MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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martes, 12 de noviembre de 2013

JESÚS,REY DEL UNIVERSO, COMO HOMBRE FUE EN LA TIERRA SEMEJANTE A NOSOTROS EN TODO, MENOS EN EL PECADO.




JESÚS REY ETERNO DEL UNIVERSO




     Sublime explicación de las palabras del Apóstol, de lo que a simple vista parece una herejía: Jesús aparece en este mundo como verdadero hombre, y poco inferior a los Ángeles.

      Declaración de que Cristo, cuya verdadera naturaleza divina, fue por voluntad de Dios, ocultada inicialmente por Él, fue sometido como hombre a las tentaciones de Satanás, que se dirigen principalmente a los pecados de la carne, que no provocaron en Él ni la más mínima turbación.

Y me permito aquí, refutar los argumentos soeces en contra de las obras de María Valtorta, declarando que en sus obras está escrito que Jesús sintió tentaciones carnales. He leído atentamente, todas las obras, nunca apareció en ningún texto ese argumento, que pregonan los hijos de Satanás, que intenta refutar por todos los medios a su alcance la Luz de Dios, empleando las tinieblas y los embustes del príncipe negro.



JESÚS, HIJO DE DIOS, EN LA TIERRA VERDADERO HOMBRE, POCO INFERIOR A LOS ÁNGELES.


De los cuadernos de María Valtorta

     Dice Jesús:
    
 (...) ¿Es que no hay contradicción alguna entre las palabras del Apóstol que dice que Yo soy Hombre, semejante en todo a los otros hombres, y que sin embargo, dice también que Yo soy inferior por un poco a los ángeles? Entonces, ¿no soy inferior a vosotros? Entonces, ¿no soy semejante a Dios, dado que Dios es más que los ángeles? Por lo tanto, ¿el Apóstol profirió blasfemias, dijo tonterías o embustes? Y si no los dijo, ¿en qué consiste esta diferencia, esta igualdad y esta inferioridad de ser diverso de los ángeles, inferior a ellos e igual a los hombres y, al mismo tiempo, diferente de ellos porque soy un poco inferior a los ángeles? ¿Acaso no es una blasfemia decir que el Verbo encarnado es inferior a los ángeles? ¿En qué consiste esta diferencia que existe en Mí, respeto a los ángeles y a los hombres?

     (...) Más Yo os diré cuál es la diferencia y como puede ser que Yo sea semejante a vosotros y, al mismo tiempo, sea por poco inferior a los ángeles.
     Soy semejante a vosotros, soy el Hombre, por eso soy, sin lugar a dudas, inferior a los ángeles, porque el hombre no es la criatura espiritual, la más noble de la creación, como lo son los ángeles, puramente espirituales, sumamente inteligentes, e inteligentes con prontitud, porque no están gravados por la carne y los sentidos, confirmados en la gracia y siempre en adoración ante el Señor, cuyo sentimiento comprenden y actúan sin obstáculos. 

Mas, ¿el hombre puede elevarse a si mismo a un nivel sobrenatural? Puede hacerlo si vive voluntariamente en la pureza, en la obediencia, en la humildad y la caridad, precisamente como así lo hacen los ángeles, fue Hombre por el deseo divino del Padre, para que pudiera ser el Redentor. Luego se hizo un poco inferior a los ángeles por su propia voluntad y para demostraros con el ejemplo que el hombre, si quiere, puede elevarse a si mismo a la perfección angélica y tener una vida angélica.

     ¡Oh, vida humana, tan fundida con lo sobrenatural que llega a anular las voces y la flaqueza de la materia para asumir las voces y las perfecciones angélicas!, ¡vida que ha olvidado la concupiscencia y vive de amor y en el amor! Es el hombre que se vuelve ángel, o sea la criatura compuesta por dos substancias que purifica la parte más baja con los fuegos de la Caridad, y en la Caridad están todas las virtudes, como si fueran muchas semillas encerradas en un mismo fruto, hasta el punto que puede decirse que, de este modo, se despoja, o mejor la despoja de todo lo que es materialidad, hasta hacer que también la materia sea digna de penetrar un día en el Reino del Espíritu. Reposa en el sepulcro el atavío purificado a la espera de la orden final.

        Más entonces surgirá glorificada hasta provocar la admiración de los mismos ángeles, porque la belleza de los cuerpos resurgidos y glorificados causará reverente estupor aún a los ángeles de Dios, que admirarán a estos hermanos suyos en lo creado diciendo: "Nosotros supimos permanecer en la gracia respecto a una sola substancia, ellos, los hombres, son los vencedores de la prueba respecto al espíritu y respecto a la carne. ¡ Gloria a Dios por la doble victoria de los elegidos !"

     Cristo, completamente semejante a los hombres, quiso alcanzar la belleza de la perfección angélica con una vida sin sombras, no solo de pecado más ni siquiera de atracción hacia el pecado y, al permanecer Hombre para padecer la muerte con la carne y con la sangre al fin de expiar las culpas de la carne y de la sangre y de la muerte y de las soberbias de la vida, con todo, todo, todo el dolor que reparara toda, toda, toda la culpa, se hizo un poco inferior a los ángeles, ennobleciendo así la naturaleza humana hasta la perfección angélica.
     
