MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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viernes, 12 de agosto de 2016

CÁNTICO ESPIRITUAL DE SAN JUAN DE LA CRUZ:








Hoy día las enseñanzas de ciertos miembros de la Iglesia Católica, han cambiado totalmente de mentalidad, por lo que yo pienso que es la mala interpretación del último Concilio. En una revista publicada por cierta Congregación Religiosa, un miembro de la misma explicaba con sumo detalle la vida de un Santo religioso de su orden. Se relataba su vida de penitencia, de renuncia y de amor a Dios; el final del relato, concluía con una observación que me dejó un sabor amargo, por no decir que me escandalizó, y que explica muy bien lo que ocurre hoy día en la Iglesia. "Menos mal que el Concilio ha traído aires nuevos"(sic).
Le mandé una nota con mi dirección y teléfono, preguntándole si él creía que el Concilio había dado "barra libre", para entregarse a todos los apetitos, ¡aún estoy esperando la respuesta desde hace más de un año!

Es el Relativismo, que hace no ver diferencia alguna entre el pecado y la Virtud:, que es como decir que para ser Santo hoy día, gracias al Concilio, no se necesitan ni sacrificios, ni penitencias, para alcanzar la Vida Eterna, lo que es contrario a las enseñanzas de Jesús: "El que quiera venir en pos de Mí, que tome su Cruz y que me siga".

Las consecuencias son dramáticas: se predica una doctrina que va en contra de la Tradición de las enseñanzas de los Santos Padres, tomando de las Escrituras Sagradas los pasajes que les gustan, y desechando los pasajes que no están conformes a la mentalidad actual, como el Infierno, las posesiones que se atribuyen a enfermedades mentales, mentalidad que es cambiante como las modas, creyendo que es Dios que tiene que adaptarse a esas modas.

Y se afirma que todos somos hijos de Dios, y que Dios nos quiere tal como somos, y qué tenemos que estar a gusto con nuestros pecados, condenando las almas a la desaparición del Santo temor de Dios, que tuvieron todos los Patriarcas y todos los grandes Santos después de Cristo; llevando las almas al Relativismo al quietismo y a la más sublime mediocridad. En este pasaje del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, se afirma citando a las Escrituras una verdad que hoy día sería tomada por muchos Consagrados como una gran herejía:

"Ningún hombre mortal puede saber si es digno de gracia o de aborrecimiento a los ojos de Dios (Ecc 9, 1)".

Conozco personalmente un Sacerdote, amigo mío, que critica abiertamente a los Lefebvrianos, porque habían dicho que la Salvación era dificultosa, ya que según él es muy fácil. Hace años, le mandé en su Blog estas palabras de San Juan de la Cruz, (La anotación) de las cuales no he tenido respuesta, sigue pensando de la misma manera, con su desprecio a los Lefebvrianos, a los cuales el Papa Benedicto ha levantado la excomunión, y admira a los Anglicanos cuyo fundador Enrique VIII, fue un sádico y lujurioso asesino, que con su hija, nacida de un matrimonio ilegítimo, con Ana Bolena, han asesinado a más católicos en Inglaterra, que la Inquisición española en toda su historia. 



INTRODUCCIÓN AL CÁNTICO ESPIRITUAL DE
SAN JUAN DE LA CRUZ

ANOTACIÓN


1. Cayendo el alma en la cuenta de lo que está obligada a hacer, viendo que la vida es breve (Job 14, 15), la senda de la vida eterna estrecha (Mt 7, 14), que el justo a duras penas se salva (1 Pe 4, 18), que las cosas del mundo son vanas y engañosas (Eccl 1, 2), que todo se acaba y falta como el agua que corre (2 Re 14, 14), el tiempo incierto, la cuenta estrecha, la perdición muy fácil, la salvación muy dificultosa, conociendo, por otra parte, la gran deuda que a Dios debe en haberla criado solamente para sí, por lo cual le debe el servicio de toda la vida, y en haberla redimida solamente por sí mismo, por lo cual le debe todo el resto y correspondencia del amor de su voluntad, y otros mil beneficios en qué se ve y se conoce obligada a Dios desde antes que naciese, y que gran parte de su vida se ha ido en el aire, y que de todo esto tiene que dar cuenta y razón, desde lo primero hasta lo postrero, hasta el último cuadrante (Mat 20 6), cuando escudriñará Dios a Jerusalén con candelas encendidas (Soph 1, 12), y que ya es tarde y por ventura lo postrero del día (Mat 20,6), para remediar tanto mal y daño, mayormente, sintiendo a Dios muy enojado y escondido por haberse ella querido olvidar tanto de Él entre las criaturas; tocada ella de pavor y dolor de corazón interior sobre tanta perdición y peligro, renunciando a todas las cosas, dando de mano a todo negocio, sin dilatar un día ni una hora, con ansia y gemido salido del corazón herido ya del amor a Dios, comienza a invocar a su Amado y dice: 


CANCIÓN 1 

¿Adónde te escondistes, Amado y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste, habiéndome herido;
salí tras de Tí, clamando y eras ido.

