MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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domingo, 1 de abril de 2018

LA GLORIOSA RESURRECCIÓN DE JESÚS ; PROFUNDAS CONSIDERACIONES DE JESÚS SOBRE SU GLORIOSA RESURRECCIÓN.









     Me he quedado sorprendido al leer el relato de la Resurrección de Jesús, en el Evangelio tal como me ha sido revelado de María Valtorta, al analizar este icono pintado por un Cristiano Copto, he observado todas las flores y el resplandor de todo el cuerpo que emana una fulgurante luz, como así está relatado en la visión. Llama igualmente la atención la concordancia entre la visión y la imagen de la actitud de Jesús que sale del sepulcro con un fulgor resplandeciente que emana de las heridas de su Pasión, y de todo su Cuerpo, con la mano levantada bendiciendo.

    Este relato del Evangelio, es también una maravillosa descripción literaria, en donde se ve como un meteoro paradisiaco, y refulgente, que provocó un terremoto,  y transportó el Espíritu de Jesús al Sepulcro, rompiendo la puerta sellada, y aterrorizando y paralizando  a los soldados que vigilaban la entrada del mismo, como así lo relatan los Evangelios.




Tomo 10. capítulo 617 La Resurrección


            (...) Los soldados deben haber encendido un pequeño fuego durante la noche, porque hay en el suelo ceniza y tizones mal quemados; y deben de haber jugado y comido, porque hay todavía restos de comida diseminados, y pequeños huesos limpios, usados, sin duda para algún juego semejante a nuestro dominó, o nuestro infantil juego con canicas, jugados sobre un rudimentario trazado dibujado en el sendero. Luego se han cansado y han abandonado todo para buscar posturas más o menos cómodas, según fuera para dormir o para velar.

          En el cielo que ahora presenta en el Oriente un área enteramente rosada, que se va extendiendo cada vez más por el cielo sereno - donde todavía no hay rayos de sol - , aparece procedente de profundidades desconocidas, un meteoro lleno de resplandor. Y el meteoro baja - bola de fuego de irresistible resplandor - seguido de una estela rutilante, que quizás no es más que el recuerdo de su fulgor en nuestra retina. 

          Baja velocísimo hacia la Tierra, esparciendo una luz tan intensa, fantasmagórica, aterradora dentro de su belleza, que la rosada de la aurora queda anulada, superada por esa incandescencia blanca. Los soldados alzan, estupefactos, la cabeza (porque con la luz llega un estampido potente, armónico, solemne, que llena con su sonido toda la Creación). Viene de profundidades paradisiacas. Es el aleluya, el gloria angélico, que sigue al Espíritu del Cristo en su regreso a su Carne gloriosa.

          El meteoro se abate sobre la piedra que inútilmente cierra el Sepulcro. La arranca de cuajo, la echa al suelo. Paraliza, por el terror y el fragor a los soldados puestos como carceleros del Dueño del Universo. Y, a su regreso a la Tierra, al igual que había producido un terremoto cuando huyó de la Tierra, el Espíritu del Señor produce un nuevo terremoto. Entra en el oscuro Sepulcro, el cual, con esta indescriptible Luz, se llena de claridad; y, mientras la Luz queda suspendida en el aire inmóvil, el Espíritu se reinfunde en el inmóvil cuerpo bajo la mortaja.

           (...) El "Quiero" del Divino Espíritu a su fría Carne, no tiene sonido. Lo dice la Esencia a la Materia inmóvil. pero ningún oído humano percibe esa palabra. La Carne recibe ese imperativo y obedece con un profundo respiro... Durante unos momentos, nada más. Debajo del sudario y de la sábana, la Carne Gloriosa se recompone vestida de eterna belleza, se despierta del sueño de la muerte, regresa de la "nada" en que estaba, vive después de haber estado muerta. Ciertamente, el corazón se despierta y da su primer latido, impulsa en las venas helada sangre que quedaba e, inmediatamente, crea la medida total de sangre que quedaba en las arteras vaciadas, en los pulmones inmóviles, en el cerebro entenebrecido, y aporta nuevo calor, salud, fuerza, pensamiento. 

            Otro instante, y se produce un repentino movimiento bajo la pesada sábana. Tan repentino que, desde el instante en que Él mueve las manos cruzadas, hasta el momento en que aparece, majestuoso, en pie, lleno de resplendor con su vestido de inmaterial materia, sobrenaturalmente  bello y majestuoso, con una gravedad que le transforma y le eleva sin anular su identidad, la vista casi no tiene tiempo de captar los momentos sucesivos. Y ahora la vista le admira. ¡Qué distinto de como la mente recuerda! Pulcro, sin heridas de Sangre; solo resplandeciente, con el resplandor de la Luz que mana a chorros de las cinco llagas y rezuma por todos los poros de su epidermis.