     Por lo tanto soy Dios. Y soy Hombre, y así como el ángel es el eslabón intermedio entre el hombre y Dios, Yo que debía salvar la cadena interrumpida, es decir, que debía reuniros a Dios, convertí mi perfecta Humanidad en la conjunción entre la Tierra, o sea los hombres, y el Cielo, o sea los ángeles, y llevé a la Humanidad a una perfección igual - es más, mayor - que la que Adán y Eva tuvieron al principio de los tiempos, cuando el hombre era inocente y feliz debido al don gratuito de Dios, y  no conocía ni padecía la terrible lucha contra el Mal y contra los acicates del pecado. Por lo tanto, la Divinidad no se envileció al asumir la semilla de Adán, sino que se divinizó la Humanidad, porque por la libre voluntad del Hombre, fue vuelta a la perfección que hace semejantes a mi Padre, quien no conoce la injusticia.

     No miente, ni blasfema ni se contradice el Apóstol, cuando dice por palabra inspirada, que Jesús, el Hombre se hizo un poco inferior a los ángeles en la espiritualidad heroica. No faltó el Dios Padre, el Dios Hijo y el Dios Espíritu Santo al darle al Redentor la única apariencia que le correspondía para ser tal y para redimiros, además que con la gran acción de su sacrificio, con la continua lección de su crecimiento en la gracia hasta alcanzar la perfección espiritual para redimiros de vuestra ignorancia, esa ignorancia que es consecuencia del pecado, que degrada las fuerzas del hombre, que le sugestiona, insinuando que él, por estar hecho más de materia que de espíritu, no puede intentar su evolución espiritual.

     (...) Dejad de lado los temores. Dejad de lado la ignorancia. Miradme. Yo, el hombre alcancé la perfección de la justicia siendo hombre como lo sois vosotros, porque lo quise. Imitádme. No temáis, mantened el alma unida a Dios y avanzad. Y subid. Subid a las luminosas regiones de lo sobrenatural. Con vuestra ardiente voluntad arrastrad la carne hasta donde sube vuestro espíritu. Convertíos en ángeles. Convertíos en serafines. El demonio ya no podrá heriros en lo más profundo. Tras haber golpeado vuestra coraza, sus flechas caerán a vuestros pies y no quedaréis turbados, como no lo quedé Yo.

     Por lo tanto fue justo que mi Padre, aún pudiéndolo hacer, no me diera una índole diferente a la del hombre. Fue justo. Así, cuando propongo mi código y os digo: "Seguidlo, si queréis estar donde Yo estoy", nadie podrá decirme: "Tu puedes estar allí porque eres diferente de mí, a quien la carne apremia ferozmente. Tu puedes vencer a Satanás porque en Ti, la carne no es aliada de Satanás". Nadie podrá reprocharme considerando fácil mi victoria ni sentirse desalentado por la diferencia de su creación. En Mí y en vosotros existen las mismas cosas: la carne, la inteligencia y el espíritu, para poder vivir, comprender y vencer. En Mí, está la semilla de Adán. En vosotros, está la semilla de Adán.

     ¡Oh! Os oigo murmurar: "En Ti no estaba la Culpa. En nosotros...". Tampoco en Adán estaba la Culpa, y sin embargo, pecó porque quiso pecar. Yo no quise pecar. Y no pequé. Yo, el Hombre, no pequé. Mi Padre me hizo de la misma semilla vuestra para demostrarlos que ser hombres no quiere decir ser pecadores. Al igual que vosotros, Yo tenía una índole humana. Sabed ser como Yo en la victoria. Mi Padre me hizo Hombre, dándome en común con vosotros carne y sangre con las cuales vencer, muriendo a Satanás y exigiendo que el Autor de vuestra salvación se volviera perfecto como Hombre por su propia voluntad y por medio del sufrimiento y que alcanzara la gloria a causa de la muerte que padeció.

     ¡Oh! acaso no es muerte saber morir para todo lo que es seducción? ¿No es una muerte continua para todo lo que es concupiscencia a fin de vivir eternamente en el Cielo? Yo empecé a consumir mi sacrificio para vencer a Satanás y al mundo y a la carne - que conseguían vencer desde hacía mucho tiempo - contra el primer acto de voluntad contra las voces de la carne y el mundo y las de su rey tenebroso. He muerto para Mí mismo afín de  vivir. He muerto en la Cruz para daros la Vida.

     [...] Decidme, oh vosotros que os escandalicéis al leer que Yo padecí esa tentación, ¿acaso herí mi perfección Divina y Humana porque se me acercó el Tentador? ¿Qué se alteró en Mí? ¿Qué se corrompió? No se alteró nada, ni siquiera el pensamiento más fugaz.

       




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