MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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jueves, 9 de noviembre de 2017

COMO, CUANDO Y POR QUÉ JESÚS DICE “BASTA” PARA QUE EL ALMA SE PRESENTE ANTE ÉL PARA EL JUICIO PARTICULAR






Cristo Rey y supremo juez de toda la Humanidad




Explicación de por qué existen tanta diversidad de muertes en cuanto al modo, a la edad, y la manera de morir, ya que mueren tanto los viejos, como los jóvenes, los sanos y los enfermos, y por qué unos llevan una vida de padecimientos y de necesidades más elementales para poder sobrevivir, y otros viven en la abundancia y el derroche.
Dios no puede impedir el pecado y el egoísmo del hombre, que al no seguir sus mandamientos cae en manos de Satanás y así, como gracias al ejemplo y la oración de muchos Santos se salvan muchas almas, por los vicios y la crueldad de los hijos de Satanás, precipitan con ellos en el abismo toda una retahila de hombres-demonios que actúan muchas veces sin saberlo como sicarios del eterno enemigo de Dios.
Sin embargo, como dice San Juan de la Cruz, a pesar de que todo se desarrolla con plena libertad, Dios como Creador y Redentor de la Humanidad, puede cambiar el transcurso de los acontecimientos, cuando así lo estima oportuno. Es lo que ha ocurrido con los que construyeron la torre de Babel, cuando todos los Pueblos estaban reunidos, como está ocurriendo hoy día, para llegar a la altura de Dios, lo cual provocó su intervención, sembrando la confusión en sus dialectos para que no lleguen a un entendimiento. Es lo que ocurrió también en el diluvio y en Sodoma y Gomorra .
Es lo que ocurre también con todas las guerras, como  lo dijo la Santísima Virgen María a los pastorcillos de Fátima: la primera guerra mundial, se terminará pronto, pero si la gente no se arrepiente, vendrá otra peor.
Existe una simbiosis entre la paz en el mundo y la naturaleza, en la Vida del Santo Cura de Ars, se puede leer que cuando logró convertir todo el pueblo, no hubo ni una granizada, ni una inundación o sequía. Estamos viendo hoy día terremotos, maremotos, sequías e inundaciones, lo que es una señal inequívoca de que los creyentes se han apartado de las Leyes de Dios, gracias al relativismo que no ve diferencia alguna entre el pecado y la Virtud, lo que provoca el olvido de Dios, pecado gravísimo porque es el incumplimiento del primer mandamiento de la Ley. 

Aquí, al final de este relato, está muy bien aclarado por qué los antiguos israelitas creían que ver a Dios, significaba la muerte, pensaban que era un castigo, cuando en realidad, como tan bien lo explica San Juan de la Cruz, la vista de Dios es de un fulgor tan elevado, que el corazón del hombre estallaría de gozo. Dice el santo Doctor que solo dos criaturas han podido ver a Dios, en este mundo: son Moisés en el Sinaí, y San Pablo, cuando dijo que vio y oyó cosas en el tercer cielo, que son inenarrables. Ambos según el santo Doctor, tuvieron que ser "amparados" por el "brazo izquierdo" de Dios, para no perecer.



DE LOS CUADERNOS DE MARÍA VALTORTA 9-8-1.943


Dice Jesús:
“Temen la muerte quienes no conocen el Amor y no tienen la conciencia tranquila. ¡Y son la mayoría! Estos, cuando por enfermedad o por edad o por cualquier otro hecho, se sienten amenazados por la muerte, temen, se afligen o se rebelan. Intentan también, con todas las fuerzas y medios, huir de ella. Inútilmente porque cuando la hora está señalada, ninguna precaución sirve para hacer retroceder la muerte.

La hora de la muerte siempre es justa porque es dada por Dios. Solo Yo soy el Dueño de la vida y de la muerte y si bien no son míos ciertos medios de muerte, usados por el hombre por incitación demoníaca, siempre son mías las sentencias de muerte, dadas para quitar a un alma de demasiado tormento terreno o para impedir mayores culpas de aquella alma.
Ahora, observa, el don de vida, de una larga vida, ¿por qué puede ser dado por Mí? Por dos motivos.

-El primero: porque la criatura que goza de él es un espíritu iluminado que tiene misión de faro para otros espíritus aún envueltos en las nieblas de la materialidad. Muchos de mis santos han llegado a la ancianidad precisamente por esto. Y solo Yo sé cómo anhelaban en cambio venir a Mí.
-El segundo: doy larga vida para proveer el medio, todos los medios, a una criatura informe para formarse. Estudios, amistades, encuentros santos, dolores, alegrías, lecturas, castigos de guerras o de enfermedades, todo viene dado por Mí para tratar que un alma crezca en mi Edad, que no es como la vuestra. Porque Yo quiero decir que crecer en mi Edad quiere decir crecer en mi Sabiduría, y se puede ser adultos en mi Edad, teniendo la edad de niños en la vuestra, o viceversa ser niños en mi Edad teniendo cien años en la vuestra. Yo no miro la edad de vuestra carne que muere: miro vuestro espíritu, ¡Y quisiera que fuerais espíritus que saben caminar, hablar, actuar seguros, y no balbucientes, tambaleantes e incapaces de hacer como niños!