               Cuando da el primer paso -  y, al moverse, los rayos que irradian las Manos y los Pies, le aureolan de rayos de Luz, desde la Cabeza, nimbada con un halo constituido por las innumerables pequeñas heridas de la corona, que ya no manan sangre sino solo fulgor, hasta el borde del vestido -, cuando, abriendo los brazos que tenía juntos en el pecho, descubre la zona de luminosidad vivísima que pasa a través del vestido encendiéndolo con un sol a la altura del Corazón, entonces realmente, es la "Luz" que ha tomado cuerpo.

               No la pobre luz de la Tierra, no la pobre luz de los astros, no la pobre luz del Sol. Es la Luz de Dios: todo el fulgor paradisíaco reunido en un solo Ser, un fulgor que le da sus inconcebibles azules como pupilas, sus fuegos de oro como cabellos, sus candores angélicos como vestido y colorido, y todo lo que constituye - y no es descriptible con palabra humana - el supraeminente ardor de la Santísima Trinidad, que anula con su potencia ardiente todo fuego del Paraíso, absorbiéndolo en sí para generarlo nuevamente en cada momento del tiempo eterno, Corazón del Cielo que atrae y difunde su Sangre, las innumerables gotas de su Sangre incorpórea: los bienaventurados, los ángeles, todo lo que constituye el Paraíso: el amor de Dios, el amor a Dios; todo esto es la Luz que es el Cristo Resucitado, que constituye el Cristo Resucitado.

               Cuando se mueve, viniendo hacia la salida, y el ojo puede ver más allá del fulgor, entonces aparecen ante mi vista dos luminosidades hermosísimas  (solo como estrellas comparadas con el sol); una hacia adentro y otra hacia afuera de la puerta, postradas en acto de adoración a su Dios que pasa envuelto en su Luz, espirando beatitud con su sonrisa; y sale. Abandona la fúnebre gruta y vuelve a pisar la tierra, la cual se despierta de alegría y resplandece toda en su rocío, en los colores de las hierbas y los rosales, en las infinitas corolas de los manzanos, que se abren por un prodigio al recibir los primeros rayos del Sol, que las besan, y ante la presencia del Sol eterno que bajo ellas domina.

               Los soldados se han quedado paralizados donde estaban... Las fuerzas corrompidas del hombre no ven a Dios, mientras que las fuerzas puras del Universo - las flores, las hierbas, los pájaros  - admiran y veneran al Todopoderoso, que pasa nimbado con su propia Luz y rodeado de un nimbo de luz solar. 

        Su sonrisa, la mirada que deposita en las flores, en las frondas, o que se alza al cielo sereno, hace aumentar la belleza de todo: y más suaves y teñido de un esfumado, sedoso colorido rosáceo, aparecen los millones de  pétalos que forman una espuma florecida sobre la cabeza del Vencedor; y más vivos aparecen los diamantes del rocío; y más azul el cielo, que refleja sus ojos refulgentes; y más festivo el Sol, que pone pinceladas de alegría en una nubecita movida por una brisa ligera que viene a besar a su Rey con fragancias arrebatadas a los jardines y caricias de pétalos sedosos.

               Jesús alza la Mano y bendice. Luego, mientras cantan más fuerte los pájaros, y más intensamente el viento perfuma, desaparece de mi vista, dejándome en un gozo que borra hasta los más leves recuerdos de tristezas y sufrimientos y las más leves vacilaciones sobre el mañana... 




CONSIDERACIONES DE JESÚS SOBRE SU GLORIOSA RESURRECCIÓN.


En estas reflexiones de Jesús, se revelan algunos interrogantes, que ningún teólogo por inspirado que haya estado, ha podido desvelar. Por qué Dios se apareció primero a María Magdalena, como relatan los Evangelios, por qué no la dejó tocarle cuando se tiró a sus pies, diciéndole Jesús: "Noli me tangere" (no me toques), cuando antes de resucitar le dejó besarlos, lavarlos con sus lágrimas, secarlos con su cabello  y ungir su cabeza con el perfume de nardo.

Jesús explica que su cuerpo Glorioso y resucitado, solo lo puede tocar un alma no solo perdonada, pero además completamente desarraigada de sus instintos humanos, como era el caso de su Madre la Santísima Virgen María, a la cual se le apareció antes que a la Magdalena. El alma humana, para estar en contacto con Dios, tiene que desarraigar completamente las raíces del pecado. Es lo que dice San Juan de la Cruz, que se produce en las terribles noches oscuras activas y pasivas del Espíritu, que es el Purgatorio en la Tierra. María Magdalena hizo penitencia muchos años en una cueva, que hoy día venera la Iglesia Católica en Marsella (Francia), en la Iglesia que lleva su nombre. 

