MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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martes, 16 de mayo de 2017

ACLARACIÓN DE JESÚS SOBRE LA VISIÓN DEL COSMOS




LA CONSTELACIÓN LLAMADA "EL OJO DE DIOS"






            La visión del Cosmos, relatada de una manera humana, es siempre imperfecta, a pesar de la ciencia que comunica la observación y el estudio. A ese efecto, relatan la trayectoria de algunos astros o cometas, que tienen trayectorias rectas, que se deslizan como serpientes, o que tienen recorridos sinuosos. Esto parece contradecirse con la Ciencia, que dice que la trayectoria de los astros sigue siempre unas leyes, que son una curva cónica como puede ser una parábola, una elipse o una hipérbola.

           Por esa razón, interviene ahora Jesús, explicando de una manera racional y exacta, sin que la Ciencia humana pueda contradecir alguna de sus palabras, lo que demuestra de una manera inequívoca que es realmente Él quien habla, y que es el autor de todo lo que existe en el Universo, además, aclara de una magistralmente, la diferencia tan abismal que existe entre la creación material, perecedera, y en contigua agonía por el gasto y la degradación de la materia, y la Creación espiritual, indegradable y eterna.

          Esto es lo que explica tan bien San Juan de la Cruz, cuando dice: toda la belleza del mundo, comparada con la belleza de Dios es suma fealdad, toda la Ciencia, suma ignorancia, toda la riqueza, suma pobreza, y toda la gracia suma desgracia. El mundo pues al ser la imagen de Dios, es como un espejismo, que refleja de cierta manera al Creador, pero es como un mundo virtual, que está pero que no existe, ya que un día desaparecerá, mientras que Dios y la Creación espiritual permanecerán para siempre. Está escrito en la Epístola: “Nadie vio, nadie oyó, ni cayó en mente humana lo que Dios tiene reservado para sus elegidos”

        El mundo es pues un sueño de Dios, que se produce el séptimo día de la Creación, que es cuando Dios descansó, y digo que es un sueño, porque cuando soñamos, se producen acontecimientos en los cuales no interviene nuestra voluntad.

        En cierta manera el mundo es también una mentira, porque el reloj, indicando la hora miente continuamente, mientras que en la Eternidad, que es el “Medio día”, como lo dice S. Juan de la Cruz, citando el Cantar de los Cantares de la Biblia, el reloj está parado a las doce y por eso no miente nunca. Esta mentira del mundo, que es el tiempo, necesario para la recreación del alma, permite por eso la presencia de Satanás, que es el padre de la mentira, y que es necesario para esa recreación, ya que es el catalizador que separa los dos componentes que son el bien y el mal presentes en cada ser humano.




De los cuadernos de Mª Valtorta
  
          Dice Jesús:

          “Y ahora Yo te hablo:
           Te he mostrado solamente un ángel, un simple ángel. No era un serafín, un querubín, ni un arcángel. Era solo un ángel, diría que era el más pequeño, y te lo he mostrado para hacerte comprender que es un ángel común en las filas que exultan en el Cielo. Y has visto cómo su luz, que otorga un cuerpo etéreo a su esencia hecha solo de espíritu, ha ofuscado la luz de todos los astros juntos.

          Con el deseo de mi Pensamiento, he llamado a un ángel y ha venido desde el más lejano Empíreo, y entre mi llamado y el momento en que se ha postrado a mis pies, no ha pasado ni siquiera una fracción de tiempo que llamáis segundo.

          He querido esto para demostrarte cómo, los que creen ser sabios porque conocen los dogmas de la ciencia humana, no siempre exactos y nunca completos, y se creen dueños de un océano de luz, de verdad y de belleza, en realidad poseen solo una partícula de los mismos, y para colmo, unida a muchas escorias.

            Has dicho: “¡Cuántos misterios hay aquí arriba!”.
          Es así, ¡oh estrellita de tu Maestro! La vida no se detiene en esta creación. No se detiene en ninguna parte de ella. Y no se detendrá hasta que Yo haya dicho: “¡Basta!” y cambie, como está establecido en mi Pensamiento, los aspectos y las leyes que hace miles de siglos he dado a la Vida.

