁBOLA DE LA CURACIÓN DE LOS DIEZ LEPROSOS




Jesús es compasivo y misericordioso para las amas de buena voluntad
de diez leprosos solo uno ha tenido la Salvación asegurada
 por su buen corazón





Evangelio de la curación de los 10 leprosos



Yendo hacia Jerusalén atravesaba por entre la Samaría y la Galilea, y entrando en una aldea, le vinieron al encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos, y levantando la voz decían: Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros. Viéndoles les dijo: Id a mostraros a los Sacerdotes. En el camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, volvió glorificando a Dios a grandes voces, y cayendo a sus piés, rostro a tierra, le daba las gracias, era un Samaritano. Después Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» 
Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.» (Lc 17,11-19)


   Una de las más grandes virtudes del alma humana es el agradecimiento, esto se debe sobre todo a Dios, al cual le debemos absolutamente todo, incluso el aire que respiramos.

    Por habernos creado de la nada, y sobre todo por habernos redimido de la esclavitud de Satán con el inmenso sacrificio de la Pasión y muerte de Jesús en la Cruz, le debemos como lo dice San Juan de la Cruz, agradecimiento y sobre todo amor eterno, no solo por habernos dado la vida del cuerpo material, pero sobre todo la vida del alma, que ha sido redimida y debe renacer, como lo explicó Jesús a Nicodemo, renovada por el tremendo Sacrificio del sublime Salvador.

    En el relato de María Valtorta sobre el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, Jesús  se quejó amargamente de que nadie, ni siquiera los Apóstoles, se acordaron de la acción de gracias, solo Jesús se retiró en el monte para darle gracias a Dios.

    Y lo mismo ocurrió con los diez leprosos curados por Jesús, solo uno, un Samaritano, volvió para agradecer a Dios el milagro, y se tiró a sus pies, mereciendo de Jesús el mayor regalo: "Levántate y vete, tu fe te ha salvado!", que es la seguridad de poseer la Vida Eterna, regalo fabuloso, que personalmente, me llena de admiración, y me hace envidiar la suerte de ese leproso, ya que a pesar de lo que dicen los progresistas, abanderados del Dios "caramelo", nadie en este mundo tiene la seguridad absoluta ni de la Salvación, ni de la condenación eternas, por eso "El Grappin", como llamaba así el Santo Cura de Ars a Satanás, no paraba de repetirle: "Aún no estás muerto; aún te puedo atrapar".

El agradecimiento a Dios es pues la expresión del amor, es la palabra que fluye del alma humilde y enamorada, en donde la Santísima Trinidad ha hecho su morada en su corazón. Porque solo un alma en esta situación puede darse cuenta de su destino final: y es cuando Dios le ha infundido la realidad y el valor de lo que está en juego: La felicidad, o el castigo eternos, felicidad que si la pudiésemos ver, pasaríamos por mil agonías para poder verla otra vez, y castigo que nos haría morir de horror, si pudiésemos verlo, como así lo afirma San Juan de la Cruz.

Aquí, otra vez aparece la demostración de que Jesús no ha venido solo para el Pueblo elegido, como así lo esperaban los Fariseos, que creían que el Mesías había de ser el caudillo del Pueblo de Israel, para liberarlo del yugo de los romanos. Desde sus primeras predicaciones, Jesús proclama que ha venido para toda la Humanidad, es lo que predicó en la Sinagoga de Nazaret, su pueblo, en donde dijo que había muchos leprosos en Israel del tiempo del Profeta Eliseo, pero que solo Yahveh curó a Naaman el Sirio, lo que le valió el rechazo de todos los asistentes, que querían despeñarlo por un barranco.

De la misma manera en el Evangelio de la curación de los 10 leprosos, solo vino un Samaritano, a agradecerle el milagro, un extranjero, odiado por el Pueblo Judío, que no quería tener trato con ellos por herejes.






miércoles, 14 de noviembre de 2018

LA VENIDA DEL ANTICRISTO; LA CONVERSIÓN DE LOS JUDÍOS Y LA RESURRECCIÓN FINAL

El Arcángel San Miguel, vencedor de Satanás



En este relato sobre la venida del Antecristo, se contempla como la decadencia espiritual de la Sociedad que entonces llegará a su máximo auge, necesitará la intervención directa de Dios, y provocará el fin del mundo, ya que Jesús solo ha venido una vez, y habiendo rescatado por su Pasión y Muerte a toda la humanidad, no permitirá que Satán se adueñe otra vez, como después del pecado de Eva, de la humanidad.

En el mundo actual, hay ya señales precursoras del fin del mundo, como son el relativismo, la teología de la secularización, la aparición en el seno mismo de la Iglesia de toda una serie de Prelados y Jerarcas, que anulan las Palabras de Jesús, o las interpretan a su manera, en un sentido hedonista.