DECLARACIÓN

2. En esta canción, el alma enamorada del Verbo Hijo de Dios, su esposo, deseándose unirse a Él por clara y esencial visión, expone sus ansias de amor querellándose a Él por la ausencia, mayormente que, estando ella herida de su amor, por lo cual ha salido de todas las cosas y de si misma, todavía haya de padecer la ausencia de su Amado, no desatándola ya de la carne mortal para poder gozar en Gloria de eternidad. Y así dice:

¿Adónde te escondiste?

3. Y es como si dijera: "Verbo, Esposo mío, muéstrame el lugar donde estás escondido"; en lo cual le pide la manifestación de su divina esencia, porque el lugar donde está escondido el Hijo de Dios es, como dice San Juan (1, 18), el seno del Padre, que es la esencia divina, la cual es ajena y escondida a todo ojo mortal y a todo entendimiento, lo cual quiso decir Isaías (45, 15) cuando dijo: Verdaderamente Tú eres Dios escondido. Donde es de notar que por grandes comunicaciones y presencias y altas y subidas de Dios que una alma en esta vida tenga, no es aquello esencialmente Dios ni tiene que ver con Él, porque todavía, en la verdad, le está al alma escondido, y siempre le conviene al alma sobre todas esas grandezas tenerla por escondido y buscarle escondido, diciendo: " ¿Adónde te escondiste?". Porque ni la alta comunicación y presencia sensible es más testimonio de su presencia, ni la sequedad y carencia de todo esto en el alma es menos testimonio de su presencia en ella, por lo cual dice el Profeta Job (9, 11): Si venerit ad me, non videbo en me, et si abierit, non intelligam, que quiere decir: Si Viniere a mí (es a saber, Dios), no le veré, y si se fuere, no le entenderé.

4. En lo cual se hace entender que, si el alma sintiere grande comunicación o noticia de Dios o algún otro sentimiento, no por eso se ha de persuadir que eso sea tener más a Dios o estar más en Dios, ni tampoco que aquello que siente o entiende sea esencialmente Dios, aunque más ello sea; y que sí, todas esas comunicaciones sensibles e inteligibles le faltaren, no ha de pensar que por eso le falta Dios, pues que realmente ni por lo uno puede saber estar de cierto en su alma, ni por lo otro estar fuera de ella, diciendo el Sabio (Eccl 9, 1): Nemo scit utrum amore an odio dignus sit; que quiere decir: Ningún hombre mortal puede saber si es digno de gracia o de aborrecimiento de Dios. De manera que el intento principal del alma en este verso no es solo pedir la devoción afectiva y sensible, en que no hay certeza ni claridad de la posesión del Esposo en esta vida, sino principalmente la clara presencia y visión de su esencia con que desea estar certificada y satisfecha en la otra.

5. Eso mismo quiso decir la esposa en los Cantares divinos cuando, deseando unirse con la divinidad del Verbo Esposo suyo, le pidió al Padre diciendo: Muéstrame dónde te apacientas y recuestas al medio día (1, 6): porque en pedir le mostrase dónde se apacentaba era pedir le mostrase la esencia del Verbo divino, su Hijo, porque el Padre no se apacienta en otra cosa que en su único Hijo, pues es la gloria del Padre; y en pedir le mostrase el lugar dónde se recostaba era pedirle lo mismo , porque el Hijo es el deleite del Padre, el cual no se recuesta en otro lugar, ni cabe en otra cosa que en su amado Hijo, en el cual todo Él se recuesta comunicándole toda su esencia al mediodía, que es la eternidad, donde siempre le engendra y le tiene engendrado. Este pasto, pues, del Verbo Esposo donde el Padre se apacienta en infinita gloria, y este pecho florido donde con infinito deleite de amor se recuesta escondido profundamente de todo ojo mortal y de toda criatura, pide aquí el alma esposa cuando dice: ¿Adónde te escondiste? 

6. Y para que esta sedienta alma venga a hallar a su Esposo y unirse con Él por unión de Amor en esta vida, según puede y entretenga su sed con esta gota que de él se pueda gustar en esta vida, bueno será (pues lo pide a su Esposo, tomando la mano por él) le respondamos mostrándole el lugar más cierto dónde está escondido, para que allí lo halle a lo cierto con la perfección y sabor que puede en esta vida, y así no comience a vaguear en vano tras las pisadas de las compañías. Para lo cual es de notar que el Verbo, Hijo de Dios, juntamente con el Padre y el Espíritu Santo, esencial y presencialmente está escondido en el íntimo ser del alma; por lo tanto el alma que le ha de hallar, conviene que salga de todas las cosas según la afección y la voluntad y entrarse en sumo recogimiento dentro de sí misma, siéndole todas las cosas cómo si no fuesen; que por eso San Agustín, hablando en los Soliloquios con Dios, decía: No te hallaba, Señor, de fuera, porque mal te buscaba fuera, que estabas dentro. Está, pues, Dios en el alma escondido, y ahí lo ha de buscar con amor el buen contemplativo, diciendo: ¿A dónde te escondiste?











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