MENSAJE DE LA VIRGEN MARÍA

DIJO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

“QUIERO QUE ASÍ COMO MI NOMBRE ES CONOCIDO POR TODO EL MUNDO, ASÍ TAMBIÉN CONOZCAN LA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN INMACULADO QUE NO PUEDO POR MÁS TIEMPO CONTENER EN MÍ, QUE SE DERRAMA CON FUERZA INVENCIBLE HACIA VOSOTROS. CON LA LLAMA DE MI CORAZÓN CEGARÉ A SATANÁS. LA LLAMA DE AMOR, EN UNIÓN CON VOSOTROS, VA A ABRASAR EL PECADO".

DIJO SAN JUAN DE LA CRUZ:

"Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de Conciencia que todas esas obras que quieres hacer"


A un compañero que le reprochaba su Penitencia:

"Si en algún tiempo, hermano mío, alguno sea Prelado o no, le persuadiere de Doctrina de anchura y más alivio, no lo crea ni le abrace, aunque se lo confirme con milagros, sino Penitencia y más Penitencia, y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere seguir a Cristo, lo busque sin la Cruz".

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domingo, 2 de abril de 2017

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO, EL MAYOR MILAGRO DE JESÚS DESPUÉS DE SU PROPIA RESURRECCIÓN


LA RESURRECCIÓN DE  LÁZARO

       


Este relato del “Poema del Hombre Dios”, de María Valtorta, nos describe la visión del fabuloso milagro, transportándonos al lugar de los hechos, narra los acontecimientos con una maestría tan grande, que da la sensación de estar allí presenciando el milagro, relata detalladamente no solo el sublime milagro, pero aporta además enseñanzas muy valiosas sobre el enfrentamiento abierto, propiciado por Fariseos, Saduceos, Doctores de la Ley, Rabíes y miembros del Sanedrín, en contra de Jesús, lo que precipitó la decisión de sentenciarlo a muerte. 

Explica la importancia de la vida contemplativa, simbolizada por María Magdalena y su preponderancia sobre la vida activa, cuya viva imagen es su hermana Marta, la cual, con  menos oportunidad para amar a Dios, tiene mucha menos fuerza espiritual, y por esa razón está mucho menos preparada para afrontar todos los problemas, las dudas, las pruebas  y las tentaciones  de la Vida. Igualmente explica un hecho bastante difícil de interpretar: el  de  la actitud de Jesús que lloró a la hora de la muerte de Lázaro, hecho sorprendente porque como Hijo de Dios sabía que lo iba a resucitar para mayor gloria de Dios, y también para mayor desprecio de sus enemigos.

Su llanto, como lo veremos, era por el recuerdo de la muerte espiritual al considerar a todos los inconvertibles  réprobos, para los cuales su Pasión y su muerte habrán sido inútiles, y también al pensar en su pasión y muerte que estaban ya próximas, debido al duro enfrentamiento con los Judíos, enemigos acérrimos suyos.



RELATO DEL SUBLIME MILAGRO


        (…) Los judíos le observan. Involuntariamente, se han separado formando grupos bien distintos. Por una parte, frente a Jesús, todos los enemigos suyos, habitualmente divididos entre sí por espíritu sectario, pero que ahora se armonizan para hostigarle. A su lado, detrás de los Apóstoles (a los que se ha unido Santiago de Zebedeo), José, Nicodemo y los otros de espíritu benévolo. Más allá, Gamaliel, que sigue en su sitio y en su postura de antes, y que está solo, porque su hijo y sus discípulos se han separado para distribuirse entre los dos grupos principales para estar más cerca de Jesús.

         Con su grito habitual: “Rabbuni”, María sale de la casa y corre hasta Jesús extendiendo los brazos. Se arroja a sus pies. Le besa sus pies entre fuertes sollozos. Una serie de judíos, que estaban en casa con ella y que la han seguido, unen sus llantos de dudosa sinceridad, al de ella. También Maximino, Marcela, Sara y Noemí han seguido a María, y lo mismo todos los dependientes de la casa. Los lamentos son fuertes y altos. Creo que dentro de la casa no ha quedado nadie. Marta, al ver llorar a María, llora fuertemente también.

          “La paz a ti, María. ¡Álzate! ¡Mírame! ¿Por qué ese llanto, como el de uno que no tiene esperanza?”. Jesús se inclina para decir en voz baja estas palabras, sus ojos en los ojos de María que, estando de rodillas, relajada sobre sus talones, tiende hacia Él las manos en un gesto de invocación; y que, debido a un fuerte sollozo, no puede hablar. “¿No te dije que esperaras más allá de todo lo creíble para ver la gloria de Dios? ¿Acaso ha cambiado tu Maestro, para que hubiera motivo de angustiarse de esa manera?”.

         Pero María no recoge estas palabras que quieren prepararla para una alegría demasiado fuerte después de tanta angustia. Grita por fin, dueña de su voz: “¡Oh, Señor! ¿Por qué no has venido antes? ¿Por qué te has alejado antes de nosotros? ¡Sabías que Lázaro estaba enfermo! Si hubieses estado aquí, no hubiera muerto mi hermano. ¿Por qué no has venido? Tenía que mostrarle todavía que le amaba. Él debía vivir. Yo debía mostrarle que perseveraba en el bien. ¡Mucho angustié a mi hermano! ¿Y ahora? ¡Ahora que podía hacerle feliz, me ha sido arrebatado! Tú podías conservármelo. Podías haber dado a la pobre María la alegría de consolarlo después de haberle causado tanto dolor. ¡Oh! ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Maestro mío! ¡Salvador mío! ¡Esperanza mía!”.

          Y cae otra vez al suelo, con la frente sobre los pies de Jesús que reciben otra vez el lavacro del llanto de María. Y gime: “¡¿Por qué has hecho esto, Señor?! Incluso por los que te odian y gozan de todo esto que está sucediendo… ¡¿Por qué has hecho esto, Jesús?!”. Pero no hay reproche en el tono de María, como la ha habido en el de Marta. María tiene solo esta angustia de quien, además de su dolor de hermana, siente también el de discípula que percibe menoscabado en el corazón de muchos el concepto de su Maestro.

          Jesús, muy agachado para recoger estas palabras susurradas rostro en tierra, se yergue y dice fuerte: “¡María, no llores! También tu Maestro sufre por la muerte del amigo fiel… Por haber debido dejarlo morir...”.

         ¡Oh, qué risítas y miradas de rencoroso júbilo hay en las caras de los enemigos de Cristo! Le sienten vencido, y exultan, mientras que los amigos se ponen cada vez más tristes.

       Jesús dice aún más fuerte: “Pero Yo te digo: no llores. ¡Álzate! ¡Mírame! ¿Crees tú que Yo, que te he amado tanto, he hecho esto sin motivo? ¿Eres capaz de pensar que Yo te he dado este dolor inútilmente? Ven. Vamos donde Lázaro, ¿Dónde le habéis puesto?”. Jesús, más que a María y a Marta – las cuales, llorando ahora más violentamente, no hablan - , pregunta a todos los demás, especialmente a los que han salido de casa con María y parecen los más turbados. Quizás son parientes más mayores, no lo sé.

        Y estos responden a Jesús, que está visiblemente compungido: “Ven y velo tú”, y se encaminan hacia el sitio del sepulcro, que está en el extremo del huerto, en un lugar en que el suelo tiene ondulaciones y vetas de roca calcárea que afloran a la superficie.

       (…) Jesús contempla la pesada piedra, que hace de puerta al sepulcro y de pesado obstáculo entre Él y el amigo fenecido, y llora. El llanto de las hermanas aumenta, como también el de los íntimos y familiares.

    “¡Quitad esta piedra!” grita Jesús al improviso, habiendo enjugado antes su llanto.

        En todos se manifiesta un gesto de estupor. Un murmullo recorre toda la aglomeración de gente, que ha crecido con algunos de Betania que han entrado en el jardín y se han agregado a los convocados. Veo a algunos Fariseos que se tocan la frente meneando la cabeza como diciendo: “¡Está loco!”.

      (…) “Maestro, no se puede” dice Marta esforzándose en contener el llanto para hablar: “Hace ya cuatro días que está allí abajo. ¡Y tú sabes de que enfermedad ha muerto!” solo nuestro amor podía cuidarle… Ahora, sin duda alguna, y a pesar de los ungüentos, olerá fuertemente… ¿Qué quieres ver? ¿Su podredumbre?... No se puede… incluso por la impureza de la corrupción y…”.

      “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? Quitad esta piedra. ¡Lo quiero!”. Es un grito de voluntad divina…
Un “¡oh!” quedo brota de todos los pechos. Palidecen las caras. Alguno tiembla, como si hubiera pasado por todos un viento gélido de muerte.

   Marta hace una señal a Maximino, y este ordena a los dependientes de la casa que cojan las herramientas que se necesitan para quitar la pesada piedra.

      Ellos se marchan, a buen paso. Vuelven con picos y fuertes palancas, y trabajan: introducen las puntas de los relucientes picos entre la roca y la piedra; sustituyen luego los picos por palancas; en fin, retiran cuidadosamente la piedra haciéndola rodar por un lado para correrla luego cautamente hasta la pared rocosa. Un hedor pestilente sale de la galería obscura y hace retroceder a todos.

       Marta pregunta en voz baja: “Maestro, ¿quieres bajar ahí? Si quieres bajar se necesitan antorchas…”. Pero el pensamiento de tener que hacerlo la pone pálida.