Los Anticristos de los cuales hablaba San Pablo, son los lobos disfrazados de ovejas o lo que es peor, de pastores que se han introducido en la Iglesia, y que están apartando del camino de la Vida Eterna a las ovejas incautas con predicaciones y consejos que son contrarios al Evangelio.



DE LOS CUADERNOS DE MARÍA VALTORTA
 ( Daniel 12)


Dice Jesús:

“El Arcángel que derrotó a Lucifer y que guarda mi Reino y los hijos del mismo, será el que surgirá como signo celeste en el tiempo último. Será el tiempo en que Israel se unirá con la Roma de Cristo y ya no habrá más dos ramos del pueblo de Dios, o sea el bendito y el maldito por culpa de su deicidio, sino un único tronco, llamado de Cristo porque vive en Mí.
Entonces, dado que se habrá completado el número de los salvados vendrá la resurrección de la carne y los muertos, que yacen en los infinitos cementerios, en los desiertos, en los mares, donde quiera que repose uno que fue un hombre, se alzarán para venir a Mí, el Juez supremo, como la multitud dormida a la que despierta el toque del clarín que llama a asamblea.
¡Como te derramarás jubilosamente sobre mis bienaventurados ese día, oh Luz, tú que eres un atributo mío y que harás relucir como estrellas a los que conocieron la sabiduría y enseñaron y vivieron la Justicia!
El último periodo – tres años y seis meses – será el más tremendo     de los vividos por el hombre y en él Satanás, a través de su hijo, consumido por un supremo rencor – porque y ya no existirá la división entre los dos ramos del pueblo de Dios, la división que fue causa de tantos males materiales, morales y espirituales -, empleará sus perfectas, pero también últimas astucias, para dañar, arruinar, matar a Cristo en los corazones, y matar los corazones destinados a Cristo.
Los Sabios comprenderán la artimaña de Satanás, las innumerables artimañas de Satanás, porque el que posee la verdadera Sabiduría está iluminado, y, por su fidelidad a la Gracia se volverán puros e indudables como el fuego, dignos de ser elegidos para el Cielo. Los impíos seguirán el Mal y practicarán el mal, pues no comprenden el Bien, dado que por espontánea voluntad colmaron su corazón de Mal.

Entonces vendrá el tiempo en que la Iglesia, mancillada más que nunca, ya no podrá celebrar el Sacrificio perpetuo y la abominable desolación se alzará en el Lugar Santo y en los lugares santos, tal como han dicho los profetas y como he repetido Yo, que nunca erro.
Dice Daniel: “Esta abominable desolación durará 1290 días. Bienaventurado el que espera y llega a 1335”.
Esto quiere decir que en los tres años y seis meses que precederán el fin, se reservará un breve tiempo  para que los fieles se reúnan con el fin de escuchar la última Palabra, que resonará en el espíritu de cada uno de ellos como invitación al Cielo, mientras Miguel con sus ángeles vencerá a Satanás y a sus demonios.
“Bienaventurado el que espera y llega a 1335 días”, quiere decir: “Bienaventurado el que persevere hasta el fin”, pues será salvado.

A ti te digo: “Ve hasta el plazo establecido (De tu tiempo de vida en la Tierra) y tendrás sosiego, y permanecerás en tu suerte hasta el fin de los días”.


ET EXPECTO RESURRECTIONEM MORTUORUM ET VITAM VENTURI SAECULI. AMEN.







LAS ENFERMEDADES DE LOS SANTOS Y DE LOS PECADORES: PALABRAS Y MILAGROS EN ARBELA

Jesús es un Dios compasivo y misericordioso

   

En este mundo, en donde está mezclado el Bien y el Mal, ya que no se ha producido aún la separación de estos dos componentes del espíritu humano, tienen que convivir los sufrimientos de los Justos con los de los pecadores. Pero los sufrimientos de los Justos, como en el caso de Job, son siempre cruces para expiar nuestros pecados y también los pecados de la humanidad, a ejemplo de Jesús, y también para santificar aún más las almas de los buenos, mientras que el sufrimiento de los pecadores son castigos a sus malas acciones, pero también están mandados por la Providencia divina, para tratar de llevar  esas almas perdidas por el camino recto.

Dice Jesús:
"Existen enfermedades santas, enviadas por el Señor a sus justos, para que en el mundo, que de si mismo hace el todo y el medio del gozo, haya santos como rehenes de guerra para salvación de los demás".
Por esa razón, mientras que el mundo se entrega cada vez más al placer material, olvidándose por completo del Sacrificio que es la Cruz de todos los seguidores de Cristo, no cesan las persecuciones a los cristianos, los desastres naturales nunca vistas hasta ahora como los huracanes, los incendios, los maremotos, los asesinatos, las aberraciones sexuales y tantas desgracias más. 