Y eso contradice el Relativismo predicado insistentemente en nuestros días, que no ve diferencia alguna entre el pecado y la virtud, que dice: "Dios te quiere como eres", o "hagas lo que hagas Dios te querrá siempre" y el Infierno está vacío porque Dios no puede mandar a un hijo suyo allí, condenando las almas anestesiadas al quietismo y proclamando que basta confesar cualquier pecado por grave que sea, sin el necesario arrepentimiento y la expiación proporcionales a la culpa. 

Contradice también tajantemente la mentalidad protestante que niega la existencia del Purgatorio, y no hablemos de todas las personas, incluso que se dicen católicas, que dicen que la Virgen María mantuvo relaciones sexuales con San José y que por eso Jesús tenía hermanos.


DEL EVANGELIO TAL COMO ME HA SIDO
REVELADO DE MARÍA VALTORTA
(Tomo 10  Fecha: 21/2/1.944)


Dice Jesús:
"Las oraciones ardientes de María anticiparon algo mi Resurrección. Yo había dicho:"Al Hijo del hombre le matarán, pero al tercer día resucitará". Había muerto a las tres de la tarde del viernes.Tanto si calculáis los días por su nombre como si calculáis las horas, no era el alba dominical la que debía verme resucitar. En cuanto a horas, mi Cuerpo había estado sin vida treinta y ocho, en vez de setenta y dos; en cuanto a días, habría debido al menos, tenido que llagar la tarde de este tercer día, para decir que había estado tres días en la tumba.

Pero María anticipó el milagro. Como cuando con su oración abrió los Cielos algunos años antes que la época fijada para dar al mundo su Salvación, así ahora ella obtiene la anticipación de algunas horas para dar consuelo a su corazón agonizante.

Y Yo, al rayar el alba del tercer día, bajé como el sol que desciende, y con mi fulgor derretí los sellos humanos, tan inútiles ante el poder de un Dios; con mi fuerza hice palanca para volcar la piedra inútilmente vigilada; con mi aparición creé un fulgor que echó por tierra a los tres veces inútiles soldados que habían sido puestos de guardia para custodia de una muerte que era Vida y que ninguna fuerza humana podía impedir que lo fuera.

Mucho más potente que vuestra corriente eléctrica, mi Espíritu entró como espada de Fuego divina a dar calor a los fríos restos mortales de mi Cadáver, y al nuevo Adán el Espíritu de Dios le sopló la vida, diciéndose a sí mismo: "Vive. Lo quiero".

Yo, que había resucitado a los muertos cuando era el Hijo del hombre, la Víctima designada para cargar con las culpas del mundo, ¿No iba a poder resucitarme a Mí mismo, ahora que era el Hijo de Dios, el Primero y el Último, el Viviente eterno, aquel que tiene en sus manos las llaves de la Vida y de la Muerte? Y mi Cadáver sintió que la vida volvía a Él.

Mira: respiro profundamente, como un hombre que se despierta después del sueño producido por una enorme fatiga. Y todavía no abro mis ojos. La sangre vuelve a circular, todavía poco rápida en las venas, y devuelve el pensamiento a la mente. ¡Y venía de tan lejos! Mira, como un hombre herido y sanado con una fuerza milagrosa, la sangre vuelve a las venas vacías, llena el corazón, da calor a los miembros del Cuerpo, y las heridas se cierran, desaparecen cardenales y llagas, la fuerza vuelve. ¡Y estaba tan herido! interviene la Fuerza y Yo quedo curado, me despierto, vuelvo a la Vida. Estuve muerto ¡Ahora vivo! ¡Ahora me pongo en pie!

Me quito la mortaja, aparto de mi la capa de ungüentos. No los necesito para aparecer como belleza eterna, como eterna integridad. Me visto con vestiduras que no son de esta Tierra, sino que las ha tejido mi Padre, Él que teje la seda de las virginales azucenas. Estoy vestido de esplendor. Mi adorno son las llagas, que ya no rezuman sangre, sino que irradian Luz, esa Luz que será el gozo de mi Madre y de los bienaventurados, y el terror y la visión insoportable de los malditos y de los demonios en la Tierra y en el último día.

El ángel de mi vida de hombre y el ángel de mi dolor están postrados ante Mí y adoran mi Gloria. Están mis dos ángeles. Uno, para gozarse en la visión de su Custodiado, que ahora no tiene necesidad de angélica defensa, el otro, que ha visto mis lágrimas, para ver mi sonrisa, que ha visto mi batalla, para ver mi victoria; que ha visto mi dolor para ver mi dicha.