        Jesús no la responde. Alza los ojos al cielo, abre los brazos en cruz y ora con voz fortísima, recalcando bien las palabras: “¡Padre! Te doy gracias por haberme escuchado. Sabía que siempre me escuchas. Pero lo he dicho para estos que están aquí, por la gente que está a mi alrededor, ¡Para que crean en Ti, en Mí, en que Tú me has enviado!”.

     Permanece así unos momentos. Tan transfigurado está que parece raptado en éxtasis. Mientras, sin sonido de voz, dice otras, secretas palabras de oración o adoración, no sé. Lo que si sé es que está tan espiritualizado, que no se le puede mirar sin sentirse temblar el corazón en el pecho. Parece hacerse, de cuerpo, luz; espiritualizarse, crecer en estatura, elevarse del suelo. Aún conservando sus colores de pelo, ojos, piel, indumentos – no como durante la transfiguración del Tabor, durante la cual se hizo luz y blancor deslumbrantes - , parece emanar luz y que todo en Él se haga luz. La luz parece ponerle alrededor una aureola, especialmente en torno al rostro, elevado al cielo y arrobado en la contemplación del Padre.

         Está así un rato. Luego vuelve a ser Él, el Hombre, aunque con una majestad poderosa. Se acerca hasta el umbral del sepulcro, mueve los brazos - hasta ese momento los había tenido extendidos con los brazos en cruz y con las palmas vueltas hacia el cielo - ; los mueve hacia delante, vuelve las palmas hacia abajo: las manos, por tanto, están ya dentro de la galería del sepulcro y su blancor resalta en la negrura que la llena. Él hunde en esa negrura muda el fuego azul de sus ojos, cuyo fulgor de milagro es hoy insostenible; y, con voz potente, con un grito que es mayor que cuando en el lago mandó al viento calmarse, con una voz cual en ningún otro milagro le he oído, grita: “¡Lázaro! ¡Sal fuera!”.


          La voz, por el eco se refleja en la cavidad sepulcral, y se expande, para salir luego a todo el jardín; y retumba en los desniveles de las ondulaciones de Betania: yo creo que llega hasta las primeras lomas que se elevan más allá de la campiña, y desde allí, vuelve repetida y queda, cual imperativo que no cesa; lo cierto es que desde infinitas partes se oye: ¡fuera! ¡fuera! ¡fuera!”

      Todos sienten un estremecimiento más intenso y, si la curiosidad tiene a todos clavados en su sitio, las caras palidecen y los ojos se dilatan, mientras que las bocas se entreabren involuntariamente con el grito de estupor ya en la garganta.

           Marta, un poco atrás y al lado, está como hechizada mirando a Jesús. María cae de rodillas, ella que no se ha separado nunca de su Maestro, cae de rodillas en el umbral del sepulcro, con una mano en el pecho para frenar los latidos del corazón, y la otra agarrada, inconsciente y convulsamente a un extremo del manto de Jesús y se comprende que tiembla, (porque el manto recibe leves vibraciones  de la mano que lo aferra).

          Algo, de color blanco, parece surgir del fondo profundo de la galería. Primero es una casi imperceptible línea convexa; luego se transforma en una forma oval; luego a este óvalo se le añaden líneas más amplias, más largas, cada vez más largas…Y el que estaba muerto, envuelto en su mortaja, va acercándose lentamente, va siendo cada vez más visible, espectral, impresionante.

      Jesús retrocede, retrocede, insensiblemente pero continuamente, a medida que el otro avanza; la distancia entre los dos es por tanto, siempre igual. María debe soltar el borde del manto, pero no se mueve de donde está, la alegría, la emoción, todo, la clavan al sitio en que estaba.

         Un “¡Oh!”, cada vez más nítido sale de las gargantas, cerradas antes por un espasmo de espera; de susurro casi imperceptible, pasa a ser voz; de voz a grito potente.

         Lázaro está ya en el limen. Ahí se para, rígido, mudo, semejante a una estatua de yeso apenas esbozada (por tanto informe); una forma larga, estrecha en la cabeza, estrecha en las piernas, más ancha en el tronco, macabra como la misma muerte, espectral con el blancor de la mortaja sobre el fondo obscuro del sepulcro. A la luz del sol, que incide en él, se ve que la mortaja ya chorrea podredumbre por varios puntos.

Jesús grita fuerte: “Desatadle y dejadle libre. Dadle ropa y comida”.

         “¡Maestro!...” dice Marta, y quizás quería decir más. Pero Jesús la mira fijamente y la subyuga con su fúlgida mirada; dice: “¡Aquí! ¡En seguida! Traed una túnica. Vestidlo en presencia de todos y dadle de comer”. Da órdenes, pero no se vuelve ni una sola vez para mirar a los que tiene detrás y en torno suyo. Sus ojos miran solo a Lázaro, a María que está cerca del resucitado y sin preocuparse del asco que da a todos la mortaja purulenta, y a Marta, que jadea como si le estallase el corazón, y no sabe si gritar su alegría o si llorar…

           (…) Lázaro, cuando le liberan la cara y puede mirar, dirige su mirada a Jesús, antes incluso que a sus hermanas, y mirando a su Jesús, con una sonrisa de amor en los pálidos labios y un brillo de llanto en las profundas órbitas, se olvida y abstrae de todo lo que sucede. También Jesús le sonríe con un brillo de llanto en el lagrimal de los ojos y, sin hablar, dirige la mirada de Lázaro al cielo; Lázaro comprende y mueve los labios en una silenciosa oración.

        Marta piensa que quiere decir algo y que todavía no tiene voz, y pregunta: “¿Qué me dices, Lázaro mío?”.
“Nada, Marta. Daba gracias al Altísimo”. La pronunciación es segura, fuerte la voz. La gente exhala un nuevo “¡Oh!” de estupor.

        (…) La gente toda, grita más fuerte estupefacta. Jesús sonríe, y sonríe a Lázaro, que mira un instante sus piernas curadas, para abstraerse luego mirando a Jesús. Parece no poder saciarse de verle.



ENFRENTAMIENTO ABIERTO DE JESÚS 
CON SUS ENEMIGOS


          Los judíos, fariseos, saduceos, escribas, rabíes, se acercan, cautos para no contaminarse la ropa. Miran bien de cerca de Lázaro. Miran bien de cerca de Jesús. Pero ni Lázaro ni Jesús se ocupan de ellos. Se miran y todo lo demás no cuenta.

      (…) Jesús parece ver solo a Lázaro, pero en realidad observa todo y a todos y, al ver que con gestos de ira, Sadoq, Elquías, Cananías, Félix, Doras, Cornelio y otros están para marcharse, dice fuerte: “Espera un momento, Sadoq, quiero decirte una palabra. A ti y a los tuyos”. Ellos se paran, con facha de delincuentes. José de Arimatea se asusta y hace una señal al Zelote para que retenga a Jesús.

        Pero él está ya yendo hacia el grupo rencoroso, y ya está diciendo con voz fuerte:  “¿Te basta, Sadoq, lo que has visto? Me dijiste un día que para creer necesitabais, tú y los que son como tú, ver que un muerto descompuesto se recompusiera y recuperara la salud. ¿Te ha saciado la podredumbre que has visto? ¿Eres capaz de confesar que Lázaro estaba muerto y que ahora está vivo y tan sano como no lo estaba desde hacía años? Lo sé, vosotros habéis venido aquí para tentar a estos, a crear en ellos duda y mayor dolor. 


     Habéis venido aquí a buscarme, esperando encontrarme escondido en la habitación del moribundo. Habéis venido aquí, no por un sentimiento de amor y por el deseo de honrar al difunto, sino para aseguraros de que Lázaro estaba realmente muerto, y habéis seguido viniendo, cada vez más contentos a medida que el tiempo pasaba. Si las cosas hubieran ido según vuestros deseos – como ya creíais que iban – habríais tenido motivo para estar jubilosos.    



       El Amigo que cura a todos pero no cura al amigo; el Maestro que premia todas las fes, pero no las de sus amigos de Betania; el Mesías impotente ante la realidad de una muerte. Esto es lo que os daba motivos para estar jubilosos. Pero Dios os ha respondido. Ningún profeta pudo nunca reunir lo que estaba deshecho, además de muerto. Dios lo ha hecho. Ahí tenéis el testimonio vivo de lo que Yo soy.



       Hubo un día en que Dios tomó barro e hizo con él una forma y exhaló en él el espíritu vital y el hombre comenzó a ser. Dije Yo: “Hágase el hombre a nuestra imagen y semejanza “. Porque Yo soy el Verbo del Padre. Hoy, Yo, Verbo, he dicho a lo que es aún menos que fango, a la materia descompuesta: “Vive”, y la materia descompuesta se ha vuelto a componer formando carne, carne íntegra, viva, palpitante. 


          Ahí la tenéis, os está mirando. Y con la carne he reunido el espíritu que yacía desde hace días en el seno de Abraham. Lo he llamado con mi voluntad, porque todo lo puedo, Yo, el Viviente, Yo, el Rey de reyes al que están sujetos todas las criaturas y las cosas. ¿Ahora, que me respondéis?”.

    Está frente a ellos, alto, radiante de majestad, verdaderamente Juez y Dios. Ellos no responden.
Él insta: “¿Todavía no os es suficiente para creer, para aceptar lo ineluctable?”.

          “Has mantenido solo una parte de la promesa. Ésta no es la señal de Jonás…”, dice Sadoq en tono áspero.

     “Recibiréis también esta señal. Lo he prometido y lo mantengo”, dice el Señor: “Y otro que está aquí presente, y que espera otra señal, la recibirá. Y la aceptará, porque es un justo. Vosotros no. Vosotros seguiréis siendo lo que sois”.