Es Dios que nos habla, pero la ciencia quiere encontrar una explicación natural en el cambio climático, en las emisiones de Co2, pero esto no explica la tremenda crisis moral, cada vez más importante, lo que es una ofensa gravísima a Dios. Estamos asistiendo a los preludios del fin del mundo que ha de producirse cuando el mundo se haya olvidado completamente de Dios, ya que entonces el Sacrificio de Cristo, habrá sido inútil, y por eso el mundo no tendrá razón de ser.



El sentido de las enfermedades;
 la insidia de los Fariseos
(Del Poema del Hombre Dios de María Valtorta)

¿Cuándo vuelve a su patria un pueblo? Cuando regresa a las tierras de sus padres. Yo vengo a conduciros de nuevo a las Tierras del Padre vuestro, al Reino del Padre. Puedo hacerlo porque para hacer esto, he sido enviado. Vengo por tanto a conduciros al Reino de Dios. Es pues justo, equipararos con los que con Zorobabel regresaron a Jerusalén, la ciudad del Señor; y es justo hacer con vosotros como hiciera Esdras, el escriba, con el pueblo recogido de nuevo dentro de los muros sagrados. Porqué, reconstruir una Ciudad, dedicándola al Señor, y no reconstruir las almas, cada una semejante a una pequeña ciudad de Dios, es necedad sin igual.

¿Cómo reconstruir estas pequeñas ciudades espirituales, por muchas razones derruidas? ¿Qué materiales se habrán de usar para hacerlas sólidas, hermosas, duraderas? Los materiales están en los preceptos del Señor. Los diez mandamientos. Vosotros los sabéis porque Felipe, hijo vuestro y discípulo Mío, os los ha recordado. Los dos Santos entre los preceptos santos: “Ama a Dios con todo tu ser, ama al prójimo como a ti mismo”, son el compendio de la Ley. Y estos preceptos predico Yo, porque con ellos, segura es la conquista del Reino de Dios. En el amor, uno encuentra la fuerza de conservarse santo, o de venir a serlo, la fuerza del perdón, la fuerza de las virtudes heroicas: todo lo encuentra en el amor.

No es el miedo lo que salva: El miedo al juicio de Dios, a las sanciones de los hombres, a las enfermedades. El miedo nunca es constructivo, antes bien agita, disgrega, desencaja, quebranta. El miedo lleva a la desesperación, lleva solo a la astucia, para ocultar las malas acciones; lleva solo a temer, cuando ya el temor es inútil cuando el mal está  en nosotros. ¿Quién se preocupa, mientras está sano de ser prudente, por piedad hacia su cuerpo? Nadie. Pero en cuanto el primer escalofrío de fiebre culebrea por las venas, o una mancha hace pensar en enfermedades impuras, en ese momento, viene el miedo, como tormento que se agrega a la enfermedad, como fuerza disgregadora en un cuerpo al que ya la enfermedad disgrega.

El amor, por el contrario construye. El amor edifica, da solidez, mantiene la cohesión, preserva. El amor porta esperanza en Dios; aleja de las malas acciones; conduce hacia la prudencia hacia el propio cuerpo, que no es el centro del universo (como lo creen y le hacen los egoístas, los falsos amantes de sí mismos, porqué aman solo una parte, la menos noble, con perjuicio de la parte inmortal y santa), pero qué, en todo caso, debe ser conservado sano, hasta que Dios no decida lo contrario, para ser útiles a nosotros mismos, a la familia, a la propia ciudad, a la Nación toda.

Es inevitable que vengan las enfermedades, y no se puede decir que toda enfermedad sea prueba de vicio o castigo. Existen enfermedades santas, enviadas por el Señor a sus justos, para que en el mundo, que de si mismo hace el todo y el medio del gozo, haya santos como rehenes de guerra para salvación de los demás, los cuales pagan personalmente para expiar con su sufrimiento la dosis de culpa que diariamente acumula y que acabaría cayendo sobre la humanidad, sepultándola bajo su maldición.

 
¿Recordáis el anciano Moisés orando mientras que Josué combatía en nombre del Señor? Tenéis que pensar que quien sufre con santidad presenta la mayor batalla al más feroz guerrero que habita en el Mundo, celado bajo la apariencia de hombres y de Pueblos, a Satanás, el Torturador, el origen de todo mal; y combate por todos los demás hombres. ¡Más, cuanta diferencia entre estas santas enfermedades que Dios manda y las enviadas por el vicio a causa de un pecaminoso amor por la carnalidad! Las primeras, son pruebas de la voluntad benéfica de Dios; las segundas, pruebas de la corrupción satánica.

