MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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jueves, 12 de julio de 2018

II/II DIOS NO AMA A LOS PEREZOSOS E INTENTA SALVAR A LAS ALMAS POR TODOS LOS MEDIOS, RESPETANDO SU LIBRE ALBEDRÍO

DIOS INTENTA POR TODOS LOS MEDIOS ATRAER HACIA SÍ
A LOS HOMBRES DE TODA CONDICIÓN
.


Esta es la lectura del Profeta Oseas de la misa del 12/97/2.018, palabras que confirman los escritos de los cuadernos de María Valtorta, que reproducimos, en donde se muestra el amor de Dios a su pueblo, y como está pendiente de los creyentes, llamándolos con gran ternura y clamando contra los pecadores que se han olvidado de sus dones materiales y espirituales, hasta el punto de olvidase de agradecerlo.
Es lo que pasó con el milagro de la multiplicación de los panes y los peces que saciaron a más de 5.000 hombres, Jesús se retiró solo al monte para darle gracias a su Padre, ya que  el pueblo se olvidó de hacerlo.


Oseas 11, 1-4.

Así habla el Señor: 
Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Pero cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí; ofrecían sacrificios a los Baales y quemaban incienso a los ídolos. 
¡Y yo había enseñado a caminar a Efraím, lo tomaba por los brazos! Pero ellos no reconocieron que yo los cuidaba. 
Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer. 
Mi corazón se subleva contra mí y se enciende toda mi ternura: no daré libre curso al ardor de mi ira, no destruiré otra vez a Efraím. Porque yo soy Dios, no un hombre: soy el Santo en medio de ti, y no vendré con furor. 





DE LOS CUADERNOS DE MARÍA VALTORTA
(16-9- 1.943)


Dice Jesús:
[...] Vuestro Dios obrará todos los prodigios para atraer a Sí el mayor número de vivientes, porque soy Dios de Misericordia, de Perdón y de un amor tan infinito que por mucho que pudierais estudiar y penetrar su medida, no lo lograréis. Lo que creéis que sea la infinidad de mi Amor por vosotros, es como una pequeña piedrecita del arenal de un río respeto a una entera cadena montañosa, cuyas bases dividen los continentes  y cuyas cimas se ciñen entre las nubes.
¿Pero crees que tantos prodigios de Amor y tantas luces de Espíritu convertirán a los hombres a su Dios Eterno? Desengáñate. Si Yo tuviese los cuidados que tendré con vosotros para las necesidades de vuestro cuerpo -solo estas - hacia pobres animales faltos de razón, esos animales, con sus lenguajes informes, me alabarían del alba al anochecer, y si supieran donde encontrarme partirían de todas las partes del globo para venir a dar las gracias a su benéfico Tutor. Pero los hombres no.
Están prácticamente en su totalidad absolutamente sordos a las voces y a los dones espirituales, y casi del todo sordos a los dones corporales, en lugar de reconocer mi Bondad y de amarme por gratitud, aprovecharán el bienestar que les daré para descender cada vez más en el abismo que les gusta, donde se revuelcan como bestias inmundas en un pantano, y les espera lo que seduce a los 9 décimos de la humanidad: codicia, lujuria, fraudes, violencia, robo. herejía, supersticiones y otras corrupciones del sentido y de la mente, tan horribles que a los honestos les parece imposible que puedan ser verdaderas, pero verdaderas son y hacen enrojecer a los Cielos y soliviantar con indignación a nuestra Divinidad... 


De los cuadernos del 18 - 10 - 1.943
(Continuación del mensaje anterior I/II)

Aquí Jesús explica que los que han llevado toda una vida de resignación, ofrecida a Cristo, son como Mártires ya que muchas veces el llevar una vida de abnegación, es aún más difícil que el martirio, porque es mucho más prolongada. 
En el Cielo veremos la cantidad innumerable de mártires que han venido de la gran tribulación, con palmas de triunfo en las manos, como lo vio Juan en el Apocalipsis, por haber sido explotados, esclavizados, maltratados y menospreciados por los poderosos. 
Son gente que ha soportado con gran resignación y paciencia y que han sabido cumplir las palabras de Jesús al pie de la letra: 

"El que quiera venir en pos de Mí y ser mi seguidor, tiene renunciar a si mismo, aceptar la cruz y seguirme" (Mat 16, 24).

                                                           
[...] ¡Si supierais que enorme gracia supone cada venida de Dios-Amor! Si lo comprendierais diríais a cada momento: "¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven a guiar mi alma! Se mi Rey y Maestro" Si lo supierais, señalaríais cada encuentro, cada venida entre los días más dichosos de vuestra vida de hombres. Y en verdad ningún acontecimiento es tan dichoso como el que Yo entre con mi amor en vuestro corazón para salvaros y conduciros, más allá de la vida, a la Vida verdadera, eterna y bienaventurada.

Cuando por vuestra negligencia habéis dejado pasar de largo a vuestro Maestro, afligido por vuestra indolencia espiritual; cuando el remordimiento, grito de vuestra conciencia, que nunca calla completamente, ni siquiera en los más depravados, despierta vuestra alma que habéis aturdido en la tibieza y en la materialidad, sed diligentes en la reparación. Buscad inmediatamente a Dios.