        Da media vuelta y ve a Simón, el miembro del Sanedrín hijo de Elí-Ana. Le mira fijamente. Deja plantados a los de antes y llegando a estar cara a cara con este, le dice en voz baja pero incisiva: “¡Mejor para ti que Lázaro no recuerde su permanencia entre los muertos! ¿Qué has hecho de tu padre, Caín?”.

            Simón huye lanzando un grito, un grito de miedo, que luego se transforma en un grito de maldición:

        “¡Maldito seas, Nazareno!”, al cual Jesús responde: “Tu maldición sube al Cielo y desde el Cielo el Altísimo te la arroja. ¡Llevas en ti la marca, desalmado!”.

         Vuelve hacia los grupos de gente asombrada, casi asustada. Se cruza con Gamaliel, que se dirige hacia la calle. Le mira, y Gamaliel le mira a Él. Jesús, sin pararse, le dice:”Estate preparado, Rabí. Pronto vendrá la señal. No miento nunca”.

      La gente va desalojando lentamente el jardín. Los judíos están como aturdidos, pero la mayoría de ellos rezuma ira por todos los poros. Si las miradas podrían reducir a ceniza, Jesús hace tiempo que estaría reducido a cenizas. Hablan, discuten entre sí. Se marchan, tan vencidos ya por esta derrota que les han infligido, que ya no saben ocultar bajo una hipócrita amistad el motivo de su presencia ahí. Se marchan sin saludar a Lázaro y a sus hermanas.

       Se quedan atrás algunos que el milagro ha conquistado para el Señor. Entre estos José Bernabé, que se arroja al suelo, de rodillas ante Jesús y le adora. Otro es el escriba Joel de Abías, que hace lo mismo antes de marcharse. Y otros más, que no conozco, pero que deben de ser influyentes.







JESÚS NO PUEDE RESUCITAR A LOS PECADORES
QUE NO SE ARREPIENTEN


Aquí está perfectamente explicada la superioridad del alma enamorada que obra y confía incansablemente, movida por el Espíritu Santo que es la fuerza del amor, El que no ama, tiene siempre impedimentos para obrar, confiar y perseverar porque carece de esa fuerza. Por eso el primer mandamiento de la Ley de Dios es el más importante.


          (…) Jesús mira a su alrededor. Ve humo y rojo de fuego en el fondo del jardín, en la parte del sepulcro. Jesús solo, erguido en medio de un sendero dice: “La podredumbre que es aniquilada por el fuego… La podredumbre de la muerte… Pero, la de los corazones… la de esos corazones, ningún fuego las aniquilará… Ni siquiera el fuego del Infierno. Será eterna… ¡Qué horror!... Más que la muerte… Más que la corrupción… 


        Y… Pero, ¿quién te salvará, oh, Humanidad, si tanto estimas estar corrompida? Quieres estar corrompida. Y Yo… Yo he arrebatado al sepulcro a un hombre con una palabra… Y con un mar de palabras… y uno de dolores… no podré arrebatar al pecado el hombre, a los hombres, a millones de hombres”. Se sienta y se tapa la cara con las manos, abatido…





PREEMINENCIA DE LA VIDA CONTEMPLATIVA
SOBRE LA VIDA ACTIVA

        (…) “¿Y tú, Marta? ¿Tú has aprendido? No. Todavía no. Eres mi Marta, pero no eres todavía mi perfecta adoradora. ¿Porque obras y no contemplas? Es más santo. ¿No lo ves? Tu fuerza, estando dirigida a cosas terrenas, ha cedido ante la constatación de esos hechos terrenos que pueden parecer algunas veces sin remedio, si Dios no interviene. La criatura necesita por eso saber creer y contemplar; necesita amar hasta el extremo de las fuerzas de todo hombre, con el pensamiento, el alma, la carne, la sangre, con todas las fuerzas del hombre, repito. 


     Te quiero fuerte, Marta, te quiero perfecta. No has sabido obedecer porque no has sabido creer y esperar completamente, y no has sabido creer y esperar porque no has sabido amar totalmente. Pero Yo te absuelvo de ello, te perdono, Marta. He resucitado a Lázaro hoy. Ahora te doy un corazón más fuerte. A él le devuelvo la vida, a ti, te infundo la fuerza de amar, creer y esperar perfectamente. Ahora estad contentas y en paz, perdonad a quien os han ofendido en estos días…”.

       “Señor, en esto yo he pecado, hace poco, al viejo Cananías, que te había tomado a burla los otros días, le he dicho: “¿Quién ha triunfado, tú o yo? ¿Tú o Dios? ¿Tu burla o mi fe? Cristo es el Viviente y es la Verdad. Yo sabía que su Gloria refulgirá con mayor fuerza. Y tú, viejo, reconstrúyete el alma, si no quieres conocer la muerte”.

      “Está bien lo que has dicho. Pero no disputes con los malvados, María. Y perdona. Perdona si me quieres imitar… Ahí está Lázaro. Oigo su voz”.



sábado, 1 de abril de 2017

LAS TRES VIRTUDES TEOLOGALES, FE, ESPERANZA Y CARIDAD SIMBOLIZAN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD: PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO

Para entrar en el Cielo, tenemos que ser como niños,
dejándonos llevar por el Cordero de Dios y dejándose
  
guiar por la Fe, la Esperanza y la Caridad



Dice Jesús que el que no acoge la Palabra de Dios como un niño, no entrará en el reino de los Cielos, esa imagen antigua simboliza al alma, en una humilde carreta, llevada por el Cordero de Dios, y acompañado por las tres Virtudes Teologales, que son la Fe, que es un don de Dios Padre (Nadie viene a mí, dice Jesús, si mi Padre no lo llama); la Esperanza, otorgada por Jesús, que es el que nos promete el Espíritu Santo (Es conveniente que yo me vaya, y que esté glorificado en la Cruz, para mandaros el Espíritu de la Verdad); y la Virtud de la Caridad, que es el Espíritu Santo, que nos llevará a la meta, que es el descanso de Dios.




viernes, 31 de marzo de 2017

NO SE PUEDE IR AL CIELO EN CLASE TURÍSTICA, ESTAMOS EN ESTE MUNDO PARA PREPARAR UN EXAMEN PARA PODER SER FUNCIONARIOS DEL CIELO.

ES EN MEDIO DE LAS ESPINAS
QUE ENCONTRARÁS MI CORAZÓN
El corazón que te ama y que te llama


Dichos de Luz y Amor de San Juan de la Cruz


     59.- A la tarde te examinarán en el amor. Aprende a amar como Dios quiere ser amado, y deja tu condición.

     74.- Mira que son muchos los llamados y pocos los elegidos (Mat 22, 14), y que si de ti, no tienes cuidado, más cerca está tu perdición que tu remedio, mayormente siendo la senda que guía a la vida eterna tan estrecha (Mat 7, 14)

     76.- Pues que en la hora de la cuenta te ha de pesar de no haber empleado este tiempo en servicio de Dios ¿porque no le ordenas y empleas ahora como lo querrías haber hecho cuando te estés muriendo?





domingo, 26 de marzo de 2017

COMO ALCANZAR LO MÁS IMPORTANTE PARA LA HUMANIDAD: LA VIDA ETERNA





EL ENAMORADO DE JESÚS, TIENE SUS PECADOS PERDONADOS, Y LA VIDA ETERNA ASEGURADA, PORQUE EL PERDÓN DEL SUPREMO JUEZ SOLO SE DA A LOS QUE TIENEN AMOR HACIA ÉL (PRIMER MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS). PERO AMAR A DIOS, SIGNIFICA SEGUIR SUS MANDAMIENTOS, QUE EXIGEN SACRIFICIOS, Y RENUNCIAR AL MUNDO PARA QUE DIOS PUEDA POSEER EL ALMA, YA QUE ÉL NO CONVIVE CON EL PECADO DEL MUNDO QUE ENSUCIA ESA ALMA.

LAS ALMAS DEL PURGATORIO SOLO ENTRARÁN EN EL CIELO CUANDO HAYAN APRENDIDO A AMAR., LO QUE PUEDE SER UNA ESCUELA LARGA Y PENOSA, YA QUE LAS ALMAS QUE AHÍ SE ENCUENTRAN YA NO PUEDEN MERECER, NECESITAN POR ESO ORACIONES NUESTRAS PARA PODER PROGRESAR MÁS RÁPIDAMENTE, SIN EMBARGO TIENEN LA SALVACIÓN ASEGURADA, Y  YA NO TIENEN LA HORRIBLE PRESENCIA DE SATANÁS

LOS QUE NUNCA PUEDAN APRENDER A AMAR, QUE HAN ESCOGIDO EL ODIO Y RECHAZADO EL AMOR, ESTARÁN APARTADOS DE DIOS, Y SE ENCONTRARÁN ENCERRADOS PARA SIEMPRE EN EL INFIERNO, EN COMPAÑÍA DE LOS ESPANTOSOS DEMONIOS, CUYA FINALIDAD ES SEGUIR AUMENTANDO EL SUFRIMIENTO DE ESAS DESGRACIADAS ALMAS.






sábado, 25 de marzo de 2017

DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS, Y DA SU GRACIA A LOS HUMILDES


ESTA ES LA IMAGEN DE LA SOBERBIA QUERER 
SER VISTO Y ADMIRADO POR TODOS, 
ES HACER EL RIDÍCULO






De los cuadernos de Mª  Valtorta 10 - 1.950 

[...] En cambio, el amor propio es búsqueda de si mismos, es sucesivo amor hacia sí mismos, es una acción cumplida para glorificarse a sí mismos ante los ojos del mundo. Por lo tanto, es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida y, de esta planta de tres ramas, derivan luego la vanagloria, la dureza de corazón, la soberbia, las ansias de alabanzas humanas, la hipocresía, el espíritu de dominio, la convicción de saberse guiar por sí mismos, sacudiéndose de encima todas las disposiciones o consejos del Amor y de quien habla en nombre del Amor.