Así pues, es necesario amar par alcanzar la santidad, porqué el amor crea, preserva, santifica.

Yo también, anunciándoos esta verdad, os digo, como Nehemías y Esdras: “Este día está consagrado al Señor Dios nuestro. No guardéis luto, no lloréis”. Porque todo luto cesa cuando se vive el día del Señor. La muerte suspende su aspereza, pues de la pérdida de un hijo, del marido, de un padre o una madre o un hermano, se transforma en una separación transitoria y limitada: transitoria porque con nuestra muerte cesa; limitada, porque se limita al cuerpo, a lo sensible.

 
El alma nada pierde con la muerte del familiar fallecido. Es más, de las dos partes, ahora una sola está limitada en su libertad, la nuestra, que todavía permanecemos con el alma encerrada en la carne; la otra parte, la que ha pasado a la segunda vida, goza de la libertad y del poder de velar por nosotros y de obtener para nosotros mucho más que cuando nos amaba en la cárcel de su cuerpo.

Os digo como Nehemías y Esdras: “Id a comer pingües carnes y a beber dulce vino, y enviad raciones a quien no tiene, porqué es día consagrado al Señor, y en este día, ninguno debe sufrir. No os entristezcáis, porque el gozo del Señor, que está entre vosotros, es la fuerza de quien recibe la Gracia del Señor Altísimo en su ciudad y en su corazón”.

Ya no podéis celebrar los Tabernáculos. Su tiempo ha pasado. Alzad, eso sí, tabernáculos espirituales en vuestros corazones. Subid al monte, es decir, ascended hacia la Perfección. Coged ramas de olivo, mirto, palma, encina, hisopo, de los más bellos árboles. Ramas de las virtudes: paz, pureza, heroísmo mortificación, fortaleza, esperanza, justicia… todas, todas las virtudes. Adornad vuestro espíritu celebrando la fiesta del Señor. Sus Tabernáculos os esperan. Los suyos, Tabernáculos hermosos, santos, eternos, abiertos a todos aquellos que viven en el Señor. Y, conmigo, hoy, proponeos hacer penitencia del pasado, proponeos empezar una vida nueva.

No tengáis miedo del Señor. Os llama porque os ama. No temáis, sois sus hijos como cualquiera de Israel. También para vosotros ha hecho la Creación y el Cielo, y suscitó a Abrahán y a Moisés, abrió el mar, creó la nube que guiaba, bajó del Cielo para dar la Ley, abrió las nubes para que soltaran el maná, hizo fecundas a las rocas para que dieran agua. Y ahora, ¡Sí!, ahora también para vosotros, envía el vivo Pan del Cielo para vuestra hambre, la verdadera Vid y la Fuente de la Vida Eterna para vuestra sed. Y, por mi boca, os dice: “Entrad. Tomad posesión de la Tierra que Yo, alzando mi mano, os entrego”. Mi tierra espiritual: El Reino de los Cielos”.

La multitud intercambia palabras entusiastas.
Luego… los enfermos. Muchos. Jesús los manda colocarse en dos filas. Mientras se lleva esto a cabo, pregunta a Felipe de Arbela: “¿Por qué no los has curado tú?”.
“Para que tengan lo que yo tuve: la curación por medio de Ti”.
Jesús pasa bendiciendo, uno a uno a los enfermos, y se repite el mismo prodigio de ciegos que recobran la vista, sordos que oyen, mudos que hablan, tullidos que se enderezan, fiebres y estados de debilidad que desaparecen.
Las curaciones han quedado concluidas. Al final, después del último enfermo, están los dos Fariseos que habían ido a Bosrá y otros dos.

“Paz a ti, Maestro. ¿A nosotros, no nos dices nada?”.
“He hablado para todos”.
“Pero nosotros no tenemos necesidad de esas palabras. Somos los santos de Israel”.
“A vosotros, que sois maestros os digo: comentad entre vosotros el capítulo que sigue, el noveno del segundo de Esdras, recordando cuántas veces Dios ha tenido Misericordia con vosotros hasta el presente: y, dándoos golpes de pecho, repetid, como si fuera una oración, la conclusión del capítulo”.
“Bien has dicho, bien has dicho, Maestro. ¿Y tus discípulos lo hacen?”.

“Si, es lo primero que exijo”.
“¿Todos? ¿Incluso los homicidas que hay en tus filas?”.
“¿Os hiede el olor de la sangre?”.
“Es voz que clama al Cielo”.
“Pues entonces, no imitéis nunca a quienes la derraman”.
“¡No somos asesinos!”.
Jesús clava en ellos sus ojos taladrándoles con su mirada.