Esto explica el porque Yo diga mi “Basta” muy rápidamente para criaturas que encuentro adultas en la Fe, en la Caridad, en la Vida. Un padre desea siempre reunirse con sus hijos y ¡Con cuanta alegría, terminada la educación o el servicio militar, les estrecha contra su corazón! ¿Hará de otro modo el Buen Padre que tenéis en los Cielos? No. Cuando ve que una criatura es adulta en el espíritu, arde en el deseo de tomarla consigo y si, por piedad del pueblo, deja algunas veces a sus siervos sobre la Tierra a fin de que sean imán y brújula para los demás, otras no resiste y se da la alegría de poner una nueva estrella en el Cielo con el alma de un santo.

Son dos atracciones y dos aspiraciones que vienen de un agente único: el Amor. El alma, aquí donde tú estás, atrae a sí a Dios, y Dios desciende a encontrar sus delicias junto a la criatura amante que vive de Él. El alma aspira a subir para estar eternamente y sin velos con su Dios. Dios, desde el centro de su ardor, atrae a Sí el alma, así como el sol atrae la gota de rocío, y aspira a tenerla junto a Sí, gema encerrada en su triple fuego que da la Bienaventuranza.

Los brazos levantados del alma encuentran los brazos tendidos de Dios, María. Y cuando se tocan, se rozan velozmente, es el éxtasis sobre la Tierra; cuando se aprietan de una manera duradera, es la Bienaventuranza sin fin en el Cielo, de mi Cielo que he creado para vosotros, amados míos, y que me dará un sobreabundar de alegría cuando esté colmado de todos mis dilectos.
¡Qué eterno día de inmensurable alegría, de nosotros que nos amamos: Nosotros, Dios uno y trino; y vosotros, los hijos de Dios!
Pero, los otros que para su desgracia no han entendido mi Amor, no me han dado su amor, no han entendido que solo una ciencia es útil: la del Amor, para aquellos, la muerte es temor. Tienen miedo. Más miedo tienen aún si sienten que han actuado poco bien o del todo mal.

La boca mentirosa del hombre - porque raramente la boca del hombre dice la verdad, tan bella y bendita, la Verdad que Yo, Hijo de Dios y palabra del Padre, os he enseñado a decir siempre – la boca mentirosa del hombre dice, para engañar y consolar a sí mismo y engañar a los demás. “Yo he actuado y actúo bien”. Pero la conciencia, que está como un espejo de dos caras bajo vuestro yo y bajo el ojo de Dios, acusa el hombre de no haber actuado, y de no actuar nada bien, como proclama.

Por lo tanto, un gran miedo les oprime: el miedo del Juicio de Aquel a quien los pensamientos, los actos, los afectos del hombre, no le están ocultos. Pero si me teméis tanto como Juez, oh desgraciados, ¿Por qué no evitáis tenerme como Juez? ¿Por qué no me hacéis vuestro Padre? Pero si me teméis, ¿por qué no actuáis según mis órdenes? ¿No me sabéis escuchar cuando os hablo con voz de Padre que os guía, hora tras hora, con mano de amor? Pero al menos obedecerme cuando os hablo con voz de Rey. Será obediencia menos premiada porque es menos espontanea y dulce a mi Corazón. Pero será siempre obediencia. Y ¿por qué entonces no la hacéis?

La muerte no se evita. Bienaventurados los que vendrán en esta hora con vestiduras de Amor al encuentro de aquel que llega. Plácida como el tránsito de mi padre de la Tierra, que no conoció sobresaltos porque fue un justo que no tenía en su vida ningún reproche, así será la muerte de éstos. Gozosa como el sueño de mi Madre que cerró los ojos en la tierra sobre una visión de Amor, ya que de amor fue toda su vida que no conoció pecado, y los abrió en el Cielo, despertándose en el corazón de Dios, así será el fin de los enamorados.

¿Sabes, alegría Mía, que bonito será también para ti? Esta mañana, cuando Yo-Eucaristía venía, tú has tenido un sobresalto  de éxtasis porque me has visto darte a Mí mismo. Pero esto no es nada. Un granito de éxtasis puesto en tu corazón. Uno solo, para no destruirte, porque lo has notado… has creído morir de la emoción. Pero cuando sea el momento, verteré un río de alegría, porque no será ya necesario mantener tu vida humana y nos iremos juntos.

Ánimo, aún un poco de dolor por amor de tu Jesús y después tu Jesús abolirá para ti el dolor para darte a Sí mismo, completamente a Sí mismo, alegría sin medida”.

En efecto, esta mañana he tenido una impresión tan viva que he estado a punto de gritar; porque se grita no solo por miedo o por dolor, sino también por demasiada alegría. He creído que el corazón cediera en la alegría y yo muriera así, con la hostia aún sobre la lengua.