Se creen libres, se creen reyes porque, según ellos, nadie es mejor que ellos; porque siempre, según ellos, ya están instalados en la cumbre del saber y del poder. En cambio, son esclavos de sí mismos, del enemigo de Dios. Son esclavos, siervos, desnudos, ciegos.

Son esclavos de sí mismos, y siervos o esclavos del enemigo y de los enemigos de Dios. Están privados de las vestiduras ornadas, de las vestiduras de las bodas con la Sabiduría, de las vestiduras cándidas para el convite en los Cielos y para seguir cantando hosannas al Cordero. 

Están ciegos o, por lo menos miopes, porque han arruinado su vista espiritual con inútiles investigaciones humanas..




EVANGELIO DE SAN MATEO
(Mat 11, 25-30)

Por aquel tiempo, tomó Jesús la palabra y dijo: Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la Tierra, porque ocultaste esas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los pequeñuelos. Sí, Padre porque así te plugo. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo quisiera revelárselo.

Venid a Mí, todos los que estáis fatigados y cargados, que Yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es blando, y mi carga ligera.


DICHOS DE LUZ Y AMOR DE SAN JUAN DE LA CRUZ

-Tenga ordinaria memoria en la Vida eterna, y que los más abatidos y pobres y en menos se tienen, gozarán del más alto Señorío y Gloria de Dios.

- Para enamorarse Dios del alma, no pone los ojos en su grandeza, sino en la grandeza de su humildad. 

- Más quiere Dios de ti, el menor grado de obediencia y sujeción, que todos esos servicios que le quieres hacer.


Se puede decir sin miedo a equivocarse que los que se creen enviados y elegidos por Dios, al carecer de la virtud de la humildad, están engañados por Satanás, porque Dios huye de los Soberbios como a apestados, ya que su lugar en los corazones está ocupado por el espíritu del mal.


He conocido personalmente  una secta que se dice ultra católica cuyo fundador, según ellos había nacido sin pecado original, e iba a resucitar tres días después de muerto, y los ángeles iban a ponerse a su servicio para exterminar a todos los progresistas. Solía y suelen tomar baños de multitudes, en los cuales todos los asistentes claman a cada palabra del fundador  y actual dirigente "¡Fenomenal, Fenomenal!...".

Este tipo de sectas siempre terminan haciendo el ridículo: El Fundador y su madre habían nacido sin pecado original, y sus seguidores de ahora, comparados con los otros Santos de la Iglesia católica, ¡son como cedros comparados con la hierba del campo!(sic)





martes, 21 de marzo de 2017

LA SANTA IGLESIA CATÓLICA, A TRAVÉS DE LA PALABRA Y DE LA EUCARISTÍA, ES LA QUE NOS ACERCA A DIOS, ES POR ESO QUE ES LA MÁS PERSEGUIDA

Satanás sabe que el día que el alma pruebe
 la dulzura de Dios, la tiene pedida.
(Jesús a María Valtorta) 








Hijo, no temas Jesús es dulce, suave y rico en
Bondad y misericordia.
(San Bernardo)

viernes, 10 de marzo de 2017

LA TREMENDA LUCHA ENTRE DIOS, Y EL ESPÍRITU DEL MAL, PARA APROPIARSE DE LAS ALMAS


Dice Jesús: En lo alto, el Incansable obra el bien para vosotros.
 En las profundidades, el incansable obra el mal para vosotros.




Y encima llaman Iglesia Peregrina a la Iglesia Militante.


                En el mundo actual, he encontrado toda una serie de personas, y lo más grave consagrados y sacerdotes, que no creen ni en las posesiones, (que dicen que son enfermedades mentales), ni en los exorcismos (que dicen que ¡son debidas al efecto placebo!). No hay duda alguna que estos individuos nunca sufrieron persecuciones como son ataques indirectos,  situaciones en las cuales, el demonio aterroriza a los que aman a Dios,  porque predican su Doctrina con Santo temor, sin hablar de los ataques directos como los que sufrieron los grandes Santos como San Pablo, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, el Santo Cura de Ars, el Padre San Pío de Pietrelcina, y tantos más.

          Son individuos pues, sin emitir ningún juicio, solo por pura lógica, que no solo no han recibido ningún ataque indirecto, ni directo, pero que además, tampoco han estado sometidos a grandes tentaciones, ya que para ser Santos, hay que sufrir la persecución de Satanás, y aún así, mantenerse fieles. Como está escrito al final de este escrito de los Cuadernos de María Valtorta de 1.944.

         Lo que sí es de sobra conocido, es que el enemigo ataca a los Santos porque no los tiene a su alcance, y deja tranquilo a los mediocres porqué los tiene a su merced, por eso los primeros creen firmemente en la acción del demonio, y los otros no.


             Y la explicación del por qué, es bien evidente: El hombre tiende a juzgar todos los acontecimientos según su manera de ser: y así, el borracho se cree que todo el mundo bebe, el ladrón cree que todo el mundo roba, y el que es mediocre en la fe, se cree que todos lo son, y los que no están de acuerdo con él son unos fanáticos.

          Por esa razón, el que nunca ha sido sometido a los embistes del demonio, se cree que nadie lo ha estado, y que por eso, el demonio no existe, y es una pura invención de los que no son como él.

       Y aquí se denota una falta grave, el horrendo pecado de Satán, la soberbia que le induce a algunos que se hacen llamar "teólogos" a colocarse por encima del mismo Dios, al creer que el mundo gira alrededor de ellos, llegan a convencerse de que todas las interpretaciones antiguas, que son distintas a las suyas están equivocadas, y que hay que volver a adaptarlas a su modo de ser. Se toman por elegidos y enviados por Dios para restablecer la verdadera Religión.


  


De los Cuadernos de María Valtorta
Dice Jesús respondiendo a ciertas reflexiones mías:


           “Lucifer es inteligentísimo, además de ser astuto, emplea la astucia para urdir acechanzas, pero emplea la inteligencia para pensar si puede arruinar a una criatura y cuándo y como puede hacerlo y por lo tanto apenarme. Puedes estar segura que jamás derrocha su tiempo.

           Y como tiene mucho que hacer en la numerosa población del globo, por más que sea omnipresente en la Tierra y por más que la exigua atención del hombre y su escasa voluntad hacia el bien conviertan la ya enorme potencia de Lucifer en casi omnipotencia sobre las criaturas, tiene que calcular bien su tiempo y no perder un minuto para trabajar con provecho. Con el nefasto provecho de colmar sus cofres infernales con los tesoros que le roba a Dios, es decir, las almas.

              En verdad, es un incansable trabajador. En lo alto, el Incansable obra el bien para vosotros. En las profundidades, el incansable obra el mal para vosotros. Y en verdad te digo que este es más afortunado que Dios. Sus conquistas son más numerosas que las mías. Mas como puedes comprender bien por la premisa, aun siendo astuto e inteligente, estando tan atareado no puede concederse el lujo de ocuparse de todos en igual medida. Y no se lo concede.

             ¡Oh, aunque lo sea en el ámbito del mal, es un asceta de la idea que persigue, está entregado por completo a ella, no se distrae, no se aviene a transacciones ni a desfallecimientos ni a postergaciones! ¡Oh, hombres, si vosotros fuerais en cuanto al  bien lo que es Satanás en cuanto al  mal! Más no lo sois.

             Cuando una criatura nace a la inteligencia, Lucifer se ocupa poco de ella; se limita a observarla escudriñándola como a un probable chivo de su rebaño infernal en el futuro. Pero a medida que la criatura comienza a saber pensar, a saber emplear su voluntad, es decir cuando ya ha pasado los siete años, Lucifer aumenta sus atenciones y empieza su adoctrinamiento.

             El  ministerio angélico instruye y conduce a los espíritus con palabras de luz. El ministerio satánico instruye e instiga a los espíritus con palabras de tinieblas. Es una lucha interminable. Que venza o pierda el uno, que venza o pierda el otro, el ángel de la luz y el ángel de las tinieblas combaten en torno a un espíritu hasta el último minuto de su vida mortal, para arrebatarse recíprocamente la presa, el uno para devolvérsela a su Señor, en la luz, luego de haberla tutelado por todo su día terrena; el otro para arrastrarla en las tinieblas si, por último la victoria fue suya.

              Mas entre esos dos que combaten, hay otro ser que, en el fondo es el personaje más importante: está el hombre por el cual los dos combaten. Está  el hombre libre de seguir su voluntad y dotado de inteligencia y razón, munido de la fuerza incalculable de la Gracia, que le han concedido el Bautismo y que los Sacramentos le mantienen y le aumentan.

             Como tú sabes, la Gracia es la unión del alma con Dios. Por este motivo tendría que daros una fuerza tal que os hiciera inaferrables e incorruptibles ante las insidias y corrupciones satánicas, puesto que la unión con Dios tendría que convertiros en semidioses. Mas para permanecer siendo tales hay que quererlo; hay que decirle a Satanás y a si mismos: “Yo pertenezco a Dios y quiero ser solo de Dios”. Por eso es necesario obedecer los preceptos y consejos; por eso es necesario un esfuerzo continuo para seguir, perseguir, conquistar el bien, un bien cada vez mayor; por eso es necesario observar absoluta fidelidad y constante vigilancia; por eso es necesario heroísmo para vencerse a sí  mismos y vencer lo exterior, frente a las seducciones de la concupiscencia trina y en sus múltiples aspectos.