No se atrevan a decir nada durante un rato. Pero se ponen en la cola del grupo que vuelve a la casa de Felipe, el cual se siente obligado a invitarlos a entrar y a participar en el banquete. “¡Con mucho gusto, con mucho gusto! Así estaremos más tiempo con el Maestro” dicen, haciendo enormes reverencias.

Pero una vez dentro de la casa parecen sabuesos… Miran, ojean, hacen preguntas astutas a la servidumbre, incluso a la viejecita, que me parece atraída por Jesús, como el hierro por un imán. Más ella responde enseguida. “Ayer he visto solo a estos. Vosotros soñáis. Los he acompañado hasta aquí, y el único Juan era ese muchacho rubio y bueno como un ángel”. Los Fariseos fulminan a la abuelita con un improperio y se vuelven hacia otra parte.




lunes, 12 de noviembre de 2018

DICE JESÚS: "los que harán verdaderamente vital a la Iglesia, no pocas veces serán los más humildes de la gran escala de las jerarquías, es decir, aquellos que parezcan simplemente “números”.



Dios todopoderoso ha escogida a la criatura más humilde para
revelar el Dogma de la Inmaculada Concepción de María.



Proféticas palabras de Jesús acerca de los acontecimientos de la futura Iglesia, que por el tedio, y las presiones del medio ambiente, se irá alejando del camino, guiada por ciertos pastores que no han sabido conservar la auténtica esencia de las instituciones (huida del sacrificio y de la Cruz de Cristo, antigua teología de la liberación con los curas obreros, y moderna teología de la secularización, con su relativismo, quietismo y alejamiento de las enseñanzas de Jesús y de la tradición de los Santos Padres de la Iglesia Católica, mutilando las Escrituras al no querer hablar del Infierno; del Demonio, de las posesiones y de los exorcismos, predicando insistentemente una doctrina "descafeinada").
Predicando un dios completamente indiferente al pecado y al vicio, criticando con contundencia a los Santos Padres, que son los "faros" puestos por Dios para alumbrar a los creyentes - a este respecto, cuando estudiaba para ser profesor de Religión en Granada, me levanté y le dije a un profesor: "Ud. enseña una doctrina contraria a lo que decía San Juan de la Cruz", a lo que me respondió: "Eso eran cosas de la Edad media" (sic).
       
Por esta razón, en caso de grave peligro, la Santísima Virgen se comunicó a la Iglesia a través de unos niños inocentes, que son los que están de verdad preparados para recibir a Dios, o de personas que son como niños. Y así la Santísima Virgen se apareció en Lourdes, para indicar que la Salvación está en el rezo del Santísimo Rosario, como así lo dijo siglos antes a un gran Santo: San Antonio María Claret: "La salvación de tu País está en el rezo del Santo Rosario". 

También se apareció a los pastorcillos de Fátima, explicando que la primera guerra mundial era debida a los pecados de la Humanidad, y que si no se arrepentía vendría otra peor, que fue la segunda guerra mundial, donde se produjo la mayor masacre de la historia de la Humanidad.

En este pasaje del Evangelio "ampliado", y no cambiado, de María Valtorta, Jesús explica que hoy día, Dios se comunica a través de ciertas almas escogidas que serán el desprecio de la Jerarquía, cuya misión profética es recordar las enseñanzas del Evangelio, y avisar de los errores doctrinales, que ciertos Pastores, sometidos a la presión del mundo de las modas, y de la mayoría, no son capaces de distinguir.


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EL ENCUENTRO CON LA MADRE Y LAS DISCÍPULAS
(Del Evangelio como me ha sido revelado de María Valtorta)





  [...] Están ahora en la otra parte del Jordán y andan ligeros en dirección sudoeste, dirigidos hacia una segunda cadena de montes – más elevada que la primera, que está formada por pequeñas colinas – pasada la cual se ve la llanura del Jordán. Por lo que comentan, comprendo que han evitado la llanura para evitar de caer de nuevo en el limo  que han dejado en la otra parte, y piensa dirigirse a su destino, siguiendo por los caminos interiores, mejor conservados y más transitables, sobre todo en periodo de lluvia.