Y salgo al huerto lleno de capullos y flores de rocío. Y los manzanos abren sus corolas  para formar un arco florido sobre mi cabeza de Rey. Las hierbas hacen una alfombra de gemas y de corolas a mi pie, que vuelve a pisar la Tierra redimida, después de haber sido alzado sobre ella para redimirla. me saluda el primer sol, y el viento dulce de abril, y la leve nube que pasa, rosácea como mejilla infantil, y los pájaros entre las frondas. Soy su Dios. Me adoran.
Paso entre los soldados desvanecidos, símbolo de las almas en pecado mortal, que no oyen el paso de Dios..
"¡Es Pascua, María! ¡Esto sí que es el paso del Ángel de Dios!" Su paso de la muerte a la Vida. Su paso para dar vida a los que creen en su Nombre. ¡Es Pascua! Es la Paz que pasa por e mundo. La Paz ya sin el velo de la condición de hombre; libre, completa en su restablecida eficiencia de Dios.

Y voy donde mi Madre. Muy justo es que vaya. Lo fue para mis Ángeles, mucho más lo es para aquella que, además de custodiadora mía y consuelo mío, fue la que me dio la vida. Antes incluso de volver al Padre con mi figura humana glorificada, voy a mi Madre. Voy con el fulgor de mi figura paradisíaca y de mis Gemas vivas. Ella me puede tocar, Ella puede besarlas, porque es la Pura, la Hermosa, la Amada, la Bendita, la Santa de Dios. 

El nuevo Adán va donde la nueva Eva. El mal entró en el mundo a través de la mujer, y la Mujer lo ha vencido. El fruto de la Mujer ha desintoxicado a los hombres de la baba de Lucifer, Ahora, si ellos quieren, pueden salvarse. Ha salvado a la mujer que tan frágil quedó después de la herida mortal.

Y después de a la Pura - a la que por derecho de Santidad y maternidad, es justo que vaya el Hijo de Dios - me presento a la mujer redimida, a la que es cabeza, representante de todas las femeniles criaturas a que he venido a liberar de la presa de la lujuria. para que les diga a ellas que se acerquen a Mí para curarse; que tengan fe en Mí, que crean en mi Misericordia que comprende y perdona; que para vencer a Satanás, que atormenta su carne, miren a mi carne adornada con las cinco heridas.

No dejo que ella me toque. Ella no es la Pura, que puede tocar sin contaminar al Hijo que vuelve al Padre. Mucho debe purificar todavía con la penitencia. Pero su amor merece ese premio. Ella ha sabido resucitar por su voluntad del sepulcro de su vicio; estrangular a Satanás, que la tenía apresada; desafiar al mundo por su amor a su Salvador; ha sabido despojarse de todo lo que no fuera amor; ha sabido ser solo amor que se consume por su Dios. Y Dios la llama: "María". Oye como responde: "¡Rabbuní!" en ese grito está su corazón. A ella, que lo ha merecido, le doy el encargo de ser la mensajera de la Resurrección. Y una vez más sufrirá el escarnio, leve escarnio, como si delirara, pero no le importa nada a María de Magdalá, a María de Jesús, el juicio de los hombres. Me ha visto resucitado, y ello le produce una alegría que calma todo otro sentimiento.

¿Ves como amo a quien fue culpable, pero quiso salir de la culpa? Ni siquiera es a Juan al primero que me aparezco. Me aparezco a la Magdalena. Juan había recibido ya de Mí el grado de hijo. Podía recibirlo, porque era puro y podía ser hijo no solo espiritual, sino también dador y receptor - a la Pura y de la Pura de Dios - de los cuidados que están ligados a la carne.
Magdalena, la resucitada a la Gracia, tiene la primera visión de la Gracia Resucitada.

Cuando más amáis hasta el punto de vencer todo por Mí, Yo tomo vuestra cabeza y vuestro corazón enfermos entre mis manos traspasadas y espiro en vuestro rostro mi Poder. Y os salvo, os salvo, amados hijos. Y de nuevo aparecéis hermosos, sanos, libres, felices; volvéis a ser los amados hijos del Señor; hago de vosotros los portadores de mi Bondad en medio de los indigentes seres humanos, aquellos que les dais a ellos testimonio de mi Bondad, para convencerlos de ella y de mí.

Tened, tened, tened fe en Mí. Tened amor. No temáis. Que os infunda seguridad en el corazón de vuestro Dios todo lo que ese corazón ha padecido para salvaros.

Y tu, pequeño Juan (Jesús se refiere a María Valtorta), sonríe después de haber llorado. Tu Jesús ya no sufre. Ya no hay ni sangre ni heridas, sino que hay luz, luz, luz y alegría y gloria. Que mi luz y mi alegría estén en ti hasta que llegue la hora del Cielo.