              Pocos, muy pocos, excesivamente pocos, saben hacer estas cosas. Entonces, ¿qué pasa? Entonces, Satanás se ocupa poco de ellos, que pueden ser capturados fácilmente, cuando el lo quiera y que, una vez capturados, se encuentran inertes, sin intentar huir. Actúa con ellos como el gato con el ratón. Les coge,  les aprieta un poco, les aturde y luego los deja, limitándose a propinarles un nuevo zarpazo, un nuevo mordisco, si advierte la señal de una tímida fuga. Pero hace sólo eso. Sabe que son “suyos” y no pierde mucho tiempo por ellos ni usa mucha inteligencia.

             ¡En cambio con los “míos”, con los “míos” es otra cosa! Los “míos” son la presa que aguijonea sobremanera su hambre maligna. Son los “inaferrables”. Y Satanás, como un cazador experto, sabe que es meritorio capturar la presa difícil. Son la “dicha” de Dios y Satanás festeja mucho cuando puede darle un dolor a Dios, cuando puede ofenderle y desilusionarle. Vive de odio. Del mismo modo que Dios vive de Amor. Él es el Odio así como Dios es el Amor  El odio es su sangre así como el Amor es la mía. He aquí por qué multiplica los cuidados y la vigilancia en torno a uno que es “mío”.

             Entrar en una fortaleza desmantelada es un juego de niños. No le interesa al cruel  rey del Infierno. Le interesan las fortalezas de Dios, las rocas puras y lisas, límpidas como el cristal, resistentes como el acero, que llevan esculpido en todas partes, aún en las honduras más profundas, el Nombre más santo: el nombre de Dios. Es más propio de esas profundidades, el nombre filtra como un fluido que emana desde lo íntimo hacia el exterior. Es el nombre que aman, que sirven, que pronuncian, con el espíritu en adoración, a cada latido de su corazón. Por eso el gozo de Satanás consiste en cogerles, en cogeros, en arrebataros a Mí, en borrar ese Nombre de vuestro ser trino, hecho de espíritu, carne y razón, y hacer de vosotros que sois las flores de mi jardín, inmundicia para su infierno y luego reír, arrojando su risa blasfema contra el  trono divino, reír por su victoria sobre el hombre y sobre Dios.

              Cuanto más sois “míos”, más se empecina en haceros suyos. Y como en vosotros existe una voluntad y una vigilancia asiduas, el, el Astuto, no os sigue y persigue con el método que emplea para los demás. Por el contrario, os ataca a traición, manteniendo distancias cada vez más largas, en los momentos más imprevisibles y con los motivos más inesperados. Se aprovecha del dolor, de la necesidad, del abandono, de las desilusiones y se abalanza como una pantera sobre vuestra desconsolada debilidad, sobre vuestra atónita debilidad de ese momento con la esperanza de venceros esta vez para rehacerse de todas las veces que le habéis vencido.

              ¿Cuáles son sus medios? Son infinitos. ¿Cuál es su método? Es uno solo: la dulzura benévola, engañosa, la palabra meditada y calma, la apariencia de un amigo que ayuda, que está dispuesto a ayudar.

              ¿Ya has sufrido estos asaltos? Los sufrirás aún, serán numerosos y cada vez más astutos. ¡Oh, que rencor hacia Mí y hacia ti! Cada vez más sufrirás estos asaltos y serán tan sutiles que lograrán engañar hasta el más listo. 


         Quiero decir “listo” desde un punto de vista humano pues, ¡sonríe, oh alma que amo!, la sencillez que está impregnada totalmente de Dios, y que así se conserva, es impenetrable a cualquier sutileza.

              Los asaltos herirán tu carne. Mas la cicatriz que marca la carne representa el  honor del soldado y afirma: “Esta señal es la prueba de una batalla viril”. Y cuanto mas la carne del soldado está marcada por estas señales, tanto mas el mundo se inclina ante ese valiente. En las batallas espirituales sucede lo mismo. Y vuestras heridas, que no dañan el espíritu sino que cubren de livor solamente la envoltura del espíritu-rey, constituyen vuestro honor. Y por ellas seréis honrados en el Cielo.

              En verdad te digo que llamáis “Mártires” solo a los que perecieron por obra de los tiranos. Pero lo son todos mis santos, porque para ser santos debieron sufrir la persecución de Satanás y aún así, mantenerse fieles. ¡Gloria a los que vencen! Las palmas celestes son para vosotros”.




jueves, 9 de marzo de 2017

SUBLIME EXPLICACIÓN SOBRE LA CARTA DE SAN PABLO A LOS ROMANOS EN DONDE DICE QUE LOS QUE NO HAN CONOCIDO EL EVANGELIO, SERÁN JUZGADOS POR LA VOZ DE SU CONCIENCIA; TREMENDO CASTIGO PARA LOS QUE DE BURLAN DE LA LEY DE DIOS.


Iglesia de la Stma. Virgen del Perpetuo Socorro de Granada. 
Están abajo las estatuas de S. Juan de la Cruz y de Sta Teresa de Ávila



LECCIONES SOBRE LA EPÍSTOLA DE S. PABLO A LOS ROMANOS ( Cap 2º, v. 12)


                         Dictado a María Valtorta (16/1/1.948)

Dice el Autor Santísimo:
“La gran misericordia de Dios resplandece más luminosamente aún en las palabras de Pablo que, inspirado, proclama cómo únicamente perecerán aquellos que no reconocen ley alguna – natural sobrenatural ni racional – mientras que aquellos que conocieron la ley y no la practicaron, serán condenados por la misma Ley que salva; y más aún: que los gentiles que no tienen la Ley sino que, natural y racionalmente, hacen lo que la Ley para ellos desconocida, prescribe – entregándose, por la sola luz de la razón, por su rectitud de corazón, por sumisión a las voces del Espíritu, desconocido pero presente, único maestro para su espíritu de buena voluntad, por obediencia a aquellas inspiraciones que ellos siguen, porque su virtud las ama sin saber que, de modo inconsciente, sirven a Dios – que estos gentiles, que con sus actos dan a entender que la Ley se halla escrita en su corazón virtuoso, serán justificados en el día del Juicio.


        Esas tres grandes categorías las observamos en el Juicio Divino y por ellas resplandecen una misericordia y Justicia perfectas.



Primera Categoría: Los rebeldes


Los que no reconocen ley alguna natural, humana y por tanto racional, ni sobrehumana ¿Quiénes son? ¿Los salvajes? No. Son los Luciferes de la Tierra cuyo número va creciendo progresivamente con el correr de los tiempos, cuando por el contrario, la civilización y la difusión del Evangelio con la predicación inexhausta del mismo, deberían hacer que su número se fuera reduciendo cada vez más. Más la paz, la justicia y la luz están prometidas a los hombres de buena voluntad, y ellos son de mala voluntad.

Son los rebeldes a toda ley, aún la natural y por tanto, inferiores a los brutos. Reniegan voluntariamente de su naturaleza de hombres, seres racionales, dotados de inteligencia y de alma. Hacen cosas contra la naturaleza y la razón. No merecen sino desaparecer de entre el número de los hombres, que fueron creados a imagen y semejanza de Dios y en efecto, perderán su condición de hombres, tomando la de demonios queridos por ellos.

Y aquí recuerdo un hecho impresionante, ocurrido en Andalucía, que me relató hace muchos años la Madre Priora de un Carmelo. En Cádiz había una familia profundamente cristiana, el padre de familia era ateo convencido, y se burlaba de la Religión de los miembros de su familia. Ellos le insistían en que se confesara.

Después de mucho rogarle, este accedió a confesarse, para burlarse del Sacramento: llamaron a un Sacerdote, que le oyó en confesión. en el momento de pronunciar el ritual de la absolución, el Sacerdote le dijo que esperara un momento ya que al tener un lapsus de memoria, iba a recoger el libro que había dejado en su automóvil. A su vuelta, para dar la absolución, el padre de familia murió, por lo cual no pudo recibir la absolución.




Segunda categoría: Los hipócritas


Los falaces, los que se burlan de Dios, los que teniendo la Ley, teniéndolo sólo no la practican. Y, ¿Puede decirse que la tienen de verdad, no sacando beneficio alguno de ella? Son semejantes a aquellos, que poseyendo un tesoro lo dejan improductivo y abandonado. No extraen del mismo, frutos de vida Eterna ni ventajas para antes de su muerte; y Dios les condenará porque tuvieron el don de Dios y no hicieron uso de él en reconocimiento al donante que les puso en la parte escogida de la Humanidad: en la de su Pueblo marcado con el signo cristiano.

Lo más espantoso de este Padre de familia que se burló de Dios en el Sacramento de la Confesión de los pecados, fue que el cadáver desapareció y tuvieron que hacer el simulacro del entierro con un féretro lleno de piedras, para hacer creer que estaba de cuerpo presente. Y es que de Dios, nadie se burla, tarde o temprano, si no se arrepienten, castigará siempre a los culpables.




Tercera categoría: Los Gentiles.

