MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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lunes, 4 de junio de 2018

LA FIGURA DE UN GRAN SANTO :EL CURA DE ARS PATRONO DE LOS SACERDOTES DEL MUNDO ENTERO


El cuerpo incorrupto del Santo Cura de Ars




Aquí esta la figura del Cura de Ars, con su cuerpo incorrupto, uno de los más grandes Santos de la Iglesia Católica Romana, y en este Santo están resumidas todas las características que son comunes a todos los Santos.

En el Libro de Monseñor Trochú, donde está tan bien relatada sus obras y su vida, se destacan de una manera ejemplar todos los atributos de este gran Santo:


Su gran humildad

Esta Virtud que es el fruto de uno de los dones del Espíritu Santo, llamado Temor de Dios, está siempre presente en todos los Santos, y a ese efecto aún recuerdo cuando estudiaba hace 60 años en los H.H. Maristas en Francia: Un predicador indicó a los alumnos una anécdota, que relata de una manera clarísima una de las condiciones necesarias para la Santidad, es una simple pregunta a un presunto Santo, y de su respuesta, se deduce inmediatamente si esa santidad es auténtica, o una superchería, artimaña de Satanás para confundir a la gente.

En un Monasterio, había una monja que con sus dones espirituales de sabiduría, dejaba a las hermanas maravilladas por sus conocimientos. Fue llamado al monasterio cierto erudito teólogo eclesiástico, para examinar esa supuesta Santa que hablaba maravillas.

El Sacerdote mandó reunir a toda la comunidad y a todas, les hizo una simple pregunta: ¿Cual de vosotras es la Santa que tengo que examinar?. Se adelantó una monja que dijo: ¡Soy yo, Padre! El examinador se despidió enseguida sin dar explicación alguna, ya que la razón era más que evidente: El Santo, debido a la presencia de Dios, que alumbra todas las imperfecciones del alma cuando más cerca se encuentra de Dios, más se ve miserable e imperfecto, lo que le causa siempre una profunda humildad, que es directamente proporcional a la intensidad de esa presencia de Dios.

Esa humildad produce en el alma un desasosiego, que le durará toda la vida, hasta que esté completamente purificada por la noche oscura del alma, como así lo explica San Juan de la Cruz. Ese sufrimiento de indignidad de los Santos, es semejante al que tiene el alma en el Purgatorio, en donde la visión de Dios y su gloria, contemplada en el Juicio particular, le hacen añorar su presencia, que ve aún lejana por su imperfección, al compararla con la de Jesús. 

En mi vida he conocido un supuesto fundador de una asociación religiosa que disfrutaba con los "baños de masa", y todos los aplausos y las aclamaciones que le propinaban. Ese hombre acabó creyendo él y sus adictos ¡¡¡Que había nacido él y su madre sin pecado original!!!, sus fieles seguidores guardaban reliquias como pelos de su cabello, u objetos tocados por él. Creía que estaba elegido por Dios para rescatar a la Iglesia Católica, sus seguidores dijeron que a los tres días de su muerte en el año 2.000, iba a resucitar y que todos los ángeles se iban a poner a su servicio para eliminar a todos los creyentes progresistas, incluido laicos y sacerdotes, para restablecer la verdadera fe católica. Pregunté a uno de sus seguidores, por qué esa limpieza no la hacía Dios directamente con sus ángeles, uno de ellos me dijo que ¡Era porque el demonio estaba más humillado al estar derrotado por un hombre!

Cuando el Santo Cura de Ars empezó a tener fama en toda Francia, debido a todos los peregrinos que acudían constantemente, llegando a crearse un servicio de diligencias desde París, para ir a confesarse con él, la Iglesia le quiso nombrar canónigo, por lo que el Santo recibió la distinción del sobrepelliz de manos de sus Obispo, como un condenado que recibe la notificación de su condena, al poco tiempo, vendió el sobrepelliz que le había entregado su Obispo y entregó el dinero a sus pobres. Luego le comunicó a su Obispo el hecho, diciendo que había recibido un buen beneficio para sus pobres al venderlo, y ¡que quería que le mandase algunos más!

Después el gobierno francés, en tiempo de Napoleón III, quiso otorgarle la condecoración de caballero de la Legión de Honor, lo que rechazó inmediatamente, al enterarse de que ese premio no traía ningún beneficio pecunario para sus pobres, y alegando: "No la quiero, si la acepto,  el día del Juicio, Dios me dirá: "¡Ya tienes tu recompensa, retírate de mi presencia!".

Pero el ejemplo de más grande humildad, fue cuando, debido a su dificultad para aprender el latín en el seminario, y a la envidia que causaba a los párrocos de los pueblos vecinos el desfile cada vez mayor de peregrinos, estos redactaron y firmaron una carta dirigida al Obispo, aconsejándole de despedirlo de su Parroquia, porque debido a su ignorancia, apartaba a los fieles de la verdadera fe.
El Santo Cura aprovechó la carta, para estampar él también su firma, pidiendo el traslado, ya que quería ir a llorar sus pecados al monasterio de los Trapenses.

Otro ejemplo, no menos significativo, fue cuando recibió una carta anónima de un Párroco vecino, pidiéndole que abandonara su ministerio debido a su incultura. El Santo le contestó, porque reconoció su letra, y le dijo que solo él lo comprendía, y que le ayudara a convencer al Obispo para mandarlo con los Trapenses.
Naturalmente, el Párroco se dio entonces cuenta de su Santidad, y vino a arrodillarse ante él para pedirle perdón.