          Vida es la del éter, que con su ligera solidez facilita la carrera de los astros y sostiene su peso y que con su composición y frigidez permite la perfección cada vez mejor de los mismos hacia ese límite máximo que he establecido para cada vida. Aquí se obedece mi voluntad. Vida es la de los astros y planetas que, partiendo de nebulosas que podíamos llamar fetos de astros formados en el amplio seno del éter, van solidificándose lentamente, se nutren como voraces bocas del mismo modo que un niño arrebata alimento y zumo del seno de la nodriza. La misma insomne carrera de todas estas vidas estelares  permite al fluir de ellas de moléculas – gases y metales – que encienden las nebulosas y en el fuego se funden con el núcleo primitivo y se hacen cada vez más concretas y, al final, la llama se convierte en fuego y el fuego en astro. Se suceden esponsales y nacimientos, nacimientos y esponsales, y muerte de astros longevos  que, al disgregarse en la última convulsión vital, se hacen núcleos de otras vidas, latentes en el gran río de la Galatea. No hay una siquiera que no tenga una misión de amor también para vosotros, que estáis lejos, a distancias de miles de millones de kilómetros; para vosotros que estáis aún más lejos, porque ya no sabéis “ver” con los ojos de hijos de Dios.

          Te he mostrado ese polvo de astros, que es polvo respeto al fulgor de mi ángel. Más, ¡oh pequeña hija a quien alzo los velos del misterio para hacer olvidar la Tierra y enamorarse de cada vez más de mi Patria!, ¿Cómo hemos de llamar el polvo de los que son grandes solo en cuanto al orgullo, de los que llevan el nombre de hombre?

            ¿A esos podría decirles: “Mirad”? No, pues no verían. Y  no creerían aunque les hiciera ver por un milagro de Mi Potencia. Han masticado el pan y el fruto de su soberbia y de la ciencia humana. Y se han enloquecido. Di y doy páginas de verdad y de santidad. Más, para muchos, caen por los suelos como briznas de mísera paja. Los “hombres” – démosles el título de nobleza de acuerdo con el concepto que ellos tienen – no se cuidan de estas palabras.

    “Hombre” debería querer decir: “hijo de Dios, hecho a imagen y semejanza del Padre en los pensamientos, en los afectos, en los actos, en los impulsos, en los deseos”. Los hijos son así. En cambio, actualmente “hombre” significa “el animal más soberbio, más vacuo, más cruel, más fútil, más contrario a Dios”. Cree serlo todo. Es una nada. Lo es porque es solamente “hombre” y ya no es más “Hijo de Dios”.

  ¿Dónde está el espíritu del hombre? ¿Quién lo posee aún?
Hija, dejemos a estos infelices librados a su triste suerte, a la que intentamos arrebatares con el Amor. Solo el Amor puede lo que ninguna otra cosa puede. Más, aún que sea “potente”, a menudo queda impotente porque choca contra una soberbia que permanece impertérrita ante todos los ataques del Bien.

     Se creen dioses porque tienen en los labios el agresivo fruto del saber humano. Adán que se perdió por querer conocer, por querer conocer para convertirse en “dios” (Gn 3, 1-7), no muere. Sus tendencias renacen en cada uno de los hombres.

Ven. Que a los Hijos de la Luz, a los Hijos de Dios, sea dado el pan y el fruto de la Verdad y la Sabiduría, que no se refieren solo a lo que es inherente a Dios, sino también a todo lo que existe en el Universo, puesto que todo vino de Dios.

Aspira al Cielo. Aquí ya no habrá disonancias entre ti y los que estén a tu lado. Aquí, ya no habrá contrastes entre tu desear y tu tener. Aquí descansarás feliz y regocijada. Aquí me tendrás… Si el tenerme en medio de las constricciones de tu condición de ser viviente en la Tierra te proporciona el gozo que te exalta, considera qué significará tenerme ya sin más límites.

La vida pasa. El Cielo llega. El dolor muere. La bienaventuranza permanece. Los que me amaron y me sirvieron serán las estrellas eternas cuando todos los astros hayan muerto en el final de la Creación. serán mis estrellas…”.






         





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