 Hoy en día damos tal calificación a los que no son cristianos Católicos. Llamémoles así mientras meditamos las palabras de Pablo. Ellos, que sin tener la Ley, hacen naturalmente lo que la Ley prescribe – y es para ellos su ley, mostrando así cómo su espíritu ama la virtud y tiende al Bien supremo – ellos, cuando juzgue Dios, por medio del Salvador las secretas acciones de los hombres, serán justificados.

           Estos son muchos, en gran número. Será la muchedumbre inmensa… de toda nación, tribu, pueblo, lengua, sobre la cual, en el último día, por los infinitos méritos de Cristo inmolado hasta el derramamiento de la última gota de sangre y humor acuoso, aparecerá impreso, como premio de salvación y premio, antes del último e inapelable juicio, el sello del Dios vivo.

       Su virtud, su obediencia espontánea a la Ley les habrá bautizado sin más bautismo, les habrá consagrado sin otro crisma que los infinitos méritos del Salvador. El Limbo no será ya en adelante morada de los justos, pues como sucedió en la tarde del Viernes Santo, que el Limbo se vació de los justos que en él había, porque la Sangre derramada por el Redentor los había purificado de la mancha original, así será en la tarde de los tiempos, en que los méritos de Cristo, triunfador de todos sus enemigos, les absolverá del hecho de no haber sido de su grey en atención a su fe firme de pertenecer a la Religión justa; y les premiará las virtudes que ejercitaron en vida.

       Si así no fuese, Dios defraudaría a esos justos que se impusieron una ley de justicia y defendieron la justicia y la virtud. Y Dios no defrauda jamás por más que, a veces, se demore su realización; pero siempre es cierto su premio”.





martes, 7 de marzo de 2017

SIGNIFICADO MISTICO DEL JUICIO DE SALOMÓN: TODAS LAS ALMAS DE LOS ELEGIDOS SERÁN JUSTIFICADAS POR SU AMOR A JESÚS







Hoy he visto otra vez en la televisión la película sobre la vida del Rey Salomón, y me ha recordado un hecho ya conocido por mí, pero que hoy he visto más claro que nunca, ya que es una profecía muy significativa, que representa de una manera muy mística, como Dios puede distinguir a sus verdaderos hijos y herederos de los que no lo son, y que además reclaman para ellos una herencia que no les pertenece.

     En la época de Salomón, dos mujeres dicen que el hijo, o sea su descendencia y su premio, les pertenece, y al no haber testigos, Salomón, inspirado por la Sabiduría de Yahvé, somete a una prueba infalible para determinar a quien de las dos mujeres pertenece el hijo. Y es que una madre verdadera, ama a su hijo porque es carne de su carne y sangre de su sangre, la madre impostora, aunque lo quiere para sí, al ver que ha perdido su verdadero hijo, lo ama menos, porque no ha salido de su seno.

     Lo mismo ocurre en este mundo, Todos los hombres tanto los no creyentes, como los hijos de Dios, cuyo nombre está inscrito en el libro de la Vida, quieren la herencia que es la felicidad, como ambas madres ante Salomón, los cuales simbolizan a toda la Humanidad y a Dios en el Juicio que separará a los hijos de Dios y a los hijos de las tinieblas; los que por su comportamiento han perdido esa herencia, son semejantes a la madre que ha asfixiado a su hijo en la cama, o a Esaú que ha vendido su derecho de primogenitura por un plato de lentejas. 

     Todos los Cristianos saben que la verdadera felicidad se obtendrá solo cuando todo el mal será erradicado, el mal cuyo padre es Satanás, que es el causante de todas las desgracias de la humanidad: Guerras, causadas por el odio, pobreza y miseria provocadas por el egoísmo, enfermedades del cuerpo y del alma, provocadas, o heredadas por infinidad de vicios y de distorsiones de la mente contrarias a la conciencia puesta por Dios en el hombre. Pues bien, para poseer esa felicidad, la primera condición es precisamente esa: amar la Virtud, que es fuente de todos los bienes, y odiar el pecado que es fuente de todos los vicios, generadores de todos los males.

     Pero la verdadera  Virtud, en este mundo solo existió, y sigue existiendo místicamente en este mundo: Es Cristo Jesús, que vino a la Tierra y cuyo nacimiento conmemoramos el 25 de Diciembre, día de Navidad. Su Vida entera se dedicó a practicar el bien y la Virtud, denunciando el egoísmo, el orgullo y la falta de caridad de los Fariseos, para eso se encarnó de la Virgen María, el Arca de la nueva Alianza, y siendo Dios se hizo también Hombre, para que nadie le pueda decir el día del Juicio: "Tú no has sabido lo que es ser hombre y estar sometido a todas las tentaciones del mundo y de la carne".

     Jesús se ofreció en la Cruz como Víctima expiatoria de toda la Humanidad, para lo cual, como le dice San Juan de la Cruz, le debemos además del agradecimiento por habernos creado, la correspondencia del Amor, por esa razón merece aún mayor consideración que el amor que tiene un hijo hacia su padre, esa sublimidad de amor se llama Adoración.

     Y de la misma manera que ocurrió en el juicio salomónico, pero a la inversa, Dios reconocerá a sus hijos en aquellos que amaron y adoraron al Hijo de Dios, y solo esos serán merecedores de poseer la Vida Eterna, por eso dijo Juan Bautista, el más grande de los Profetas: De la misma manera que Salomón reconoció a la verdadera madre, ante el sufrimiento de su hijo, Dios reconocerá sus hijos por el sufrimiento que les produce la Pasión y muerte de Jesús.

     ¡Ay de los que conocen la vida y las obras de Jesús, su terrible Pasión y muerte, y se muestran indiferentes, es la prueba de que no están inscritos en el libro de la Vida!

Nadie te ama como Jesús:

http://www.youtube.com/watch?v=mKMd0V2wSGw


"El Padre ama al Hijo y le ha confiado todo. El que cree en el Hijo tiene la Vida eterna; pero quien no lo acepta, no tendrá esa Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él" (Jn 3- 35, 36)

     Y también dijo directamente Jesús: 

    "Yo os aseguro que quien acepta todo lo que Yo digo y acepta al que me ha enviado, tiene la Vida Eterna; no sufrirá un juicio de condenación, sino que ha pasado de la muerte a la Vida" (Jn 5-24). 




sábado, 4 de marzo de 2017

DIJO JESÚS: "EL QUE MATA POR ESPADA MORIRÁ POR ESPADA"



Regina Angelorum,vencedora 
del dragón Infernal



LA JUSTICIA DE DIOS PAGA A TODOS CON LA MISMA MONEDA QUE ELLOS HAN UTILIZADO.


LUCIFER TRAJO POR EVA LA MUERTE FÍSICA DE ADÁN Y DE TODOS SUS DESCENDIENTES; DIOS TRAJO POR MARÍA LA RESURRECCIÓN Y LA MUERTE ETERNA DE LUCIFER Y DE TODOS SUS SEGUIDORES.


Si la Ley de Yahvé "ojo por ojo, diente por diente", ha sido perfeccionada por Jesús que es la Misericordia, es porque ha venido a ofrecer su vida para redimirnos y tratar de convertir a los pecadores, como así se lo dijo a los Fariseos, que le acusaban de comer con los publicanos y los pecadores, he venido a curar a los enfermos, y no para los justos, como dice el Evangelio de hoy Sábado 4 de Marzo de 2.017. Y para que se produzca una conversión, es necesario ejercer la misericordia que es el amor al pecador, es la medicina  que puede sanar mucho mejor que el desprecio y el rigor, que es el veneno que empeora la salud del enfermo.

Muchos fieles y lo que es peor, muchos Pastores no han llegado a asimilar estas reflexiones, y se creen que esta misericordia se ejercerá también en el otro mundo en el día del Juicio particular, lo que es un tremendo error, ya que en ese momento, ya no existirá la libertad, y el alma no podrá mejorar ni empeorar su condición, la mies ha sido ya segada, y ha dado el fruto de su desarrollo terreno. Es lo que ocurre con las almas del Purgatorio, que ya no pueden hacer de por sí, nada por disminuir sus penas, el Demonio ya no puede por eso allí molestarlas. Y es una gran obra de Misericordia rezar por ellas para que alcancen la visión de Dios lo más pronto posible.

El cayado de Pastor de Jesús se transformará en Cetro Real, y se tratará a cada cual según sus obras, con una Justicia inexorable pero perfecta. La Ley de Yahvé del Antiguo Testamento, volverá a aplicarse con mucha mayor rigor, ya no será el ojo por ojo y el diente por diente, sera el ojo y el diente por el horror eterno, para los pecadores empedernidos, los impíos, los cuales han desechado toda su vida las Gracias que Dios les había enviado, durante toda su vida para su arrepentimiento y su conversión, pero burlándose de su Doctrina, se entregaron a todos los vicios. 






lunes, 27 de febrero de 2017


LA CRUZ DE CRISTO ES EL ESTANDARTE UNIVERSAL
PARA RESCATAR A TODA LA HUMANIDAD




EL SUBLIME VALOR DEL SUFRIMIENTO



Personalmente, me ha costado muchos años comprender el valor del sufrimiento, siendo una persona de mentalidad cartesiana, es decir que me gusta comprender el por qué de las cosas, nunca llegué a captar su significado tan profundo, afortunadamente, creo que el Señor me lo ha dado a entender.

Había leído la vida de los Santos, como San Juan de la Cruz, y recuerdo su estancia en la prisión de Toledo, encerrado nueve meses en un cuarto estrecho, de donde le sacaban todos los viernes para ser azotado delante de toda la comunidad de frailes calzados. Dicen que fue allí donde compuso los más sublimes tratados de mística, como la noche oscura del alma, según creo recordar.