Pensad que sin Dios se vaga por caminos de muerte hasta perecer para siempre. Pensad también que Dios es piadoso y tiene entrañas de caridad con vosotros. Él escucha inmediatamente vuestro grito que lo llama y, aunque si para vuestro castigo está escondido durante algún tiempo, no está lejos. Vosotros no lo veis, pero Él está cerca de vosotros con su corazón de Padre que perdona al hijo desviado y anhela estrecharlo contra su corazón.
Buscad inmediatamente a Dios. Rebasad las guardias  de ronda: las insidias que el enemigo emplaza a lo largo del camino para impedir que un alma se le escape para refugiarse en Dios, No os importe que Satanás, envidioso y cruel, os despoje por venganza.

Me permito aquí hacer una aclaración a estas palabras de Jesús, ya que mucha gente dirá: ¿Como es que Dios permite al Demonio que ejerza su venganza? la respuesta la da San Juan de la Cruz cuando dice que Dios permite al Demonio atacar incluso físicamente a los Santos, como le ha ocurrido a San Pablo, a él mismo, a Santa Teresa y al Santo Cura de Ars. Es por razones de Justicia que Dios permite de una manera igualitaria: la lucha entre el Bien que es Dios, y el mal que es Satanás, tiene que ser neutral, si Dios visita el alma con esa dulzura sublime, tiene que permitir al demonio que ataque a esas mismas almas con crueldad y odio.

Es mejor para vosotros entrar desnudos de humanidad en la vida eterna, ricos tan solo de riquezas espirituales que acompañados a los umbrales de Dios por afectos, honores, alegrías terrenas, para ser arrojados fuera porque ya lo habéis tenido todo y no merecéis más, habiendo preferido tener este todo, que cae y os arrastra al caer, perdiendo lo único que es necesario tener: la moneda para entrar en la Vida Eterna, acumulada con fatigas, esfuerzos, paciencia espiritual, brotes santos que van granando poco a poco obedeciendo mi Ley por amor, perlas místicas  adquiridas con dolor sufrido por amor, rubíes eternos creados por vuestro deseo de ser mis hijos, contra las voces de la naturaleza carnal, contra los escarnios y las venganzas del mundo, contra las seducciones y las iras de Satanás, soportadas venciéndose a si mismos y a los enemigos vuestros, sean hombres o demonios, queridas triturando la carne con tal de hacer triunfar el espíritu que quiere seguir la voluntad de Dios, queridas hasta hacer sudar sangre viva como Yo ante la mayor de las tentaciones, el mayor de los temores, la mayor Voluntad divina que hombre alguno haya podido sufrir.   

¡Si supierais que es vuestro "no" dicho a las fuerzas de la carne, de los afectos, de las riquezas, de los honores, para ser fieles a Quien os ama! ¡Si supierais lo que significa estar preparados para dejarse despojar aún de las cosas queridas con tal de ser totalmente de Dios!"                     

Ciertas privaciones sufridas con resignación si bien no son júbilo porque aún puede uno regocijarse con la salud inmolada según los fines de Dios, pero no puede hacerse ante una tumba que se cierra sobre un padre, una madre, un esposo, un hijo, un hermano - También Yo he sido Hombre entre los hombres, y recuerdo lo que es no volver a oír una voz querida, la casa animada por un pariente y vacía de su presencia la morada de un amigo - Ciertas privaciones sufridas con resignación, tienen el valor de un martirio, María recuérdalo -. Lo tiene como lo tiene la vida ofrecida por el adviento de mi Reino en los corazones. las fiebres, las enfermedades padecidas para que caigan las fiebres de las almas y las enfermedades de los espíritus.

El uno y el otro martirio tendrán el premio del martirio: la estola escarlata de los que vinieron a Mí a través de una gran tribulación, cortejo de fuego que seguirá al cordero junto al cándido cortejo de las vírgenes, el segundo a mi derecha, el primero a mi izquierda, porque estos héroes del espíritu son verdaderamente los hijos de mi Corazón desgarrado por un martirio de Amor, así como los primeros son los nacidos de María que más se parecen a la Madre y al Hijo de la Madre, son los que vinieron con aspecto de hombres y sentimientos de ángeles: más allá de la carne y la sangre.

Buscad al Señor con todos vuestros medios, con santa audacia. Buscadlo para reparar la desidia anterior. Y una vez que lo hayáis encontrado no volváis a separaros de Él.

En Él está el Bien que no muere. En Él está la Vida y la Verdad. Si permanecéis en él no pereceréis. Si vivís en él no moriréis, no os equivocaréis. Como la barca que entra segura en el Puerto porque su piloto la ha sabido conducir, vosotros, guiados por Cristo, entraréis en el Reino de la Paz. Os lo digo, Yo que no miento.
No os resignéis nunca, hijos que amo. Sed fieles a Mí y Yo os daré la Gloria.