“¿A qué altura estaremos?” pregunta Mateo, que se orienta mal.
“Sin duda entre Silo y Betel. Reconozco los montes” dice Tomás. “Pasamos hace poco por aquí, con Judas, que en Betel se hospedó donde algunos fariseos”.
“Te podían hospedar también a ti. No quisiste venir. Pero ni yo, ni ellos te dijimos: “No vengas”.
“Yo tampoco digo que no me lo dijerais. Digo solo que preferí quedarme con los discípulos que evangelizaban aquí”.
Y el incidente termina. Es más, Andrés manifiesta su alegría: “Si en Betel tenemos fariseos amigos, no vendrán contra nosotros”.
“Pero estamos volviendo, no estamos yendo a Jerusalén” le objetan.
“¡Tendremos que ir en todo caso para la Pascua! Y ya no se como nos las vamos a ingeniar…”.
“¡Sí, claro! ¿Por qué ha dicho que vuelve a Caná? Podían volver las mujeres, y nosotros cumplir el peregrinaje…”.
“¡Está escrito que mi mujer no celebre la Pascua en Jerusalén!” exclama Pedro.
Juan le consulta a Jesús, que está hablando animadamente con el Zelote: “Maestro, ¿cómo nos las vamos a ingeniar para ir y volver en tan poco tiempo?”.
“No lo sé. Me pongo en las manos de Dios. Si nos retrasamos, no será culpa mía”.

“Has hecho bien siendo prudente” dice el Zelote.
“¡Por mí, habría seguido! Porque no ha llegado todavía mi hora. Esto Yo lo siento. Pero, ¿Cómo habríais soportado, vosotros, la aventura; vosotros que de un tiempo a esta parte estáis tan… cansados?”.
“Maestro… tienes razón. Parece como si un demonio hubiera espirado su aliento sobre nosotros. ¡Estamos muy cambiados!”.

“El hombre se cansa. Quiere las cosas rápidas. Y sueña cosas estúpidas. Cuando se percata que el sueño es distinto de la realidad, se agita y, si no tiene buena voluntad, cede.
Olvida que el Omnipotente, que hubiera podido, en un instante, hacer el Universo del cáos, lo hizo en fases ordenadas y separadas en espacios de tiempo que se han llamado días.

Yo debo sacar del cáos espiritual de todo un Mundo, el Reino de Dios. Y lo haré. Construiré sus bases. Ya las estoy construyendo. Y debo quebrar la roca durísima, para labrar dentro de ella las bases, cimientos que no han de derrumbarse. Vosotros levantaréis lentamente los muros. Vuestros sucesores continuarán la obra, en anchura y altura. De la misma manera que Yo moriré en la obra, vosotros también moriréis, y habrán muchos otros que morirán cruenta o incruentamente, consumidos, de todas formas por este trabajo, que requiere espíritu de inmolación, de generosidad, y lágrimas y sangre, y paciencia sin medida…”.

Pedro introduce su cabeza entrecana entre Jesús y Juan, y pregunta: “¿Se puede saber qué decís?”.
“¡Hombre, Simón! Ven aquí. Hablábamos de la futura Iglesia. Estaba explicando que, al contrario de vuestras prisas, cansancios, desánimos, etc. requiere calma, constancia, esfuerzo, confianza. Estaba explicando que requiere el sacrificio de todos sus miembros. Desde Mí, que soy su fundador, su Cabeza mística, hasta vosotros, hasta todos los discípulos, hasta todos aquellos que lleven el nombre de cristianos y el de pertenecientes a la Iglesia Universal.

 Y, en verdad, los que harán verdaderamente vital a la Iglesia, no pocas veces serán los más humildes de la gran escala de las jerarquías, es decir, aquellos que parezcan simplemente “números”. Verdaderamente, no pocas veces tendré que refugiarme en éstos para seguir manteniendo viva la fe y la fuerza de los colegios apostólicos que se renovarán siempre; y tendré que hacer de estos apóstoles personas atormentadas por Satanás y por los hombres envidiosos, soberbios e incrédulos. Y su martirio moral no será menos penoso que el martirio material: si, se verán entre la voluntad activa de Dios y la voluntad mala del hombre, instrumento de Satanás, que tratará por todas las artes y violencias de presentarlos embusteros, locos, obsesos, para paralizar mi obra en ellos y los frutos de mi obra, cada uno de los cuales es un golpe victorioso contra la bestia”.
“¿Y resistirán?”.
“Resistirán. Incluso sin tenerme materialmente a su lado. Deberán creer no solo en lo que se debe ser, sino también en su secreta misión; creerla santa, creerla útil, creerla proveniente de Mí. Y, mientras, en torno a ellos, Satanás, sibilante, tratará de aterrorizarlos, y el mundo gritará para escarnecerlos, y gritarán los no siempre perfectamente luminosos ministros de Dios para condenarlos. Este es el destino de mis futuras voces. Y, con todo, no tendré otro modo de hacer reaccionar a los hombres y llevarlos al evangelio y a Cristo.