También recuerdo, que una vez que logró escapar de su prisión, y fue a parar al convento de las Descalzas de Toledo, completamente demacrado y macilento por tanto sufrimiento, se agarró a la reja, dando gracias a Dios por esta prueba tan dura, sabiendo que le reportaría a él y a las almas, grandes provechos.

Él mismo explica en la escala mística, que es la que nos hace subir hasta la unión con la divinidad, desde el primer peldaño, que nos hace apartarnos del mundo, hasta el décimo que es el último que ya no es de esta vida, y que es el que nos transforma en el mismo Dios por su fusión con Él. Explica como al subir de un peldaño a otro, esto se consigue con una nueva prueba y sufrimiento, que son siempre directamente proporcionales al grado de imperfección de nuestra alma y al grado de Santidad al cual Dios la quiere llevar.

El lema de Santa Teresa de Jesús era "sufrir o morir", y una vez muerta se apareció a una Carmelita diciéndole: "Nosotros estamos en el Cielo para gozar de Dios, y vosotras estáis en la Tierra para sufrir por los pecados del mundo".

Santa Teresita ofreció sus grandes sufrimientos, al consagrarse como víctima expiatoria para la redención de los pecadores y por las misiones, por eso fue proclamada por la Iglesia Copatrona de las misiones, con San Francisco Javier, sufrimientos que supo aceptar con resignación, como cuando en el convento de Caen, en pleno invierno con temperaturas gélidas, barría el claustro del convento escupiendo sangre por la tuberculosis que padecía, aguantó con resignación y humildad el desprecio de sus compañeras, que la tenían por un ser insignificante e intranscendente, tratándola peor que a un perro. Logró por su entrega y sacrificio salvar a un asesino, que en el momento de su ejecución por la guillotina, besó las llagas de Cristo, en la Cruz que le presentaba el Sacerdote.

Era la madrina de un misionero que estaba en Vietnam, entonces colonia francesa. Algunos frutos de su sacrificio pueden verse ahora: Hace algún tempo, he leído en Religión en Libertad, que los Sacerdotes católicos en Vietnam, un País de régimen comunista y ateo, se dedican a recoger los fetos de los niños abortados y los entierran en cementerios diminutos, para evitar que sean echados a los cerdos, hecho que no ocurre en ningún País civilizado.

Quiero aquí insistir en un hecho, locura e insensatez para los ateos: El fabuloso poder del Sufrimiento, cuyos supremos ejemplos fueron Jesús, el Sublime Redentor y María la sublime Corredentora. 

Siguen después toda la legión de los Mártires, de los Santos, y de todos los fieles, que aún que no murieron de una forma cruenta, salieron victoriosos de todas las pruebas que tuvieron que padecer, que muchas veces, por su duración, fueron más valiosas que el mismo Martirio, como así le dijo Jesús a María Valtorta.

En el otro mundo, en el Reino de Dios, se verá con perfecta claridad el valor del sufrimiento, las almas redimidas y arrancadas de las garras de Satán que agradecerán eternamente a sus salvadores que lograron el rescate con sus oraciones y sufrimientos.

A este respeto, dijo la Santísima Virgen a los pastorcillos en Fátima: “¡Cuántas almas se condenan porqué no hay nadie que rece por ellas!”.

Una cosa que se puede comprobar en este mundo sin tener ninguna Gracia especial, es que el pecado produce un gozo pasajero, pero inocula una amargura algunas veces eterna, por eso es el engaño que utiliza siempre Satanás por atrapar a las almas, y es también por eso que tiene tantos seguidores; la mayoría no quiere esperar el premio y quieren disfrutarlo enseguida.

Muy al contrario, la Virtud produce un sacrificio pasajero, pero inocula una alegría que puede también ser eterna, si se logra ser fiel hasta la muerte, eso es la sublime Doctrina que utiliza siempre Dios para atraer a las almas, y es por eso que tiene menos seguidores, hay pocos que quieren esperar para obtener el premio y que desean el sacrificio.

Sin embargo, la experiencia demuestra que el que se entrega a los vicios de toda clase como son la gula, la lujuria, la pereza, la avaricia y todos los demás pecados, tienen que soportar ya en este mundo consecuencias fatales, que son esclavitud y dolencias físicas y espirituales de toda clase, y la mayor desgracia que le puede ocurrir a un alma: La condenación eterna. Muy al contrario, el que se entrega a la Virtud, como la sobriedad, la castidad, la diligencia, la caridad y todas las otras virtudes, disfrutan ya en este mundo de la libertad y salud física y espiritual, y lo más importante, la Vida eterna.

Eso es lo que quiso decir nuestro Salvador cuando afirmó: "Todo el que haya dejado casas, o hermanos, o madre, o hijos y tierras por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la Vida eterna". (Mat 19, 29)

Esta sublime  afirmación de Jesús, se puede resumir en estas palabras: Jesús y su Doctrina tienen que estar por encima de todas las querencias de este mundo, el que lo consiga, será cien veces más feliz, y además poseerá la Vida eterna.




sábado, 25 de febrero de 2017

LOS QUE NO SON COMO NIÑOS, NO ENTRARÁN EN EL REINO DE LOS CIELOS, SUBLIME EXPLICACIÓN DE LA MENTALIDAD DE LOS NIÑOS.































SAN ANDRÉS, MAESTRO DE LA HUMILDAD Y LA OBEDIENCIA



VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS PATRONA DE GRANADA





Extraordinario análisis de parte de Jesús, de la mentalidad y del alma de los niños pequeños, su actitud ante la virtud, el reconocimiento de sus faltas, la sinceridad y la humildad, condiciones necesarias y suficientes para alcanzar la Vida Eterna. Tremendo castigo para los que escandalizan a los niños, los “Ayes” de Jesús para los Pederastas y abominables, y escandalosos corruptores de inocentes, que tendrían que ser arrojados al mar con una piedra de molino atada al cuello.

Extraordinaria explicación de los que se creen que solo su religiosidad y su pertenencia a una Iglesia determinada les alcanzará la Salvación, Jesús dice que hay caminos diversos que llevan a Dios, la fe y el Amor a Jesús son la prueba de que las almas andan por buen camino, pero esa fe tiene que traer consigo el verdadero amor a Jesús, que tiene que ser como de un niño, que nunca se toma por un reformista, un iluminado o un escogido, sino una persona humilde y obediente.

Advertencia de que los que van por el camino recto, se pueden desviar en cualquier momento por la acción de Satanás que nunca descansa para poblar el Infierno de almas, y también de que los ángeles de Dios, que tampoco descansan, con las plegarias de los fieles, pueden llevar a ciertas almas, después de un largo rodeo, por el camino recto, para poblar el Paraíso.




Del Evangelio como me ha sido Revelado de Mª Valtorta.

