MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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martes, 24 de octubre de 2017

LECTURAS DE LA SANTA EUCARISTÍA DEL 24-10-2.017.


Eva, con su gozo nos ha dado la muerte y el sufrimiento, María con su dolor, la Vida y la Esperanza que es su Hijo Jesús.



San Pablo a los Romanos 5,12.15 

Hermanos: 

Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. 
Pero no hay proporción entre el don y la falta. Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos. 
En efecto, si por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia. 
Por consiguiente, así como la falta de uno solo causó la condenación de todos, también el acto de justicia de uno solo producirá para todos los hombres la justificación que conduce a la Vida. 
Y de la misma manera que por la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos. 
Es verdad que la Ley entró para que se multiplicaran las transgresiones, pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Porque así como el pecado reinó produciendo la muerte, también la gracia reinará por medio de la justicia para la Vida eterna, por Jesucristo, nuestro Señor. 
En el comienzo de los tiempos, Lucifer que era el ángel más subido, pecó sin nadie que lo engañara como le ocurrió a Eva, ¿Cómo entonces cometió esa imprudencia, no solo él, pero también las hordas rebeles de ángeles que le siguieron? 
Creo que la explicación, está en lo que afirma Jesús en el Evangelio: es el pecado contra el Espíritu que no tendrá nunca perdón. El pecado de los ángeles caídos es el mismo que el de los Fariseos: el Orgullo, que vuelve ciego al que lo posee, y que hace que una acción de Misericordia y de bondad de Dios hacia los más pobres, sea tratado por ellos como una aberración. Esto fue lo que provocó la maldición de Dios y su condena eterna. 
El pecado de Eva fue muy grave, porque desobedeció a Dios y se dejó engañar, no pidió su ayuda en la tentación, y tampoco se echó a sus pies pidiéndole perdón, pero no fue un pecado contra el Espíritu, por eso mereció una Redención. Eva y sus descendientes para alcanzar la Salvación y recobrar el Paraíso perdido, están en este mundo para aprobar el examen del pecado contra el Espíritu, reconociendo a Dios escondido en Jesús, que ha ocultado su Gloria pero ha enseñado su Misericordia, que no fue reconocido por los Fariseos, que como lo dijo Jesús eran hijos de Satanás, y si por los pobres de Espíritu, que consiguieron el don de la fe, son los hijos de Dios.





Salmo 40,7-8


Tú no quisiste víctima ni oblación; 
pero me diste un oído atento; 
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: “Aquí estoy.

En el libro de la Ley está escrito 
lo que tengo que hacer: 
yo amo, Dios mío, tu voluntad, 

y tu ley está en mi corazón».
Proclamé gozosamente tu justicia 
en la gran asamblea; 
no, no mantuve cerrados mis labios, 

Tú lo sabes, Señor.
Que se alegren y se regocijen en ti 
todos los que te buscan, 
y digan siempre los que desean tu victoria: 

“¡Qué grande es el Señor!”.





Lucas 12,35-38.


Jesús dijo a sus discípulos: "Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. 
¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlo. 
¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!" 
La única manera de comportarnos como así lo dice Jesús, es habiendo conseguido el don de la fe que es el sello de Dios en el alma, esto solo se puede lograr cuando Dios, reconoce en ella ese merecimiento, es el misterio de la Predestinación. Ese maravilloso don de Dios nos permite renacer a una Vida nueva, viendo a Dios en todo lo creado, añorarlo como un novio añora a su futura esposa, pensando en ella a cada momento de su vida. Y adorar a Jesús oculto a los ojos de los soberbios, que se encuentra entre los pobres y los necesitados. Amar a Jesús es la prueba perfecta de nuestra filiación divina.