MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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sábado, 4 de julio de 2015

PALABRAS DEL PAPA BENEDICTO XVI EN EL ÁNGELUS DEL 26 DE AGOSTO









Muchísimas veces, me pregunté cual hubiera sido mi comportamiento, si hubiera sido Judío, y hubiera vivido en los tiempos de la aparición de Jesús en mi Patria, Israel.

Si hubiera sido un Judío practicante, hubiera conocido los libros del Pentateuco, en donde se relata no solo la Creación, pero toda la historia de Israel, desde los Jueces, hasta los Reyes, y los Profetas. Y hubiera leído como mi Patria, había sido muchas veces fiel a los mandamientos de Yahveh, por lo cual gozaba de paz y prosperidad, y muchas otras veces, se había olvidado de sus leyes, y había caído en la aberración, y en la idolatría, por lo cual Yahveh la había castigado con la Invasión de los pueblos paganos, que los masacraban y deportaban.

También estaría enterado de que todos los Profetas y los Fariseos, los Escribas y los Sacerdotes actuales pregonaban: La Venida de un Mesías que iba a restablecer la supremacía de Israel, como en tiempos de Salomón, y que iba a vencer a todos sus enemigos, y proclamar un Reino invencible y soberano, que sometería bajo su poder a todas las otras Naciones. 

Esa creencia era no solo conocida, ya que estaba anunciada por todos los Profetas, pero también estaba deseada, debida a la cruenta y despreciada ocupación romana, pueblo pagano por excelencia que creía y adoraba a una multitud de dioses del Olimpo, todo eso era una  dificultad añadida para creer en Jesús, ya que no era partidario de oponerse a los invasores por la fuerza, como así había ocurrido en la historia de Israel. 


En estos comentarios de Benedicto XVI, hayamos explicada esa dificultad para entender palabras espirituales que los Fariseos no podían comprender, porque eran seres puramente "animales", y soberbios, que no poseían el don de Dios que ilumina a las almas.


Aquí está pues demostrado que las Sagradas Escrituras no se pueden entender sin una gracia especial de Dios, lo que hace que el que no tenga virtud, en especial la humildad, no pueda comprender el lenguaje espiritual, aunque conozca perfectamente la Biblia. Este es el drama de los Protestantes, y de muchos teólogos Católicos modernos, que saben hebreo, griego y latín, pero que por su soberbia nunca podrán interpretar y comprender el lenguaje espiritual de las Sagradas Escrituras.


Otra cosa que impedía a los Fariseos y a los Doctores de la Ley Judía, creer en Jesús, era su nacionalismo exacerbado, así hemos visto en el país Vasco español, ciertos Obispos, negar ceremonias de funerales a las víctimas del terrorismo, y celebrarlas para los asesinos. Era el caso de un cierto Obispo vasco llamado Monseñor Setién.


Se puede pues afirmar que Jesús fue condenado por los nacionalistas Judíos, que no soportaban un Mesías que toleraba la ocupación romana en Israel. 







La marca del Diablo

"Los domingos pasados meditamos el discurso sobre el “Pan de Vida” que Jesús pronunció en la sinagoga de Cafarnaúm después de alimentar a miles de personas con cinco panes y dos peces. Hoy, el Evangelio nos presenta la reacción de los discí­pulos a ese discurso, una reacción que Cristo mismo, de manera consciente, provocó. Ante todo, el evangelista Juan – que se hallaba presente junto a los demás Apóstoles – refiere que “muchos de sus discípulos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él” (Jn 6, 66) ¿por qué? porque no creyeron en las palabras de Jesús que decía: “Yo soy el pan vivo bajado del Cielo, el que coma mi carne y beba mi sangre vivirá para siempre "(Jn 6, 51-54); ciertamente, palabras en ese momento difícilmente aceptables, muy difí­cilmente compresibles. 


Esta revelación – como he dicho – les resultaba incomprensible, porque la entendían en sentido material, mientras que en esas palabras se anunciaba el misterio Pascual de Jesús, en la que Él se entregarí­a para la salvación del mundo. La nueva presencia en la sagrada Eucaristía.

Al ver que muchos de sus discí­pulos se iban, Jesús se dirigió a los Apóstoles diciendo: "¿También vosotros queréis marcharos?”. Como en otros casos, es Pedro quien responde en nombre de los otros: “Señor, ¿a quién iremos? – también nosotros podemos reflexionar. ¿a quién iremos? – Tú tienes palabras de vida eterna: nosotros hemos creí­do y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (Jn 6, 68- 69) (…)

Por último, Jesús sabí­a que incluso entre los doce Apóstoles, habí­a uno que no creí­a: Judas. También Judas pudo haberse ido, como lo hicieron muchos discí­pulos; es más también tenía que haberse ido si hubiera sido honrado. En cambio, se quedó con Jesús. Se quedó, no por fe, no por amor, sino con la secreta intención de vengarse del Maestro.

¿Por qué? porque Judas se sentía traicionado por Jesús, y decidió que a su vez lo iba a traicionar. Judas era un Zelote, y querí­a un Mesías triunfante, que guiase una revuelta contra los romanos. Jesús había defraudado esas expectativas. El problema es que Judas no se fue, y su culpa más grande fue la falsedad, que es la marca del Diablo. Por eso Jesús dijo a los Doce: “Uno de vosotros es un Diablo” (Jn 6, 70).

Pidamos a la Virgen María que nos ayude a creer en Jesús, como San Pedro, y a ser siempre sinceros con Él y con todos".




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