Ahora bien, como contrapartida a todo lo que les pida y les imponga y de todo lo que reciba de ellos, ¡Oh, les daré eterno gozouna Gloria especial! En el Cielo hay un libro cerrado. Solo Dios puede leerlo. En él están todas las verdades. Pero Dios, alguna vez quita los sellos y despierta las verdades ya dichas a los hombres, y constriñe a un hombre, elegido para tal destino, a conocer el pasado, presente y futuro como están contenidos en el libro misterioso. ¿Habéis visto alguna vez a un hijo, el mejor de la familia, o a un alumno, el mejor de la escuela, ser convocados por el padre o el maestro para leer en un libro de adultos y para escuchar la explicación?

Está al lado de su padre o de su maestro, abarcado por uno de sus brazos, mientras la otra mano, del padre o del maestro, señala con el índice los renglones que quiera que lea y conozca el predilecto. Lo mismo hace Dios con sus consagrados para tal destino. Los acerca hacia sí, los tiene cogidos con su brazo, y los fuerza a leer lo que Él quiere, y a saber su significado, y luego a decirlo, y recibir a cambio burlas y dolor. Yo, el hombre encabezo la estirpe de los que dicen las Verdades del libro celeste; y recibo burlas, dolor y muerte. Pero el Padre ya prepara mi Gloria. Y Yo, cuando haya subido a ella, prepararé la gloria de aquellos a quien haya forzado a leer en el libro cerrado los puntos que quería que leyeran, y, en presencia de toda la Humanidad resucitada y de los coros angélicos, los señalaré como los que fueron, y los invitaré a acercarse; entonces abriré los sellos del Libro que ya será inútil tener cerrado, y ellos sonreirán al verlos de nuevo escritas, al volver a leer las palabras que ya les fueron iluminadas cuando sufrían en la Tierra”.

“¿Y los otros?” pregunta Juan, que está atentísimo a la lección.
“¿Qué otros?”.
“Los otros, que como yo no han leído en la Tierra aquel Libro, ¿no sabrán nunca lo que dice?”.
“Los bienaventurados en el Cielo, absorbidos en la Sabiduría infinita, sabrán todo”.
“¿Inmediatamente? ¿Nada más morir?”
“Nada más entrar en la Vida”.

“¿Pero entonces porque en el Último día vas a hacer ver que los llamas para conocer el Libro?”.
“Porque no estarán solo los bienaventurados viendo esto, sino toda la Humanidad. Y muchos, en la parte de los condenados, serán de aquellos que se burlaron de las voces de Dios como de voces de locos y de endemoniados, y los atormentaron por causa de aquel don suyo. Tardía pero obligada revancha concedida a estos mártires del malvado embotamiento del Mundo”.
“¡Qué bonito será verlo!” exclama Juan arrobado.
“Sí. Y ver a todos los fariseos amolar los dientes de rabia” dice Pedro, y se frota las manos.

“¡Yo creo que miraré solo a Jesús y a los benditos que lean con Él el Libro!...” responde Juan con una sonrisa de niño en sus labios rojos, soñando con esa hora, perdido sus ojos en quien sabe que visión de Luz, ahora más brillantes por un acceso de llanto emotivo que no brota pero pone esplendorosos sus iris garzos.
El Zelote le mira, también Jesús le mira. Pero Jesús no dice nada. El Zelote, sin embargo dice: “¡Te mirarás entonces a ti mismo! Porqué si entre nosotros hay uno que será “voz de Dios” en la Tierra y será llamado a leer los puntos del Libro sellado, ése eres tú, Juan, predilecto de Jesús y amigo de Dios”.
“¡No digas eso!” Yo soy el más ignorante de todos. Soy tan negado para todo que, si Jesús no dijera que de los niños es el reino de Dios, pensaría que no podría nunca alcanzarlo. ¿No es verdad, Maestro, que yo valgo sólo porqué soy semejante a un niño?”.

“Sí, perteneces a la bienaventurada infancia. ¿Y bendito seas por ello!”.
Siguen andando todavía un rato; luego Pedro, que mira hacia atrás por el camino de caravanas en que ya se encuentran, exclama: “¡Misericordiosa Providencia! ¡Aquel es el carro de las mujeres!”.
Todos se vuelven. Es realmente el pesado carro de Juana. Viene tirado por dos robustos caballos al trote. Se paran para esperarle. La cubierta de cuero, enteramente echada, impide ver a las personas que vienen dentro del carro. Pero Jesús hace un gesto para que se detenga, y el conductor reacciona con una exclamación de alegría cuando ve a Jesús erguido y con el brazo levantado al borde del camino.