 (...) Observad como me aman los niños, e imitadlos; como creen en Mí e imitadlos; cómo recuerdan lo que digo, e imitadlos; como ponen en práctica mis enseñanzas, e imitadlos; como no se ensoberbecen de lo que hacen e imitadlos.
En verdad, os digo que si no cambiáis vuestra manera de pensar, actuar y amar, reconstruyéndolo según el modelo de los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Ellos saben lo mismo que vosotros sabéis de mi Doctrina. ¡Pero con qué diferencia practican lo que enseño! Vosotros, a cada acto bueno que realizáis, decís: “¡Lo he hecho yo!”, el niño me dice:
 “Jesús, me he acordado de Ti, hoy, y por Ti he obedecido, he amado, he contenido un deseo de reñir… y estoy contento porqué Tú, lo sé, sabes cuando soy bueno y te alegras”.
Observad también a los niños cuando cometen una falta. Con qué humildad me confiesan: “Hoy he sido malo, lo siento porqué te he apenado”. No buscan disculpas. Saben que Yo sé las cosas. Creen. Sienten dolor por mi dolor.
¡Oh, amados de mi corazón, niños, en los cuales no hay soberbia, doblez, lujuria! Os digo: Haceos como los niños, si queréis entrar en Mi Reino. Amad a los niños como al ejemplo angélico que todavía podéis tener. Porqué como ángeles deberíais ser. Podríais decir para disculparos: “No vemos a los ángeles”.
Más Dios os da a los niños por modelos, y los tenéis en medio de vosotros. Y si veis a un niño abandonado material o espiritualmente, y que puede perecer, acogedlo en mi Nombre, porqué son los muy amados de Dios. Quienquiera que reciba a un niño en mi Nombre, me recibe a mí mismo, porqué Yo estoy en el alma de los niños, que es inocente. Y quien me recibe a Mí, recibe a Aquel que me ha enviado, es decir, al Señor Altísimo.
 Y guardaos de escandalizar a uno de esos pequeños, cuyo ojo ve a Dios. No se debe nunca escandalizar a nadie. Pero ¡ay!, ¡Tres veces ay de aquel que tan sólo roce el ingenuo candor de los niños! Dejad a los ángeles lo más que podáis. ¡Demasiado repugnante es el mundo y la carne para el alma que viene del Cielo! Y el niño, por su inocencia es todavía todo alma. Tened respeto al alma del niño, y a su propio cuerpo, como lo tenéis para con un lugar sagrado.
También el niño es sagrado, porqué tiene a Dios dentro de sí. En todo cuerpo está el templo del Espíritu; pero el templo del niño es el más sagrado y profundo, está más allá del doble Velo. No mováis tan siquiera las cortinas de la sublime ignorancia de la concupiscencia con el viento de vuestras pasiones. Yo querría un niño en cada familia, en medio de cada grupo de personas, para que fuera freno de las pasiones de los hombres. El niño santifica, da confianza y frescura, con solo el rayo de sus ojos sin malicia.
Pero, ¡ay de aquellos que sustraen santidad al niño con su manera de actuar escandalosa! ¡Ay de aquellos que con sus licencias infunden malicia en los niños! ¡Ay de aquellos que con sus palabras e ironías lesionan la fe en Mí de los niños! Sería mejor que a todos estos se les atara al cuello una piedra de molino y se les arrojara al mar para que se ahogaran junto a su escándalo.
¡Ay del mundo por los escándalos que da a los inocentes! Porqué, si es inevitable que sucedan escándalos, ¡ay del hombre que los provoca! Nadie tiene derecho a hacer violencia a su cuerpo ni a su vida, porqué vida y cuerpo nos vienen de Dios, y solo Él tiene derecho a tomar o partes o el todo.
Pero Yo os digo que si vuestra mano os escandaliza, es mejor que os la cortéis, que si vuestro pié os lleva a dar escándalo conviene que lo cortéis. Es mejor para vosotros entrar mancos o cojos en la Vida, que ser arrojados al fuego eterno con las dos manos y los dos pies.
Y si no es suficiente tener un pie o una mano cortado, haced que os corten también la otra mano o el otro pie, para no escandalizar más y para tener tiempo de arrepentiros antes de ser arrojados adonde el fuego no se extingue y roe eternamente como un gusano.
Y, si es vuestro ojo, el que os es motivo de escándalo, sacáoslo: es mejor no tener un ojo que estar en el Infierno con los dos: con un ojo sólo, o incluso sin ojos, llegados al Cielo veríais la Luz, mientras que con los dos ojos escandalosos, solo tinieblas y horror veríais en el Infierno.
Recordad todo esto. “No despreciéis a los pequeños, no los escandalicéis, no os burléis de ellos. Son más que vosotros, porqué sus ángeles ven siempre a Dios, que les dice las verdades que han de revelar a los niños y a los que tienen el corazón de niño.
 Y vosotros, como niños, amaos unos a otros. Sin disputas, sin orgullos. Estad en paz unos con otros. Tened espíritu de Paz con todos. Sois hermanos, en el nombre del Señor, no enemigos. No hay, no debe de haber enemigos para los discípulos de Jesús.
El único enemigo es Satanás. De ese, sed enemigos acérrimos. Descended a combatir contra él y contra los pecados que llevan a Satanás a los corazones. Sed incansables en combatir el Mal, cualquiera que sea la forma que asuma, Y pacientes. No hay limitación al actuar del Apóstol, porqué no hay limitación al actuar del Mal.
 El Demonio no dice nunca: “Basta, ahora estoy cansado, así que voy a descansar”. Es el incansable. Pasa de un hombre a otro, ágil como el pensamiento y más aún; tienta y atrapa y seduce y atormenta y no da tregua. Asalta proditoriamente y derriba, si uno no está más que vigilante.
 A veces se instala como conquistador por debilidad de la víctima; otras veces, entra como amigo, porque el modo de vivir de la víctima buscada es ya tal que constituye alianza con el Enemigo.
 Hay veces que, habiendo sido arrojado de uno, da vueltas para caer sobre el mejor, para vengarse de la afrenta recibida de Dios o de un siervo de Dios.
Pues bien, vosotros debéis decir lo mismo: “No descanso”. Él no descansa para poblar el Infierno, vosotros no debéis descansar para poblar el Paraíso. No le deis tregua. Os predigo que cuánto más combatáis contra él, más os hará sufrir. Pero no debéis tener en cuenta esto. Puede recorrer, agresivo la Tierra, pero en el Cielo no entra. Por tanto, allí no os molestará más. Y allí están todos aquellos que hayan combatido contra él…”.
Jesús interrumpe bruscamente y dice: “Pero bueno, ¿porqué estáis siempre molestando a Juan? ¿Qué quieren de ti?”. Juan se pone rojo como el fuego. Bartolomé, Tomás y Judas Iscariote, viéndose descubiertos agachan la cabeza.
 “¿Entonces?” pregunta imperativamente Jesús. “Maestro, mis compañeros quieren que te diga una cosa”. “Pues dila”. “Hoy, mientras estabas en casa de este enfermo y nosotros estábamos en el Pueblo como habías dicho, hemos visto a un hombre, que no era discípulo Tuyo y que nunca hemos visto en los que escuchan tu doctrina, que arrojaba demonios en tu Nombre entre los peregrinos que iban a Jerusalén.
 Y lo conseguía. Ha curado a uno que tenía un temblor que le impedía cualquier tipo de trabajo; y ha devuelto el habla a una niña que había sido agredida en el bosque por un demonio con apariencia de perro, que le había trabado la lengua. Decía: “Vete, demonio maldito, en nombre del Señor Jesús, el Cristo, Rey de la estirpe de David, Rey de Israel. Él es el Salvador y vencedor. ¡Huye ante su Nombre!”, y el demonio huía realmente.
Nosotros nos hemos resentido. Y se lo hemos prohibido. Nos ha dicho: “¿Qué hago de malo? Honro al Cristo liberándolo el camino de los demonios que no son dignos de verle”. Le hemos respondido: No eres exorcista según Israel ni discípulo según Cristo. No te es lícito hacerlo”. Ha dicho: “Hacer el bien es siempre lícito”, y se ha rebelado contra nuestra orden diciendo: “Y seguiré haciendo lo que hago”.
Bien, querían que te dijera esto, precisamente ahora que has dicho que en el Cielo estarán todos aquellos que hayan combatido contra Satanás”. “Bien, Ese hombre será uno de ellos. Lo es. Tenía razón. Los equivocados habéis sido vosotros.
Los caminos del Señor son infinitos. No se puede afirmar que solo los que tomen el camino directo llegarán al Cielo. En cualquier lugar, siempre, de mil modos distintos, habrá personas que vendrán a Mí, quizás por un camino inicialmente malo. Dios verá su recta intención y los atraerá hacia el camino bueno.
Y de la misma forma, habrá algunos que por concupiscencia y ternaria embriaguez, saldrán del camino bueno y tomarán un camino más largo, o incluso desviado.
Por tanto, no debéis jamás juzgar a vuestros semejantes. Solo Dios ve. Cuidad de no salir vosotros del camino bueno, en el que, más que vuestra voluntad, la voluntad de Dios os ha puesto. Y cuando veáis alguno que cree en mi Nombre y por Él actúa, no lo llaméis extranjero ni enemigo ni sacrílego. Es en todo caso un súbdito Mío, amigo y fiel, porqué cree en mi Nombre, espontáneamente y mejor que muchos de vosotros.
Por eso, mi Nombre en sus labios, obra prodigios como los vuestros y quizás mayores. Dios le ama porqué me ama, y terminará de llevarle al Cielo.
Ninguno que haga prodigios en mi nombre, puede ser enemigo Mío ni hablar mal de Mí; antes al contrario, con su actuación da honor a Cristo y testimonio de fe.
En verdad os digo que creer en Mi Nombre es salvación. Así que os digo: si le encontráis otra vez, no se lo volváis a prohibir. Antes al contrario, llamarle “hermano”, porqué lo es, aunque esté todavía fuera del recinto de mi Redil. Quien no está contra Mí, está conmigo. Quien no está contra vosotros está con vosotros”.
“¿Hemos pecado, señor?” pregunta afligido, Juan. “No. Habéis actuado por ignorancia, pero sin malicia. Por tanto, no hay pecado. Pero en lo sucesivo, sería pecado, porqué ahora ya sabéis. Y ahora, vamos a nuestras casas. La paz sea con vosotros”.
 (...) “Lo que he dicho a mi pequeño discípulo, os lo digo también a vosotros. El Reino es de los corderos fieles que me aman y me siguen sin perderse en lisonjas. Me aman hasta el final. Y os digo también a vosotros lo que dije a mis discípulos adultos: “Aprended de los pequeños”.
Lo que hace conquistar el Reino de los Cielos no es el hecho de ser doctos, ricos, audaces. No es serlo humanamente, sino con la ciencia del amor, que hace a uno docto, rico, audaz sobrenaturalmente: ¡Como ilumina el amor para comprender la Verdad!, ¡Cuán rico le hace a uno para adquirirla, cuán audaz para conquistarla!, ¡que confianza inspira, que seguridad!
Haced lo que el pequeño Benjamín, mi pequeña flor, que perfumó mi corazón en aquel atardecer y cubrió el olor de la humanidad que fermentaba en los discípulos; que le cantó una música angélica y cubrió el rumor de las disputas humanas. ¿Quieres saber lo que fue de Benjamín después? Siguió siendo el pequeño cordero de Cristo, y, una vez perdido su Gran Pastor, porqué había vuelto al cielo, se hizo discípulo del que más se me parecía, y de la mano de este, recibió el bautismo y el nombre de Esteban, el primer mártir Mío.
Fue fiel hasta la muerte y con él, sus parientes, que fueron atraídos a la Fe por el ejemplo de su pequeño apóstol de familia. ¿No es conocido? Son muchos los desconocidos de los hombres que son conocidos por Mí en mi Reino. Y esto los hace felices.
La fama del mundo no añade ni un destello a la aureola de los Bienaventurados. Pequeño Juan, camina siempre con tu mano en la Mía. Irás segura, y, cuando llegues al Reino, no te diré “entra”, sino “ven”, y te tomaré en mis brazos para colocarte en el lugar preparado por mi Amor y merecido por el tuyo. Ve en paz.
Te bendigo”.