MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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miércoles, 17 de junio de 2015

EL MISTERIO DE LA ETERNIDAD EXPLICADO AL ABAD VIRILA DEL MONASTERIO DE LEYRE



Y como Dios es infinito, nunca llegaremos a conocerlo del todo,
siempre será novedoso para las almas

             Dice San Juan de la Cruz que los ángeles más subidos, que son los Serafines y los Querubines, son los que mejor se dan cuenta de lo que les falta por conocer a Dios. Y Dios que es eterno, es lo que quiso decir a Moisés cuando este le preguntó por su nombre, a lo cual le contestó: "Yo soy el que soy", lo que espiritualmente hablando significa Yo soy el que existió, el que existe y el que existirá, es un Ser infinito y por tanto hace falta la eternidad que también es infinita para poder aprehenderlo, pero al no tener ni principio ni fin, nunca se podrá alcanzar.

              El santo Doctor místico, dijo también que toda la riqueza, belleza, la gracia y toda la alegría del mundo, comparadas con la Riqueza, la Belleza, la Gracia y la Alegría de Dios, son suma pobreza, suma fealdad, suma desgracia y sumo dolor. Pobreza, porque tarde o temprano perderemos esa riqueza material, fealdad, porque la belleza es perecedera, y hasta la flor más hermosa se marchita, desgracia porque la vida siempre está empañada de amarguras de enfermedades, de imprevistos y por tantos acontecimientos, que siempre ocasionan dolor y aflicción para nosotros y para nuestros seres queridos, en el mundo en que vivimos.

       Muy al contrario de todo eso, en el Cielo, la Riqueza, como dice Jesús, será un tesoro imperecedero y eterno, donde no tiene acceso el ladrón, ni el gusano o la polilla que lo roban o lo corroen todo, La Belleza será inmarchitable ya que quedará fijada fuera del tiempo que lo degrada todo, la Gracia y la Belleza de Dios, que si la pudiéramos ver aunque sea un instante, pasaríamos por mil horribles agonías para poder verla otra vez, como así lo dice el Santo Doctor que estuvo en contacto con la Divinidad en sus numerosos arrobamientos.



        Cántico espiritual de San Juan de la Cruz



38 Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía,
y luego me darías
allí, tú, vida mía,
aquello que me distes el otro día:
39 El aspirar del aire,
el canto de la dulce filomena, 
el soto y su donaire
en la noche serena, 
con llama que consume y no da pena.


Me permito aquí aclarar que en Castellano antiguo se llamaba al canto del Ruiseñor el canto de la filomena, que es, según lo que se cuenta en la Leyenda de San Virila, lo que lo entretuvo durante 300 años.

       

Leyenda de San Virila

La leyenda cuenta que Virila, abad del monasterio de Leyre, en Navarra, era un monje muy preocupado por entender el misterio de la eternidad. Por comprender cómo era posible vivir eternamente sin llegar a aburrirse y, por lo tanto, dejar de ser feliz. En aras de comprender dicho misterio, Virila pedía a Dios en sus oraciones que le diera la clave de su comprensión, la ayuda necesaria para poder desvelar la preocupación.

Un día se encontraba el abad paseando por los alrededores del monasterio, llegó a una fuente y se dispuso a descansar. En aquel mismo momento el canto de un ruiseñor lo ensimismó y allí quedó Virila escuchándolo. Cuando reaccionó ya era tarde y se dirigió, rápidamente, al monasterio para llegar a las obligaciones del día. Cuando llegó a la puerta, el monje portero le impidió el paso puesto que no conocía al que debía ser su abad. 

Virila tampoco reconoció al monje. Tanto insistió que le dejaron pasar y se fue integrando en la vida monástica sin entender cómo era posible que todos los monjes de Leyre le fueran desconocidos, y los mismos no le reconocieran a él. Pasado el tiempo un monje curioseando en los antiguos libros de historia de la congregación descubrió que hacía más de 300 años había existido un abad llamado Virila que desapareció en el bosque.

       Hecha la revelación cuando todos estaban reunidos en la sala capitular, se abrió la bóveda de la misma y una voz se dirigió a Virila diciéndole: "si tan pronto te pasaron los trescientos años escuchando el canto de un ruiseñor, imagina cómo pasará el tiempo en compañía del Altísimo". De esta forma Virila comprendió el misterio de la eternidad.



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