Mientras el hombre para a los dos caballos que venían resoplando, se asoma por la apertura del tendal el rostro flaco de Isaac: “¡E Maestro!” grita. “¡Madre, alégrate! ¡Está aquí!”.
Se producen en el interior del carro voces de mujeres y confuso rumor de pisadas; pero antes de que una sola de las mujeres baje, ya han saltado al suelo Manahén, Margziam e Isaac, y corren para venerar al Maestro.
“¿Todavía aquí, Manahén?”.
“Fiel a la consigna. Y ahora más que nunca, porque las mujeres tenían miedo… Pero… Te hemos obedecido porque se debe obedecer, aunque – créelo -  no había nada preocupante. Sé con certeza que Pilatos ha llamado al orden a los turbulentos, diciendo que quienquiera que provoque sediciones en estos días de fiesta será castigado duramente. Creo que no es ajena a esta protección su mujer, y sobre todo, las damas amigas de su mujer. En la corte se sabe todo y nada. Pero se sabe lo suficiente…” y Manahén se aparta para dejar sitio a María, que ha bajado del carro y ha recorrido los pocos metros de camino, trémula y toda emocionada.
Se besan, mientras todas las discípulas, veneran al Maestro. Pero no están ni María ni Marta de Lázaro.

María susurra: “¡Cuanta congoja desde aquella noche! ¡Hijo, cómo te odian todos!” y unas lágrimas descienden siguiendo las líneas rojas, que son las señales de muchas otras, vertidas esos días.
“Pero ya ves que el Padre provee. ¡Así que no llores! Yo desafío con coraje a todo el odio del mundo. Pero una sola lágrima tuya me abate. ¡¡Ánimo, Madre Santa!!” y, teniéndola arrimada contra sí con un brazo, se vuelve hacia las discípulas para saludarlas; y dedica palabras especiales a Juana, que ha querido regresar para acompañar a María.

“¡Maestro, no es ningún esfuerzo estar con tu Madre! María está retenida en Betania por los sufrimientos de su hermano. He venido yo. He dejado a los niños al cuidado de la mujer del guardián del palacio; es una mujer buena y maternal. Y ya está también Cusa. ¡Fíjate Tú si le va a faltar algo a nuestro querido Matías, predilecto de mi marido! Pero también Cusa me dijo que partir era inútil. La medida de contención impuesta por el Procónsul le ha roto las uñas también a Herodías. Y además él, el Tetrarca, tiembla de miedo, y no tiene más que un pensamiento: vigilar para que Herodías no le destruya  ante los ojos de Roma. La muerte de Juan ha echado abajo muchas cosas que estaban a favor de Herodías. Y Herodes siente también, y muy bien, que el Pueblo está rebelado contra él por la muerte de Juan. La raposa intuye que el peor castigo sería perder la odiosa y humillante protección de Roma. El Pueblo arremetería contra él inmediatamente.  Por tanto, no dudes que no hará nada por propia iniciativa”.

“¡Entonces volvemos a Jerusalén! Podéis caminar tranquilos en cuanto a vuestra seguridad. Vamos. Que las mujeres monten de nuevo en el carro, y con ellas Mateo y quien esté cansado. Descansaremos en Betel. Vamos”.
Las mujeres obedecen, suben con ellas Mateo y Bartolomé. Los otros prefieren seguir al carro a pie junto con Manahén, Isaac y Margziam. Y Manahén cuenta como ha hecho las averiguaciones para saber lo que había de verdad en la bravata del herodiano, que había extendido un velo de dolor sobre el grupo tranquilo reunido en Betania en casa de Lázaro, “que sufre mucho” (dice Manahén).

“¿Ha ido una mujer a Betania?”.
“No, Señor. Pero nosotros hace tres días que faltamos de allí. “¿Quién es?”.
“Una discípula. Se la daré a Elisa, porque es joven, está sola y no tiene medios”.
“Elisa está en el palacio de Juana. Quería venir. Pero está muy resfriada. Ardía en deseos de verte. Decía: “¿Pero no comprendéis que mi paz está en verle?”.
“Voy a darle también una alegría con esta joven. ¿Y tú, Margziam, no hablas?”.
“Escucho, Maestro”.
“El muchacho escucha y escribe. De uno u otro requiere que le repitamos tus palabras, y escribe, escribe. ¿Pero las habremos dicho bien?” dice Isaac.

“Las miraré Yo y añadiré lo que falte en el trabajo de mi discípulo” dice Jesús acariciando al carrillo morenito de Margziam. Y pregunta: “¿Y el anciano padre? ¿Le has visto?”.
“¡Sí! No me reconocía. Lloró de alegría. Pero le veremos en el Templo porque Ismael los envía. Es más, les ha dado más días este año. Tiene miedo de Ti”.
“¡Claro, mira este! ¡Después de la bromita que le sucedió a Cananías en Sebat!” dice Pedro, y ríe.
“Pero el miedo a Dios no construye; al contrario, destruye. No es amistad. Es solo una espera que a menudo se transforma en odio. Pero cada uno da lo que puede…”.
Prosiguen el camino y los pierdo de vista.